Por Mundoagro.cl el 5 marzo, 2018

Con las reservas a tope

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con las reservas

En la producción frutícola la fertilización, tanto de pre como de postcosecha, es un manejo agronómico fundamental para alcanzar buenos rendimientos y calidad de la fruta. Una fertilización adecuada permite, además, mantener la calidad del suelo, evitar desequilibrios nutricionales en los árboles y minimizar el impacto ambiental. Estos aspectos son claves para una producción sustentable de alimentos, la mitigación y adaptación al cambio climático y el cumplimiento de exigencias de los diferentes mercados a los cuales nuestro país exporta.

La nutrición de postcosecha bajo un escenario de alto rendimiento es fundamental dado el rol que juega en la acumulación de reservas en los árboles. Es una de las prácticas de manejo nutricional más importante en la vida productiva de muchos frutales, ya que luego de un ciclo de producción, en particular cuando los rendimientos han sido elevados, la planta sufre un desgaste severo de nutrientes y de energía.

Distinto para cada especie

La importancia de las reservas en postcosecha está bien documentada, aunque los tejidos beneficiados y el momento varían según el hábito de crecimiento de las especies. La supervivencia invernal, o durante cualquier período de receso de crecimiento, requiere de azúcares para la resistencia al frío o de substratos para la respiración de mantención y para los cambios bioquímicos y morfológicos que suelen ocurrir. La actividad del cambium antes de brotación o reiniciación de la actividad depende de reservas. Las reservas en la raíz son importantes para la asimilación del nitrógeno, además del propio crecimiento.

La brotación inicial, la floración y el primer desarrollo del fruto, en especies que forman atrasadamente su área foliar con respecto a la fructificación, como es el caso de las especies de Prunus (cerezo, duraznero, damasco), especialmente aquellas de cosecha muy temprana, dependen de las reservas acumuladas en los tejidos, sin embargo, el crecimiento posterior y la maduración del fruto dependen de las hojas del brote.

En especies que forman primero hojas en dardos, como las Pomoídeas (manzano, peral), o en brotes florales, como las Cítricas (naranjo, limonero, mandarino), las reservas son importantes sólo por un corto tiempo para esos órganos, pero aportan para el buen desarrollo de brotes de extensión que contribuirán al fruto en etapas posteriores. Las especies que fructifican tardíamente en brotes largos (kiwi, vid) usan las reservas para el desarrollo de esos brotes.

Manejos agronómicos

La fotosíntesis de fines de temporada es importante para formar reservas, especialmente en las raíces, por lo que el tiempo de permanencia de las hojas después de cosecha es muy relevante. Evitar el amarillamiento y caída prematura de las hojas juega un rol fundamental en la acumulación de reservas, por lo que cualquier manejo tendiente a mantener el follaje activo contribuye a este objetivo, entre otros:

• Mantener los niveles de macro y micronutrientes tales como (N, Mg, Zn y B)

• Minimizar condiciones de estrés para la planta, dadas por las altas temperaturas y elevados niveles de radiación existentes en los meses de diciembre a marzo, a través de un adecuado manejo del riego y el uso de protectores solares.

Estas prácticas de manejo agronómico favorecen la acumulación de reservas tanto en raíces como en la madera frutal. Además, contribuyen a evitar o minimizar el “añerismo” productivo, dado que los procesos de inducción y diferenciación floral, en diversas especies frutales, ocurre entre los meses de diciembre a febrero, precisamente cuando las condiciones climáticas son desfavorables para las plantas.

La nutrición postcosecha tiene como objetivo recuperar las reservas de sustancias orgánicas y nutrientes para asegurar un buen retorno de flores (calidad y cantidad) y cuaja durante la temporada siguiente.

Aporte de nutrientes

En frutales de hoja caduca, las reservas minerales y orgánicas, tienen un rol fundamental en las primeras etapas de crecimiento primaveral. Durante este período, prácticamente no existe transporte desde la raíz a la parte aérea. Por lo tanto, el crecimiento de primavera se abastece desde aminoácidos de reserva como arginina y de carbohidratos, los cuales son aportados en su mayoría por polisacáridos de reserva y lentamente se van generando a través de la fotosíntesis durante el avance de la temporada.

