Por Mundoagro.cl el 2 agosto, 2017

Cuando menos es más

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raleo manzanas

La práctica común para regular la carga frutal del manzano en Chile consiste en efectuar raleos químicos desde floración hasta frutos de 12 a 14 mm. Luego se espera la caída natural de éstos, hasta mediados de noviembre, y se realiza el ajuste manual, que fija el número de frutos que llegará a cosecha.

La base para el raleo químico de manzanas en Chile ha sido Carbaril, y funciona muy bien en variedades sensibles, como Braeburn o Granny Smith. Mientras más temprano se aplica y mientras más alta la dosis, mayor es el efecto. También, si se mezclan con ácido naftalén acético (NAA), el efecto se potencia, incluso al realizar las aplicaciones separadas. Ello también ocurre con la combinación de carbaril con benciladenina (BA).

Uno de los productos que se ha utilizado masivamente es el ácido naftalenacético. En general, hay consenso que mientras más temprano se aplica y más alta es la dosis, mayor es el efecto de raleo.

Sin embargo, este compuesto induce frutos “pigmeos” en variedades sensibles, como Fuji o Red Delicious, y puede inducir russeting en la fruta, especialmente con aplicaciones tempranas. Este efecto sobre “pigmeos” ocurre también en la mezcla de NAA con carbaril, cuando se aplica desde caída de pétalos, pues el mayor efecto se da desde floración en adelante, no manifestándose con las aplicaciones en botón rosado. Los raleadores cáusticos muestran pobres resultados con las floraciones muy largas, de tres semanas o más. Sin embargo, las aplicaciones de estos productos, apoyados con el modelo de crecimiento del tubo polínico, pueden darle una mejor perspectiva a la práctica.

Con la aparición de la benciladenina llegó la gran solución para la variedad Fuji, especialmente al mezclarla con carbaril. Se detectó, eso sí, un menor efecto en caída de pétalos, el que se   incrementaba al acercarse a frutos de 10 mm (aplicaciones de BA sin carbaril). Debe tenerse en cuenta que al aplicarla sola, genera frutos pigmeos en ‘Fuji’, y también puede incrementar el russeting.

Dado el retiro de carbaril de numerosos mercados, como Europa o Estados Unidos, la amenaza actual es que este producto no pueda seguir utilizándose para el raleo químico de manzanas, por lo que es necesaria la generación de nuevas estrategias, dado el incremento de costo que ha mostrado la mano de obra, exacerbado por la competencia que presenta con la cosecha de dos productos de muy alto valor en Chile: los arándanos y las cerezas.

Raleo de precisión

El Dr. Terence Robinson, de la Universidad de Cornell, ha planteado el concepto de “raleo de precisión”, que consiste en una estrategia de poda, seguida de raleo químico y manual, y cuyo objetivo es lograr el número preciso de frutos que se quiere cosechar.

Esta estrategia consiste en:

  • Identificar un número óptimo de frutos por árbol
  • Podar, dejando 1,5 a 2 yemas florales por fruto deseado
  • Utilizar raleadores en secuencia, evaluando cada aplicación con los modelos de carbohidratos y de tasa de crecimiento de frutos, re-aplicando las veces que sea necesario
  • Finalmente se realiza el ajuste manual, lo que puede significar dos o tres aplicaciones de producto para alcanzar la carga necesaria.

El modelo de carbohidratos se basa en que la sensibilidad de los frutos al raleo (caída) disminuye o se incrementa en función de la disponibilidad de los azúcares, hecho que depende de la temperatura y radiación solar (fotosíntesis), y de la demanda de éstos por parte de brotes y frutos. Si la demanda es muy alta, los frutos comenzarán a caer. Este modelo, en las condiciones del Estado de Nueva York, ha servido de ayuda en la toma de decisiones de raleo, pero no ha mostrado tener la misma utilidad bajo las condiciones chilenas.El modelo de tasa de crecimiento establece que después de aplicado un raleador, se produce una diferencia en la tasa de crecimiento entre los frutos que caerán y los que van a permanecer en el árbol. Esa diferencia se marca tempranamente, aun cuando el fruto caiga más tarde. Ello permite predecir cómo va a funcionar la aplicación del raleador. El periodo para medir la tasa de crecimiento es entre los días tres y ocho después de la aplicación.

