Por Mundoagro.cl el 9 septiembre, 2019

Cada gránulo vale

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Nos acercamos a la época de primavera donde los cultivos, por efecto del aumento de las temperaturas, horas de sol y desarrollo, comienzan a necesitar de la mayor cantidad de nutrientes posibles para la extracción o absorción de estos. Esto con el fin de producir granos, frutos, tubérculos, pasto, de mayor calidad y cantidad. Es por esto que se necesita contar con suelos sanos, fuertes, fértiles y homogéneos. Con estas condiciones ideales podemos lograr que las raíces cumplan mejor su labor de crecer, explorar, interceptar, capturar, absorber y distribuir agua y los nutrientes dentro de la planta para llegar a ser transformado en producto final de calidad y de alto rendimiento (granos, quintales, kilos de materia seca, verde, etc).

Para cumplir con este objetivo debemos considerar como clave el uso y manejo de análisis de suelos, los cuales son la “radiografía” de las condiciones de salud del suelo en el que se va a trabajar en el corto, mediano y largo plazo. Hoy en día, el costo promedio de analizar una muestra de suelo a un laboratorio certificado está en el orden de los 35 a 40 mil pesos. Estamos hablando de una inversión relativamente baja, que brindará una visión general de las posibles fortalezas y debilidades de nuestros suelos.

Si consideramos que se debiese tomar de forma representativa una muestra cada 15 a 20 hectáreas, el valor de costo promedio por hectárea sería de entre dos mil a tres mil pesos. Este es un costo marginal si se considera que los costos asociados a fertilizar rondan entre un 35% a 40% de los costos totales dependiendo del cultivo, por lo que cualquier información que nos ayude a optimizar este porcentaje será bien recibida para lograr una relación costo – beneficio más eficiente en la búsqueda de mejores rendimientos y calidad en los cultivos.

Posteriormente, es ideal considerar y evaluar el estado del suelo respecto a su porosidad, capacidad de aireación, infiltración, estructura, textura, porcentaje de materia orgánica, así como también tener en cuenta si se realizan o no labores de incorporación de rastrojos, guanos u otras fuentes orgánicas. Todo esto debe ser considerado ya que las plantas, aparte de nutrientes minerales, necesitan asimilar carbono, hidrógeno y oxígeno para la formación de carbohidratos y energía en el proceso de fotosíntesis, respiración celular, crecimiento y desarrollo de las plantas.

4 PASOS

Con el objetivo de lograr una fertilización eficiente, metódica y equilibrada se recomiendan los siguientes cuatro pasos.

1. Realizar análisis de suelo de forma periódica

2. Interpretación correcta del análisis de suelo por parte de quien evalúa o realiza diagnóstico.

3. En la recomendación, es fundamental conocer bien cómo crecen y se desarrollan los cultivos, para saber sus requerimientos y las necesidades de nutrientes en las distintas etapas fenológicas de las plantas.

4. Enviar muestras a laboratorios confiables, con resultados que no hagan dudar de lo que se requiere. Así no se subestimarán las dosis de fertilizantes necesarios para correcciones o mantención de los suelos, incurriendo en mayores costos. En lo posible, enviar las muestras año a año al mismo laboratorio, en la misma fecha de muestreo, a la misma profundidad, para evitar una interpretación errónea o aumentar el margen de error del diagnóstico.

ASPECTOS A CONSIDERAR EN LA APLICACIÓN

Se debe tener conciencia de que al fertilizar el suelo lo que se busca es nutrir de forma eficiente a la planta en sus distintos estados de desarrollo, y para ello se deben tener presentes ciertas precauciones y fundamentos técnicos que ayuden a obtener resultados tangibles en el corto a mediano plazo. Realizar una correcta fertilización evitará pérdidas de producto o aplicaciones de cantidades que no correspondan, lo que implicaría costos ambientales y económicos no considerados.

Es importante considerar aspectos simples como el material de los maxi sacos cuando se habla de aplicaciones en grandes extensiones de tierra. La resistencia y largo preciso de las “agarraderas” del saco al momento de ser cargadas por un cargador “pluma” desde el camión a la máquina aplicadora (ej: trompo o sembradora), ya que muchas veces estos maxi sacos vienen con orejas demasiado largas lo que provoca inestabilidad con el movimiento del tractor con pluma al trasladarlo, provocando mala manipulación en la carga, demora, pérdidas de producto por darse vuelta, etc.