El grueso del requerimiento de N, necesario para el desarrollo vegetativo y reproductivo primaveral, se produce en base al N de reserva. Estas reservas se construyen en la temporada anterior, por movilización desde las hojas a fines de verano hacia yemas, ramas, tronco y raíces. Se estima que más del 95% del N presente en estructuras del frutal en el momento de la floración-cuaja proviene de las reservas del árbol.

En la fertilización de postcosecha, es fundamental el uso de analítica de suelo, tejido vegetal y agua de riego, además de la información de producción e historial del huerto. La principal vía de aporte de nutrientes es al suelo y en forma complementaria se utiliza la vía foliar. En el caso de la nutrición vía suelo, mayormente se aplican nutrientes como nitrógeno (N), fósforo (P), potasio (K), magnesio (Mg).En el caso de vía foliar se puede aportar también N y, fundamentalmente, micronutrientes tales como boro (B) y zinc (Zn), importantes para la fecundación y cuaja frutal. Además, el Zn juega un rol importante en los tejidos vegetales, evitando la fotooxidación de los tilacoides en las células, lo que provoca que las hojas se tornen amarillas y caigan prematuramente.

Dado los antecedentes revisados, se deben considerar las tendencias y orientaciones hacia un Manejo Integrado de la Nutrición (MIN) de postcosecha, a través del uso de herramientas de diagnóstico, apropiada estimación de dosis, uso de fertilizantes de alta eficiencia y la aplicación de materia orgánica y microorganismos. A continuación, se presentan algunas recomendaciones específicas:

Fertilización de suelo

El nitrógeno mineral aplicado en postcosecha permitirá aumentar las reservas orgánicas de este elemento en los tejidos de las plantas, fundamentalmente en forma de arginina, acumulándose principalmente en raíces, pero también en yemas.

El nitrógeno es un elemento difícil de manejar dado su baja eficiencia de recuperación (50% en promedio en sistemas frutales). La planta absorbe nitrógeno mineral en dos formas: nitrato (NO3-) y amonio (NH4+). Normalmente el nitrógeno proveniente de fertilizantes convencionales como urea u otros amoniacales, sufren carga positiva, queda retenido con más fuerza a la fracción arcillo-húmica (CIC) del suelo, con baja posibilidad de ser lixiviado; sin embargo el proceso natural de nitrificación impide que esta forma de N perdure en el suelo. Por lo anterior, actualmente existen en el mercado productos inhibidores de nitrificación (IN), que aplicados en conjunto con el fertilizante amoniacal, permiten ralentizar el proceso de nitrificación en el suelo, haciendo que el NH4+permanezca por más tiempo disponible en el suelo (alargando el proceso de nitrificación en el suelo a 6-8 semanas), lo que hace más eficiente la fertilización nitrogenada tanto de pre- como de postcosecha.

Hacia el término de la temporada, la absorción de nutrientes baja producto de la senescencia natural de las hojas, por lo que los fertilizantes a usar en postcosecha deben tener ciertas características, tales como:

1.-Por la baja menor tasa de absorción diaria de los árboles, el fertilizante a utilizar no debe lixiviarse con lluvias y riegos.

2.-Debe ser muy eficiente en su absorción y por lo tanto en recuperar las reservas.

Para lograr estos objetivos el uso de la tecnología de inhibidores de nitrificación (IN) es esencial. Existen en el mercado fertilizantes nitrogenadas formulados con IN, listos para su aplicación. Sin embargo, en la actualidad también es factible aplicar el producto inhibidor directamente en la solución del fertilizante amoniacal (urea, sulfato de amonio, nitrato de amonio) utilizado.

De esta forma, se consigue mantener el nitrógeno en forma amoniacal por más tiempo en el suelo, en un balance apropiado y continuo con la fracción nítrica (aproximadamente 50% cada uno), evitando las pérdidas de este elemento por lixiviación.

Al utilizar fertilizantes nitrogenados con IN en su fracción amoniacal, se contribuye en forma importante a la acumulación de reservas tipo arginina, ya que al absorber amonio (NH4+) la planta metaboliza directamente el N en forma de aminoácidos de reserva (arginina) en las raíces, produciéndose además un ahorro energético que puede ir directamente a reservas.

