Por Mundoagro.cl el 26 septiembre, 2018

Clima de confianza

El clima climático ha jugado a favor a la región de la Araucanía, que cuenta con óptimas condiciones para la producción frutícola. Gobierno y privados hacen planes para convertir a la Araucanía en la nueva VII región.

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Cada región del país cuenta con un tipo de producción que la identifica. Si hablar de la Región del Maule es sinónimo de fruta fresca, hacerlo de La Araucanía, hasta hace un tiempo era referirse a los cultivos tradicionales. Pero el panorama cambió y pasó a tener condiciones óptimas para la producción de fruta. De esta manera hoy es común encontrarse con grandes proyectos frutícolas en la novena región, donde pese a las dificultades que viven algunas zonas, existe un clima de confianza del que surge la esperanza de convertir a esta zona en una potencia frutícola.

Durante mucho tiempo La Araucanía fue reconocida como el granero de Chile, rol que si bien continúa siendo relevante, ha ido mutando producto del avance de temperaturas más cálidas hacia el sur del país. Este es el análisis que realiza Daniel Schmidt, presidente de Corp Araucanía, entidad integrada por los principales gremios empresariales, universidades, sindicatos de trabajadores, empresas privadas, e instituciones públicas relacionadas con la actividad productiva y el fomento de los negocios e inversiones en la Región de La Araucanía. Según Schmidt se trata de una situación que ha permitido migrar a cultivos más intensivos y tecnificados. De esta manera, si se hace un análisis del tipo de huerto que posee la región, se advierte que en los últimos años se ha establecido una cantidad importante de predios frutales, entre cuyas especies destacan manzanos, arándanos, cerezos y, en menor grado, nogales o castaños. Así lo indica Miguel Ellena, investigador de INIA Carillanca, quien destaca principalmente el caso del avellano europeo, que hoy supera las 4.000 hectáreas.

Así las cosas, la novena región ha surgido como una alternativa para aquellas empresas y agricultores que buscan nuevas opciones donde instalar sus cultivos, ya sea por diversificación o con el objetivo de mejorar la rentabilidad de su negocio.

UN CAMBIO CLIMÁTICO POSITIVO

Un total de tres campos, distribuidos en las zonas de Renaico y Angol, y que suman alrededor de 600 hectáreas de manzanas, son los que posee Agrícola San Clemente en La Araucanía, región a la que llegaron en el año 2003 impulsados por las buenas condiciones para producir este frutal. Se trata de lugares que cuentan con un muy buen contraste de temperatura entre el día y la noche durante el verano y el inicio del otoño, lo que cobra vital relevancia para que las manzanas tomen color. Según recuerda John Skinner, director de Desarrollo de la empresa, precisamente  eso  fue  lo  que  les  llamó  la  atención  de  la  zona,  especialmente  en  el  microclima  de  Angol,  donde  está  la  cordillera  Nahuel  Buta,  que  hace  que  tenga  una  pluviometría  bastante  parecida  a  la  de  la  zona  central,  pero  con  dicho  contraste.

Araucania 3Agrícola  San  Clemente  también  está  presente  en  Perquenco,  una  zona  ubicada  un  poco  más  al  sur  y  que  cuenta  con  un  clima  más  frío,  muy  apropiado  para  ciertas  variedades  de  manzanas.  Allí  la  compañía  plantará  Ambrosia  y  Honey  Crisp,  además  de  otras  variedades  que  tienen  en  exclusiva  y  que  requieren  condiciones  más  frías  para  producirse  de  buena  manera.

Este  tipo  de  práctica  es  la  que  también  está  realizando  el  productor  Gerardo  Jequier,  quien  cuenta  con  350  hectáreas  de  frutales  entre  avellano,  arándano,  cereza  y  manzana.  Y  es  en  esta  última  especie  donde  están  incorporando  variedades  que  se  podrían  calificar  de  ideales  para  la  zona.  Rosy  Globe,  Kanzy  y  Honey  Crisp  forman  parte  de  este  portafolio,  las  que  a  su  juicio  no  se  pueden  poner  en  la  zona  central  dado  que  requieren  de  un  clima  con  los  vaivenes  de  la  temperatura  baja  y  mínima,  algo  que  se  da  en  Angol,  Collipulli  y  Galvarino.

