Por Mundoagro.cl el 15 abril, 2019

Atención de principio a fin

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Por: Paulina Sepúlveda R. Ingeniero Agrónomo M.Sc. Fitopatologa Biocea


Pautas para un manejo integrado de la pudrición gris en vides, provocada por botritis cinerea. Qué se debe considerar para la elección del fungicida.

La producción de uva se ha convertido en una verdadera aventura, en la que es necesario salir ileso de una infinidad de desafíos que van del manejo del huerto, a la gestión y hasta lo comercial. Cada agricultor debería saber dónde está su talón de Aquiles, pero si nos limitamos a los riesgos sanitarios habrá consenso en que la mayor preocupación es la botrytis cinerea.

La pudrición gris es ni más ni menos que la enfermedad más importante en uva de mesa y vino, y afecta de floración a cosecha y postcosecha, reduce la producción y perjudica las exportaciones, donde la tolerancia a la enfermedad no va más allá del 0,5% de bayas enfermas por caja. Todo esto obliga a hacer un programa de control muy eficiente para mantener la calidad de frutos. Un agravante para este peligro es que el hongo ha generado razas resistentes a ciertos fungicidas.

SÍNTOMAS Y CARACTERÍSTICAS DE LA ENFERMEDAD

Para la detección de la enfermedad, los primeros síntomas aparecen ya a inicios de temporada: se observa sobre tejidos verdes tiernos como sarmientos, hojas o inflorescencias, lo que se denomina tizón del brote o tizón del racimo o pudrición del escobajo. Luego, al llegar al estado entre pinta y cosecha, ocurre el síntoma más común y que da nombre a la enfermedad: la pudrición gris.

Entre las condiciones que favorecen la infección destaca la presencia de agua libre o alta humedad relativa (sobre 90%) causada por neblina, lluvia o exceso de humedad del suelo provocada por riegos prolongados. También es relevante el sombreamiento de canopias densas (por ejemplo bajo sistema de parrón español) y temperaturas altas, que crean un ambiente favorable para el desarrollo de B.cinerea.

También genera una mayor predisposición el exceso de fertilización nitrogenada y las variedades de racimos compactos, así como heridas en bayas provocadas por diferentes agentes como pájaros, abejas, insectos, elementos de arreglo de racimos, etc.

Así, los períodos fenológicos sensibles van desde brotación, floración, ruptura de caliptra y caída de los restos florales, entre pinta a cosecha, almacenaje y hasta durante el transporte y comercialización inclusive.


Los síntomas a inicios de temporada pueden observarse sobre tejidos verdes tiernos donde puede producirse el llamado tizón del brote o tizón del racimo o pudrición del escobajo.

La diseminación se realiza a través de sus conidias, que son producidas en grandes cantidades y son trasladadas por el viento desde su fuente de producción hasta los órganos susceptibles de la uva. En el racimo el avance del hongo es por contacto entre bayas enfermas y sanas por medio del micelio. Por otra parte, las conidias servirán de fuente de inóculo sobre los granos que podrán ser infectados en postcosecha.

La sobreviviencia del hongo se da como esporas en numerosos huéspedes, tanto cultivados como malezas, como saprófito sobre residuos de plantas infectadas y como micelio en sarmientos y hojas como consecuencia de un ataque de tizón del brote, en los cuales se producirá abundante esporulación al presentarse condiciones de alta humedad o agua libre. A su vez, puede haber presencia de esclerocios en brotes, sarmientos, pecíolos de hojas, restos de racimos además en malezas y otros posibles huéspedes.

MANEJO DE LA ENFERMEDAD

Como en toda enfermedad, un buen manejo se inicia con el oportuno diagnóstico en campo y la identificación de momentos críticos de infección. Luego será necesario un adecuado manejo de canopia en huerto para continuar con la correcta elección del fungicida.

Hay una estrecha relación entre nivel de infección a floración y nivel de pudrición en postcosecha.

Un control integrado de la enfermedad contempla todo el período vegetativo como parte fundamental para reducir los factores que favorecen su ataque, el manejo de la canopia y el deshoje antes del cierre de los racimos para evitar la humedad y facilitar su ventilación. Además se consideran prácticas de deshoje, desbrotes y ventanas de aireación de la canopia, así como un adecuado balance entre la densidad de la canopia, la iluminación y aireación de los racimos. Es importante restringir los riegos, mantener un adecuado control de malezas y realizar un balance en el uso de fertilizantes.

Por otra parte, para el control químico los períodos fenológicos críticos a considerar son los de floración y a partir de la pinta hasta la cosecha, siendo las bayas más susceptibles a medida que aumenta el contenido de azúcar.