Al respecto, en cerezo var. Lapins, aplicaciones de fertilizantes nitrogenados con inhibidor de nitrificación ha mostrado un incremento en los niveles de arginina en raíces, en los contenidos de almidón en estructuras florales y de carga frutal y en rendimiento (15% más de aumento) en comparación a urea. Por otra parte, la fertilización con amonio en manzanos Fuji, redujo el crecimiento vegetativo y la longitud de entrenudos, pero incrementó el crecimiento lateral de ramas y la floración (retorno floral en temporada siguiente). Contrariamente, la nutrición en base sólo a nitrato incrementa el crecimiento vegetativo y la longitud de entrenudos y disminuye el número de ramas laterales y la floración.

Durante la postcosecha se debiera fertilizar en función de la información de análisis de suelo (N residual) y foliar, de la producción del huerto, historial productivo, variedad/patrón y precocidad, entre otras consideraciones. La fuente de N preferentemente debe ser con IN, iniciando las aplicaciones temprano inmediatamente luego de la cosecha (enero a marzo). Dependiendo de la precocidad de la variedad, se debería aplicar entre un 50% y 70% del N de postcosecha. Las aplicaciones de P y K de mantención pueden ser estimadas directamente de la extracción en la fruta cosechada.

Materia orgánica y microorganismos

La aplicación de fuentes de materia orgánica (sustancias húmicas) e inoculantes microbianos permiten mantener una alta actividad biológica en la rizósfera, produciéndose un efecto estimulador de raíces a través de distintos mecanismos, como mineralización y solubilización de nutrientes, generación de hormonas, supresión de enfermedades y mejoramiento integral de la calidad del suelo, entre otros.

Esto permite un mejor aprovechamiento del agua y los nutrientes durante el período de postcosecha.

Fertilización foliar

• Boro (B): Las aplicaciones de boro foliar postcosecha son muy efectivas, especialmente en frutales de carozo y pomáceas, ya que es muy móvil en estas especies, traslocándose hacia la madera, dardos y raíces, permaneciendo en alta concentración hasta la próxima floración mejorando la fecundación y, por ende, la cuaja frutal. Las aplicaciones de B deben hacerse durante la época de postcosecha, con hoja verde y activa, para que se pueda movilizar. Cuando comienza el cambio de color y la caída de hojas, la eficiencia de absorción disminuye considerablemente. Se recomienda la aplicación de B vía foliar cuando los valores de análisis de tejidos en carozos y pomáceas, se encuentran por debajo de las 40 ppm.

• Zinc (Zn): El zinc es de gran importancia en el crecimiento y en la germinación del polen, tiene movilidad solo por vía xilemática, por lo que, en aplicaciones de postcosecha, gran parte permanece y cae con las hojas. Se recomienda la aplicación de zinc vía foliar cuando los valores de análisis de tejido se encuentran de 20 ppm hacia abajo. Aparte del rol como un componente estructural de las membranas celulares, similar al calcio, el Zn juega un rol clave, en la generación y detoxificación de radicales libres de oxígeno, evitando la fotooxidación de los tilacoides de los cloroplastos en las células vegetales, lo que evita que las hojas cagan anticipadamente.

La fotooxidación ocurre cuando se presenta exceso de luz asociado a bajas y altas temperaturas; es causada por los “radicales libres de oxígeno”, haciendo que las hojas se tornen amarillas y caigan prematuramente. Esto provoca una reducción en la fotosíntesis, por lo tanto el nivel de reservas y la productividad del árbol se ven afectadas.

Filtros solares

Como complemento a las herramientas de manejo utilizadas para disminuir los golpes de sol y el estrés por altas temperaturas y radiación han aparecido comercialmente los protectores solares. El objetivo de su aplicación es crear una barrera física que proteja la planta del golpe de sol y altas temperaturas, con el fin de evitar bronceado y estrés por alta temperatura en las hojas, mantener el crecimiento y la apertura de estomas durante el verano, lo que permite mantener condiciones óptimas para la inducción y diferenciación de yemas florales en verano.

Escrito por: Rodrigo Ortega de la Universidad Técnica Federico Santa María.

Luis Flores Compo – Expert

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