¿UNA  NUEVA  SÉPTIMA? 

Si  bien  el  clima  ha  hecho  su  trabajo,  el  consenso  apunta  a  que  aún  falta  para  que  la  región  tenga  el  despegue  y  alcance  la  producción  de  la  que  es  capaz.  Los  expertos  señalan  que  las  condiciones  climáticas  hacen  que  se  pueda  imitar  el  camino  de  la  séptima  región  en  lo  que  a  fruta  se  refiere.   Una  riqueza  en  suelo,  clima  y  agua  para  transformarse  en  una  de  las  principales  zonas  productoras  de  fruta  de  clima  templado  es  la  que  tiene  La  Araucanía  a  juicio  de  Miguel  Ellena.  Sin  embargo,  para  el  experto,  dadas  sus  condiciones,  más  que  imitar  la  región  puede  apuntar  a  desarrollar  una  fruticultura  con  identidad,  una  realización  de  productos  diferenciados  en  relación  con  las  zonas  ubicadas  al  norte  de  ésta.  A  modo  de  ejemplo,  indica,  que  se  podrían  realizar  aceites  de  oliva  de  gran calidad  producidos  bajo  condiciones  climáticas  más  frías,  lo  que  podría  diferenciar  su  composición.

Respecto  de  los  cerezos,  asegura  que  en  zonas  más  altas  y  en  localidades  ubicadas   en  la  parte  sur  de  la  región  es  posible  apuntar  a  producciones  más  tardías,  de  modo  de  no  entrar  en  competencia  con  la  fruta  producida  en  el  BíoBío  o  Maule.  “Respecto  a  este  rubro  es  importante  evaluar  el  comportamiento  de  nuevas  variedades/portainjertos  bajo  las  particulares  condiciones  agroecológicas  de  La  Araucanía,  con  mayor  presión  de  enfermedades  de  la  madera,  particularmente  bacteriosis  (Pseudomonas  syringae)”,  profundiza  Ellena y  agrega  que  además  se  presentan  muy  buenas  condiciones  para  producir  guindas  ácidas  o  cerezas  ácidas  (Prunus  cerasus)  para  procesos  industriales,  cuya  ventaja  es  que  no  se  parte  por  efecto  de  lluvias.

El  experto  también  se  refirió  a  los  berries,  en  cuyo  caso  la  región  dispone  de  un  amplio  territorio  con  excelentes  condiciones  para  arándanos,  frambuesas  y  otros  frutales  menores  como  grosellero  espinoso,  zarzaparrillas  y  cranberries.  En  algunas  zonas  del  país  estas  especies  se  han  caracterizado  por  la  producción  orgánica.  Sin  embargo  esta  región  cuenta  con  una menor  superficie  certificada  de  este  tipo  si  se  compara  con  Biobío  o  Los  Lagos Los  Ríos.  Así  lo  explica  el  productor  Carlos  Klein  —ubicado  en  Galvarino—  quien  sin  embargo  indica  que  está  creciendo  a  buen  ritmo,  especialmente  la  recolección  silvestre  orgánica:  maqui,  avellana  chilena,  rosa  mosqueta,  zarzamora  y  otros.  “En  berries  destacan  los  arándanos  orgánicos,  que  se  pueden  exportar  directamente  a  Estados  Unidos  por  no  estar  infestado  con  la  polilla  del  racimo  de  la  uva,  que  es  cuarentenaria  para  ellos;  además  de  frambuesas  y  moras”,  agrega.  Finalmente  aparece  como  un  cultivo  emergente  y  con  muy  buena  adaptabilidad  el  castaño  tipo  marrón.  “En  estudios  realizados  en  INIA-Carillanca  hemos  logrado  producciones  promedio  cercanas  a  los  2.000  Kg/ha  al  cuarto  año,  rendimientos  significativamente  superiores  a  los  alcanzados  por  otros  países  productores  del  hemisferio norte  como  Italia,  España,  Portugal  y  Turquía”,  añade  Ellena.

