Por Mundoagro.cl el 19 mayo, 2017

Al fin aprendimos la lección

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Foto de Julio Rodiño Durán Director Editorial Mundoagro
Julio Rodiño Durán
DIRECTOR EDITORIAL

En varias  oportunidades de mi vida he recurrido, a través de un texto, al recuerdo de un profesor y su discurso: el del “Rata” Urzúa, que de muchas maneras fue precursor y casi profeta al anunciar en su tiempo la problemática y la importancia de cuidar el medioambiente para futuras generaciones.

A principios de los años 70 hizo que toda una generación de estudiantes, que en ese entonces cursábamos primaria, aprendiéramos de memoria y ojalá tratáramos de comprender un texto que marcaría la pauta de lo que sería uno de los principales tópicos de la agenda mundial cuatro décadas más tarde. El texto comenzaba así: “El destino final de la humanidad quizás dependa de la solución del problema de deterioro del medio ambiente, cuyas consecuencias a largo plazo, comienzan a vislumbrarse”. Por supuesto en ese momento, ninguno de nosotros sabía ni tomó conciencia del valor y la trascendencia de esta reflexión.

Sin restarle importancia al mensaje en sí mismo, creo que el verdadero mérito del profesor Urzúa fue haberse dado cuenta de la relevancia que adquiría el tema medioambiental y, más aún, haber tomado la temprana decisión de crear conciencia en las nuevas generaciones.

Hoy, entendiendo que si nos quedamos de brazos cruzados estamos contribuyendo por inacción u omisión al deterioro del medio ambiente, cobra extrema importancia el deber de cada uno como consumidores, expertos, empresarios y finalmente legisladores en tomar partido y definir el modelo de desarrollo al cual queremos contribuir y por lo tanto privilegiar.

En el caso de la actividad agrícola, la legítima aspiración del hombre de querer “arrancar” de la tierra su riqueza no tiene por qué verse enfrentada al también legítimo interés responsable y universal de querer resguardar el medioambiente. Estoy convencido de que tenemos hoy suficientes pruebas e información para saber actuar en consecuencia y tomar las decisiones que tengamos que tomar en resguardo de nuestro planeta y la propia salud humana y animal, pensando en nuestros hijos.

Las empresas ligadas a la actividad agrícola, los agricultores, investigadores y académicos estamos hoy más que nunca conscientes de ello.

Yendo muy al hueso de problemática medioambiental en el sector agrícola y agroalimentario están los productos agroquímicos sintéticos y fertilizantes tradicionales que han sido, por los últimos cincuenta años, los principales insumos utilizados por el mundo agrícola para mejorar y potenciar la productividad de los cultivos. Entrando en el siglo XXI contamos en esta nueva visión con la colaboración y el respaldo activo en investigación y desarrollo de una nueva generación de productos biológicos: los llamados bioinsumos. Pequeñas nuevas firmas y todos los

grandes consorcios de agroquímicos del mundo como Bayer, Dupont, China National Agrochemical, Makhteshim Agan Industries, Dow Chemical, BASF, Syngenta y Monsanto están aceleradamente desarrollando productos más amigables con el medio ambiente y resolviendo cómo se adaptarán a este nuevo escenario y a esta nueva visión del consumidor que valora de otra forma el concepto de productividad en el sector. Ya no es mejor el más productivo o el que produce más con menos, sino el que produce bien. Qué manera de demorarnos tantos años en darnos cuenta de algo tan simple, ¿no?

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