CONTROL QUÍMICO

El control químico se efectúa con propósitos de evitar las infecciones endógenas o exógenas en la floración y prevenir el desarrollo de pudriciones de las bayas en pre y postcosecha. El empleo de fungicidas en floración es fundamental para evitar la colonización de los restos florales y, por consiguiente, impedir la infección mediante el mecanismo de micelio latente que se puede traducir en pudriciones tanto de pre como de postcosecha durante el almacenaje en frío.

La protección en los períodos críticos es fundamental para un buen éxito en el control de Botrytis cinerea. Resultados de diversas investigaciones demuestran que hay una estrecha relación entre nivel de infección a floración y nivel de pudrición en postcosecha.

Es de gran importancia el monitoreo. Al inicio de flor indica potencial de inoculo en el campo, mientras que post aplicación de plena flor señala el nivel de control y si el programa utilizado es el correcto o hay poblaciones resistentes. Luego, en precosecha ayuda a diseñar un mejor programa de control para la próxima temporada.

ELECCIÓN DEL FUNGICIDA

Para la elección del producto a utilizar como control químico, debe considerarse la resistencia del patógeno a cada fungicida; es decir cuando existe una sensibilidad disminuida con respecto a la población normal del patógeno. Este fenómeno ocurre por los siguientes mecanismos:

  • Modificación del sitio de acción (benzimidazoles)
  • Absorción disminuida o eliminación aumentada (IBE-los individuos resistentes eliminan activamente las moléculas de fungicida a medida que ingresan a las células)
  • Degradación o transformación en sustancias no toxicas.

La resistencia monogénica es aquella que aparece por la mutación de un solo gen en el hongo, lo cual puede ocurrir por el simple cambio de un aminoácido en la secuencia del ADN. Este tipo resistencia es la más rápida en aparecer y corresponde a principios activos como las estrobirulinas, los benzimidazoles (carbendazim y metil tiofanato) y las fenilamidas (metalaxil). La poligénica, como lo dice su nombre, corresponde a aquella resistencia que aparece por la mutació da más de un gen. Esto hace que su aparición sea más lenta y en este tipo de resistencia se encuentran principios activos como los triazoles.

Entre los factores que influyen en la pérdida de efectividad se encuentran:

  • Variabilidad del patógeno
  • Ciclo de vida y capacidad de dispersión
  • Tamaño de la población
  • Modo de acción del producto (grado de riesgo), entre los que se observa un bajo riesgo para los de múltiples sitios de acción y alto riesgo en sustancias con un sitio especifico de acción.
  • Presión de selección: uso reiterado en el tiempo
  • Uso de subdosis
  • Inadecuado posicionamiento del fungicida
  • Fallas en la aplicación del fungicida
  • Partir con un producto inadecuado a la población existente
  • No proteger correctamente en el periodo critico
  • Habilidad competitiva del mutante

Existen dos tipos de resistencia. Por un lado, la resistencia natural, que sirve para determinar el espectro de acción de un fungicida. Así, por ejemplo, un fungicida que afecta la síntesis del ergosterol, no afectara a aquellos que no sintetizan esa molécula. Y por otro lado, la resistencia inducida hace referencia a cuando un fungicida pierde la efectividad de control de un patógeno.

La resistencia a fungicidas se evalúa año a año a través del seguimiento que realiza el Comité de Acción para el Seguimiento de la Resistencia a Fungicidas (FRAC en inglés -Fungicide Resistence Action Committee). Ver Tabla 1.

Tabla 1

COMPLEMENTO BIOLÓGICO


Bayas con pudrición
y micelio característico de
Botrytis cinerea.

Desde hace unos años han surgido una serie de productos con base biológica que han demostrado gran utilidad como fungicidas biológicos o activadores de mecanismos de defensa. Estos ayudan a proteger de la infección y reducen la posibilidad de resistencia. Entre los productos hoy disponibles es posible encontrar formulados en base a extractos de cítricos y plantas, o en base a hongos como Trichoderma o Bacillus.

Estos productos deben usarse:

  • Previo a floración
  • Entre post floración y cierre de racimo
  • Entre pinta y precosecha
  • En receso Postcosecha y
  • Pre y post poda

CONTROL QUÍMICO POSTCOSECHA

Por último, para el control de pudriciones por Botrytis cinerea en postcosecha se emplea el anhídrido sulfuroso (SO2) aplicado en cámara y en generadores en el embalaje. El SO2 en uva de mesa tiene por objeto prevenir el crecimiento del hongo en los granos que fueron infectados ya sea en forma endógena o exógena durante la precosecha.

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