CUENTAS  PENDIENTES

Ya  sea  para  imitar  una  estrategia  conocida  o  bien  para  abrirse  un  nuevo  camino,  la  región  tiene  una  serie  de  tareas  pendientes  en  las  que  se  debe  avanzar  para  expresar  aún  más  su  potencial.  A  juicio  de  Schmidt  estas  pasan  principalmente  por  obras  o  embalses  que  garanticen  el  riego  en  las  tierras,  además  de  infraestructura,  como  caminos  y  rutas  que  posibiliten  un  fácil  acceso  a  los  puertos.  “Necesitamos  también  un  punto  de  acopio  en  alguna  zona  estratégica  de  la  región  que  permita  dar  las  condiciones  de  soporte  a  los  productores  y de  esa  manera  garantizar  que  los  tiempos  requeridos  para  la  fruta,  que  son  siempre  tan  delicados,  se  puedan  cumplir  y  no  se  ponga  en  riesgo  la  producción”,  advierte.

Araucania 4

Junto  con  la  infraestructura  frutícola,  se  requiere  mayor  investigación  del  rubro  y  una  mejor  preparación  universitaria,  con  ramos  pertinentes  tales  como  entomología,  fitopatología  y  ecología  aplicada,  advierte  Klein.  Las  líneas  de  financiamiento  y  la  disponibilidad  de  agua  son  otras  temáticas  que  César  Hompart,  productor  de  frutales  en  Collipulli,  suma  a  este  listado,  junto  con  un  punto  que  es  de  vital  relevancia  en  la  zona.  Se  trata  de  la  seguridad,  ya  que  como  indica,  el  productor  que  viene  de  afuera  debe  tener  la  certeza  de  que  sus  inversiones  van  a  estar  protegidas  y  amparadas  por  un  estado  de  derecho.

CERCANÍA  CON LAS  COMUNIDADES

Una  relación  mutua  es  la  que  se  presenta  hoy  en  día  entre  la  región  de  La  Araucanía  y  el  sector  agrícola.  Si  esta  zona  aparece  como  una  oportunidad  para  el  rubro  dadas  sus  óptimas  condiciones  para  producir  alimentos,  la  actividad  en  sí  corresponde  a  una  herramienta  que  permitiría  potenciar  a  la  región,  la  que  según  las  autoridades  presenta  una  serie  de  retrasos  en  los  que  se  necesita  avanzar.  Bajo  este  escenario  es  que  para  Miguel  Ellena  la  fruticultura  cobra  un  rol  vital  y  es  que  la  califica  como  el  motor  de  desarrollo regional  dado  que  los  rubros  tradicionales  han  tenido  una  baja  rentabilidad.  “Para  la  pequeña  y  mediana  agricultura,  el  rubro  frutícola  será  fundamental  para  mejorar  los  ingresos  de  los  productores.  Para  ello,  se  requiere  contar  con  herramientas  de  fomento  que  permitan  realizar  las  inversiones  y  un  programa  de  asesoría  y  capacitación  de  los  técnicos  que  trabajan  con  los  productores  y  a  su  vez,  de  los  propios agricultores”,  comenta.

Hay  quienes  detectaron  oportunidades  en  la  fruticultura  de  la  zona  y  las  tomaron.  Pero  falta.  Y  es  que  a  su  vez  hay  quienes  pueden  cuestionarse  la  posibilidad  de  hacerlo  dados  los  conflictos  sociales  que  se  viven,  pese  a  que  los  agricultores  presentes  en  la  zona  los  califican  como  hechos  aislados.  Una  de  las  soluciones  pasa  por  el  trabajo  que  puede  ofrecer  la  fruta. Con  el  objetivo  de  mejorar  la  rentabilidad  de  su  campo,  en  los    ́90  César  Hompart  decidió  terminar  definitivamente  con  la  ganadería  y  disminuir  fuertemente  los  cultivos  tradicionales.  Así  fue  como  en  1991  comenzó  a  plantar  frutales,  particularmente  arándanos.  Con  el  paso  del  tiempo  amplió  su  canasta  de  este  tipo  de  cultivos  incorporando  cerezos  en  2002  y  nogales  al  año  siguiente.  Ya  en  2010  se  inició  en  castaños  y  en  2017  en  el  avellano  europeo.  Así  pasó  de  ser  ganadero-agrícola  a  principalmente  frutícola.

