Por Mundoagro.cl el 4 marzo, 2019

La falsa ilusión del riesgo 0

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Por: Michel Leporati Néron, Director CERES BCA

 

La detección de Listeria en fruta chilena es una de esas noticias que nunca quisiéramos ver aparecer en la prensa. Sin duda se trata de un duro golpe, en plena temporada, para el sector exportador, que nos recuerda que en estas materias no existe el “riesgo 0” y que sobreexpone al conjunto de la industria alimentaria frente a una opinión pública, nacional e internacional, cada vez más crítica, abriendo legítimas interrogantes respecto de la capacidad del Sistema Nacional de Inocuidad y Calidad Alimentaria de entregar garantías, tanto a los consumidores en Chile como fuera de él. Por lo mismo resulta importante analizar en perspectiva lo que un evento de esta naturaleza implica. Vayamos por parte. La listeria es una bacteria presente en el ambiente y, por lo mismo, puede llegar a contaminar los alimentos por diversas vías. Se trata de uno de los peligros microbiológicos que provoca infecciones alimentarias, si bien poco frecuentes, muy graves, afectando principalmente a grupos vulnerables (niños, inmunodeprimidos, ancianos, embarazadas) con tasa de mortalidad que alcanzan entre un 20 a 30%, de las más altas entre las toxinfecciones alimentarias, por lo cual su detección en alimentos es siempre causa de alarma pública. El hecho noticioso en cuestión corresponde a un hallazgo de Listeria en un control de rutina realizado por una empresa procesadora de fruta de exportación, en cumplimiento con la exigente normativa que ha instalado en los últimos años la autoridad estadounidense, el FSMA. Esto dio pie a una autodenuncia comunicada a la Food and Drug Administration, FDA, por el exportador, lo que derivó en el retiro oportuno de alrededor de 3.000 cajas de nectarinas, ciruelas y duraznos desde los puntos de distribución de alrededor de veinte estados. A la fecha no ha habido hallazgo de fruta contaminada en EE.UU., ni se han reportado casos de personas afectadas. Esos son los hechos objetivos que se conocen. Si bien es temprano para hacer conclusiones sobre la situación, si podemos a la luz de los antecedentes hacer algunas observaciones.

Declaración de prensa de Juan Carlos Sepúlveda, Gerente General de Fedefruta, Ronald Bown, Presidente de ASOEX y el Secretario del Comité de Inocuidad de ASOEX, y Ricardo Adonis, Gerente de Desarrollo de la Fundación para el Desarrollo Frutícola (FDF).

VASO MEDIO LLENO

Si vemos el vaso medio lleno podemos decir que se trata de un hallazgo realizado en el ejercicio de los programas de aseguramiento de la calidad de la empresa, lo que da cuenta en primer lugar de que los controles se realizan rigurosamente y que los programas operan según lo establecido por la normativa. En segundo lugar, se debe valorar que, junto a lo anterior y ante un evento adverso, la empresa actuó diligentemente y en forma transparente, autodenunciándose preventivamente y poniéndose a disposición de la FDA. La acción oportuna de la empresa permitió a la autoridad norteamericana advertir a la población y retirar los productos del mercado, previniendo la exposición de los consumidores a fruta potencialmente contaminada y con ello minimizando los riesgos de presentación de casos de listeriosis asociados al consumo de esa fruta. En este sentido es importante reiterar que a la fecha no se ha detectado fruta contaminada en EE.UU. y, aun cuando es muy pronto para descartarlo (el periodo de incubación del patógeno es de entre tres y seis semanas), no se han registrado casos de personas afectadas. En tercer lugar, se debe precisar, tal como lo señalaron el Ministro de Agricultura, sr. Antonio Walker, y la Asociación de Exportadores de Fruta ASOEX, en distintos comunicados, se trata de un hecho aislado, de características espaciales y temporales muy acotadas que ha afectado a una muy baja cantidad de fruta y que no reviste ningún riesgo para el resto de la fruta, de la misma empresa ni menos de otras. Junto a ello las medidas de prevención y control han sido adoptadas tempranamente por lo que los riesgos se encuentran contenidos. Ello significa que en Chile el sistema de control de alimentos funciona y no hay razón alguna para desconfiar de la inocuidad de los productos nacionales, frutas u otros, de consumo interno o para la exportación.

VASO MEDIO VACÍO

Ver el vaso medio vacío es parte del análisis crítico que debemos realizar. En primer lugar, sin duda se trata de un hecho grave e inédito, que aun cuando involucre una cantidad mínima de fruta, representa un quiebre en el sistema de aseguramiento de la calidad de una de las empresas exportadora de fruta más prestigiosa del país, que cuenta con protocolos y procedimientos de alto estándar, lo que nos hace recordar, como ya se señaló, que el “riesgo 0” en estos temas no existe y que nunca son demasiados los esfuerzos humanos, presupuestarios, técnicos y otros que se hagan en prevención y control. En segundo término, cabe precisar que a pesar de la adecuada reacción de los actores, este quiebre de inocuidad si bien acotado, dada la naturaleza del peligro, provocó una alerta internacional, esperamos sin mayores consecuencias, pero que sin duda abre interrogantes y dudas entre muchos respecto de nuestra capacidad de ofrecer garantías de inocuidad. Esto puede dañar nuestra imagen en los mercados y generar desconfianza entre los consumidores en Chile y en el exterior. Basta revisar las reacciones de todo tipo en las redes sociales para ver que hay percepciones de riesgo que deben ser tomadas en consideración rápidamente, tanto entre las audiencias en EE.UU. como en Chile. De lo contrario, más allá del hecho puntual, de su control y resolución, podríamos vernos afectados por importantes daños de imagen. En tercer lugar, y vinculado a lo anterior, se echa de menos un Sistema Nacional de Inocuidad y Calidad operando en forma más visible y coordinada, con una comunicación de riesgo a nivel nacional más proactiva de parte de la autoridad, con vocerías claras que expliquen los hechos, señalen los riesgos, indiquen las medidas adoptadas y den tranquilidad a la población. Da la impresión de que hay una subvaloración de lo que representa en términos de riesgos, de imagen y de confianza un evento de esta naturaleza. En definitiva, frente a un evento adverso y acotado, pero de gravedad, el sistema de control de alimentos operó en tiempo y forma, la empresa involucrada actuó responsable, diligente y transparentemente. El país, fiel a su tradición, informó con prontitud a los mercados; los protocolos de prevención y control se activaron oportunamente. Y a la fecha no hay que lamentar personas afectadas, sin embargo no podemos asegurar lo mismo en términos de daños de imagen y confianza. Por lo anterior se hace necesario una comunicación de riesgos más efectiva, que mitigue y repare estos efectos adversos en los mercados y entre los consumidores. Por último, es urgente conocer en detalle qué ocurrió y cuál fue el fallo, por qué se produjo, cómo evitar que se vuelva a producir y sacar lecciones para corregir lo que se deba y superar rápido este evento y sus efectos adversos.

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