En términos de eficiencia en la distribución del fertilizante granulado, ya sea mono- producto o mezcla física debe tener una buena granulometría (mayor a 50% entre 3,35 y 4,75 mm de diámetro por gránulo) acorde a un tamaño uniforme, homogéneo, evitando que contenga en gran proporción gránulos pequeños idealmente sin polvo, para evitar el tapado de la máquina y que el producto pueda ser aplicado con un ancho de trabajo sobre los 25 a 28 metros para abarcar mayor superficie entre pasada y pasada por el potrero. Es decir, el tamaño homogéneo del granulo de fertilizante influye directamente en la eficiencia de aplicación en la superficie de potrero (kilos/hectárea de producto), lo que debiese ser reflejado en rendimientos más parejos y homogéneos del potrero.

ÉPOCA Y CLIMA

Otro punto que considerar para evitar pérdidas de productos en tiempo, clima y condiciones ambientales en aplicación de fertilizantes es realizar fertilizaciones de fósforo y potasio en otoño (nutrientes poco móviles en el suelo, por ende, con poco riesgo de pérdida por lavado por lluvias de otoño e invierno) y dejar la fertilización de elementos móviles en el suelo como el nitrógeno y azufre para inicios de primavera, donde las precipitaciones decaen y hacen más escasas.

Los expertos señalan que, además de las épocas de aplicación, los productores deben fijarse en las condiciones climáticas reinantes al momento de hacer la fertilización. Si no son las propicias, se corre el riesgo de perder nutrientes, lo que puede generar graves problemas al medio ambiente, sobre todo en nitratos. Para el caso de cultivos en donde se aplique nitrógeno parcializado en período de lluvia en la zona sur (como en praderas, trigo, avena raps, etc.) existen varios fertilizantes nitrogenados con inhibidores de nitrificación, ya que si se realiza una fertilización de nitrógeno en períodos de lluvia aumenta el riesgo de perderlo por lixiviación, contaminando las aguas subterráneas.

Al contrario, si se aplica en condiciones cálidas, con más temperatura, más viento y humedad, se puede perder por volatización, por lo tanto, en ambos casos se pierde la eficiencia de la aplicación. Es importante parcializar las dosis de los nutrientes como nitrógeno y azufre en el suelo para que no se pierdan con la lixiviación y desnitrificación; dos procesos que contaminan las aguas y la atmósfera.

CALIDAD DE SUELO

Los nutrientes más trascendentales en los suelos de la zona centro-sur que deben estar presentes en cantidades óptimas para el desarrollo de cultivos de alto potencial son el nitrógeno (N), fósforo (P), potasio (K), Azufre (S), calcio (Ca) y magnesio (Mg). Esto acompañado de pH neutros (pH 6 idealmente), alta suma de bases y baja saturación de aluminio.

Sobre esta situación el agricultor se siente con el desafío de mejorar, para lo cual trabaja con mezclas tipos recomendadas para un cultivo o zona específica, pero que lamentablemente no se deba ajustar a la realidad de cada potrero o fundo. Hoy en día, se copian mezclas de fertilizantes cuya ley o composición de N-P-K-S-Mg puede no ser la correcta según tipo de suelo, nivel de fertilidad, cultivo, manejo anterior, incorporación o no de rastrojos o fuentes de materia orgánica, entre otras que se esté trabajando. Es por ello por lo que hay que diagnosticar en base a la realidad y demanda del suelo y el cultivo, siempre adaptando las mezclas de fertilizantes al suelo del campo y no al revés. Para lo cual se sugiere lo siguiente:

  • Formular mezcla de acuerdo con las propias necesidades, y en la cantidad que realmente se necesita de cada nutriente.
  • Las mezclas no pueden ser estándares si los suelos son diferentes.
  • Una correcta fertilización, consiste en aplicar cantidades de cada elemento y a sus proporciones, es decir, no sobregirarse en algún (os) y quedarse corto en otro (s).

Finalmente el uso de mezclas de fertilizantes adquiridas a un notable bajo precio va de la mano con la utilización de rellenos o “fillers” que complementan las cantidades de cada componte de la mezcla para que se cumpla el requerimiento por ley, pero hace menos eficiente la disponibilidad y reacción de los nutrientes en el suelo para que sean absorbidos por las raíces. Cuando se rellena con cal, yeso o kieserita, la solubilidad de estos componentes y su posterior utilización para ser absorbidos por la raíz no es la más rápida, e influye directamente en ser menos eficiente en la entrega de los nutrientes que se requieren por parte del cultivo.

Por: Fernando Frez Bustamante
fernando.frez@cnagro.cl

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