Según  su  diagnóstico,  las  raíces  pesan.  Pertenecen  y  confían  en  una  región  que  hoy  les  ofrece  situarse  en  el  epicentro  de  la  fruticultura  nacional.  “Tenemos  un  compromiso  con  la  región.  Creemos  que  por  el  lado  de  la  fruta  es  una  buena  alternativa  para  generar  empleo”,  sintetiza. De  esta  manera,  la  posibilidad  de  generar  más  trabajo  como  fuente  de  ingreso  surge  como  una  herramienta  para  evitar  este  tipo  de  conflictos  y  trabajar  con  las  comunidades;  una  tarea  que  no  sólo  entendió  este  productor,  también  lo  lleva  a  cabo  Gerardo  Jequier.

Como  un  arte  que  han  aprendido  y  que  hoy  forma  parte  de  su  ADN  define  a  la  fruticultura  este  productor,  que  tiene  una  sociedad  con  su  cuñado  Pedro  Nickelsen.  Pero  además  entrega  la  posibilidad  de  darle  mano  de  obra  a  una  región  que  posee  trabajadores  y  que  son  precisamente  sus  vecinos.  En  temporada  esta  empresa  cuenta  con  un  total  de  600  trabajadores  provenientes  de  las  diferentes  comunidades  cercanas  a  Collipulli,  número  que  puede  llegar  hasta  1.000  o  1.200  personas  durante  el  año  producto  de  la  rotación.

Así  lo  explica  Matías  Paulsen,  yerno  de  Jequier,  y  agrega  que  de  ellos,  el  70%  proviene  de  comunidades  indígenas. Una  fuerte  cercanía  con  las  comunidades  es  la  que  también  ha  establecido  Agrícola  San  Clemente,  la  que  les  entrega  una  fuente  de  trabajo  que  no  sólo  contempla  la  cosecha,  sino  que  se  extiende  a  otras  labores  de  relevancia  en  un  huerto  frutal,  tales  como  la  poda  y  el  raleo. Pero  además  la  compañía  se  encuentra  involucrada  en  un  proyecto  con  la  Cooperativa Agrícola  Antonio  Rapimán,  entidad  constituida  en  el  año  2015,  cuando  la  Conadi  le  entregó  su  predio  en  la  comuna  de  Perquenco.  Según  recuerda  John  Skinner,  recibieron  un  campo  plantado  con  manzanas  de  exportación,  por  lo  que  los  han  apoyado  entregándoles  asesoría  técnica,  además  del  servicio  de  packing  y  exportación  de  sus  productos.  Hoy  la  comunidad  cuenta  con  una  producción  de  170.000  cajas  de  18,2  kilos.

Se  trata  de  una  alianza  productiva  que  le  ha  permitido  a  una  comunidad  llevar  a  cabo  su  proyecto,  y  es  que  de  manera  individual  no  tienen  la  oportunidad  de  salir  a  los  mercados,  dado  que  necesitan  infraestructura  que  no  poseen,  como  las  cámaras  de  frío.  Así  es  que  María  Rapimán,  presidenta  de  dicha  cooperativa,  llama  a  crear  este  tipo  de  relaciones;  precisamente  una  de  las  medidas  en  las  que  está  trabajando  el  gobierno.

TRABAJO  EN  CONJUNTO

La  Araucanía  se  encuentra  sumida  en  un  rezago  en  materia  de  ingreso  familiar,  inversión  privada,  calidad  de  su  infraestructura  y  acceso  a  mejoras  sociales.  Con  el  objetivo  de  salir  de  estas  situaciones  e  impulsar  la  región  es  que  el  Gobierno  trabaja  en  el  Plan  Impulso  Araucanía  2018-2026,  que  busca  aprovechar  los  potenciales  de  la  zona.  Así  es  que  sus  pilares estratégicos  los  conforman  los  sectores  de  turismo,  energías  renovables  y  agricultura.  INIA,  Indap,  la  Comisión Nacional  de  Riego,  Odepa  y  Conaf  fueron  los  servicios  del  Ministerio  de  Agricultura  que  visitaron  la  región  para  hacer  una  prospección  de  sus  necesidades.  El  trabajo  con  INIA  apunta  a  la  reconversión.  Por  ello  es  que  la  entidad,  según  explica  su  director  Pedro  Bustos,  a  través  del  centro  regional  Carillanca  propone  implementar  en  los  distritos  agroclimáticos  un  modelo  de  innovación  técnica  productiva  para  la  reconversión  frutícola  de  la  región  generando  polos  de  innovación,  basado  en  validaciones  científicas  que  respondan  a  los  requerimientos  agrícolas  de  nuevas  especies  y  variedades  para  cada  uno  de  los  territorios.  Así,  el  ministro  de  Agri-cultura,  Antonio  Walker,  señala  que  la  idea  es  mostrar  cuál  es  el  camino  de  la  reconversión,  por  lo  que  las  alianzas  con  empresas  cobran  un  rol  vital.  Pero  no  se  trata  de  cualquier  tipo  de  asociación:  se  está  formando  una  cooperativa  grande  para  que  haga  una  alianza  con  Hortifrut.