Para aplicar el modelo se marcan quince dardos representativos en cinco árboles y se mide el diámetro de los frutos tres y ocho días después de la aplicación, y se calcula la tasa de crecimiento. Los frutos que crecen más lento se estiman como aquellos que caerán.

Estrategias de raleo sin carbaril

Al no contar con el carbaril, de acuerdo a información disponible, las alternativas de productos para el raleo durante la floración serían: tiosulfato de amonio (ATS), promalina, BA, NAA y polisulfuro de calcio + aceite.

Para el periodo de caída de pétalos y frutos de 4-5 mm en adelante, las alternativas podrían ser: BA + ANA; metamitrón; BA + aceite (0,1%). Este último en aplicaciones más tardías, pues el aceite actúa como potenciador del efecto de raleo de BA.

Para evaluar alternativas, los tratamientos a probar se aplican y se evalúan 50 días después de floración, al terminar la caída de frutos. El grado de raleo se expresa como frutos/dardo; un testigo normal alcanza entre 2 y 2,5 frutos/dardo.

En cosecha se evalúa el tamaño de los frutos y la productividad, y se separa el efecto de la carga frutal del causado por los tratamientos de raleo químico. La mayoría de las veces, los tratamientos remueven frutos, pero no aportan beneficios adicionales; una excepción se ve con la aplicación de BA.

En un estudio realizado en la variedad Gala, aplicando un tratamiento de benciladenina (BA) + carbaril, a partir de caída de pétalos (CP) y cada tres días, hasta por más de veinte días, se observó que el mayor efecto se obtiene con aplicaciones cercanas a los diez días después de caída de pétalos. También se aprecia que hay efecto aun cuando los frutos ya están relativamente grandes (CP + 24 días).

Se evaluaron distintas mezclas: NAA + BA, metamitrón, ABA, mezcla BA + aceite. En general, se apreció que cualquiera de estos productos o sus mezclas presentan un buen efecto de raleo dentro de la ventana de aplicación definida previamente, disminuyendo la carga frutal al aplicar hasta con frutos de 28 mm. Al evaluar los mismos productos y épocas de aplicación en peras Forelle y Coscia, se apreció que éstas responden también a dichas combinaciones, permitiendo reducir la carga frutal previo al raleo manual. Forelle se mostró un poco más tolerante a los raleadores que Coscia.

Recomendaciones

Es necesario indicar que si un árbol no ha recibido tratamientos con raleadores, lo más probable es que muchos centros frutales presenten dos, tres o más frutos, siendo los laterales más fáciles de eliminar, con lo que se explica el efecto tardío de las aplicaciones únicas. Sin embargo, si el árbol ya presenta numerosos frutos en forma solitaria y algunos centros con dos frutos, el efecto esperado para los tratamientos será pobre, pues no habrá frutos con alta susceptibilidad de ser afectados (laterales a frutos dominantes).

Un segundo comentario respecto de este punto es que un buen raleo químico comienza con una buena polinización de las flores reinas. Este mismo principio debe servir para orientar la poda invernal; si ésta es muy ajustada en número de dardos florales, es probable que se llegue a una situación donde la eliminación de los frutos laterales con una aplicación efectiva de raleador, que deje muchos centros frutales con uno o dos frutos, signifique que no se cumpla con el número de frutos objetivo, quedando la carga por debajo de lo esperado.

Este caso no se trataría de un sobreraleo por químico, sino más bien uno por exceso de poda.

Efecto zonas

Del análisis de varios años y localidades, de las curvas de respuesta del tamaño del fruto y la productividad a la carga frutal, se desprende que los diferentes tratamientos de raleo logran respuestas similares, dado que la carga frutal se estandariza al realizar el raleo manual.

También se observa que dentro de una misma zona, la respuesta es muy parecida entre temporadas; es decir, no habría temporadas de mayor tamaño de fruto, siendo éstas sólo resultado de la mayor carga frutal. Una excepción ocurre al perder los frutos centrales debido a heladas, donde sí se observa una caída generalizada del calibre en variedades como Gala.

Por el contrario, de este análisis, se detecta una gran diferencia entre zonas, observándose que aquellas más cálidas de la VI Región muestran un potencial notablemente menor que zonas más frías, como Angol.

Aparentemente, el otoño e invierno más frío favorece el potencial productivo de la especie.

Artículo previamente publicado en el Boletín Técnico del Centro de Pomáceas de la Universidad de Talca.

Escrito por: Gabino Reginato, Ingeniero Agrónomo de la Universidad de Chile.

 

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