Araucania 2Respecto  de  cómo  se  realizará  la  reconversión,  comenta  que  es  necesario  contar  con  el  financiamiento  de  Corfo  y  Banco  Estado  y  añade  que  la  entidad  gubernamental  va  a  subir  su  garantía  de  un  80%  a  un  90%,  instancia  que  ya  se  aprobó  en  el  Consejo  de  Ministros  para  La  Araucanía.  Para  Rapimán  se  trata  de  una  herramienta  fundamental  a  la  hora  de  llevar  a  cabo  este  tipo  de  proyectos.  Según  señala,  se  debe  flexibilizar  la  parte  de  Banco  Estado  e  Indap,  que  es  donde  pueden  acceder,  y  captar  los  recursos  que  se  den  a  largo  plazo.  Uno  de  los  requerimientos  que  ha  hecho  la  agricultura  familiar  campesina  de  la  zona  es  que  los  ayuden  a  vender,  por  lo  que  se  está  creando  un  departamento  comercial  de  Indap  que  busca  acercar  el  mercado  al  productor.  En  este  sentido,  el  director  de la  entidad,  Carlos  Recondo,  destacó  que  hay  muchos  agricultores  mapuches  que  están  produciendo  y  trabajando  de  buena  manera  pero  que  no  saben  a  quién  venderle.  “Ahí  es  donde  Indap  va  a  intervenir  con  asociatividad,  alianzas  estratégicas  y  encadenamientos  productivos  buscando  poderes  compradores  permanentes  para  que  aumenten  su  producción  y  mejoren  su  calidad  de  vida”.  Otra  petición  de  la  zona  pasa  por  disponer  de  madera  para  hacer  funcionar  sus  aserraderos.  “Estamos  viendo  cómo  destinar  un  porcentaje  muy  chico  de  la  madera  a  estos  aserraderos  más  locales,  junto  con  la  posibilidad  de  reforestar  sectores  que  se  han  quemado.  Estamos  con  un  programa  de  reforestación  y  uno  de  plantaciones  para  los  pequeños  y  medianos  productores  porque  la  zona  también  tiene  una  aptitud  importante  forestal”,  comenta  Walker  respecto  del  rol  de  Conaf.

En  cuanto  a  la  labor  de  Odepa,  señala  que  se  está  creando  el  departamento  de  desarrollo  rural,  que  apunta  a  un  plan  integral,  por  lo  que  están  convocando  a  los  distintos  ministros  que  se  relacionan  con  el  villorrio.  Por  su  parte,  el  rol  de  CNR  se  enfoca  en  tecnificar  el  riego  de  la  agricultura  familiar.  Si  bien  se  puede  calificar  a  La  Araucanía  como  una  zona  con  pros  y  contras,  lo  cierto  es  que  tiene  las  condiciones  para  desarrollar  grandes  proyectos  frutícolas  y  seguir  posicionando  al  país  como  un  productor  y  proveedor  de  alimentos  de  gran  calidad.  Existen  inversiones  de  este  tipo,  pero  aún  falta  mucho  por  avanzar.  Para  ello  es  vital  generar  confianza  en  el  lugar.  Hoy  el  lado  público  está  trabajando  para  contar  con  las  mejores  condiciones  y,  sobre  todo,  con  dicha  tranquilidad.  Ahora  queda  en  manos  de  los  privados  poder  impulsar  y  desarrollar  aún  más  esta  región.

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