Por Mundoagro.cl el 13 marzo, 2018

Puesta a punto

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cerezas 67

En la zona centro – sur de nuestro país, la actual temporada se ha caracterizado por la alta carga frutal alcanzada en las principales variedades de cerezas. En forma generalizada, esta elevada producción de cerezas entre la RM y VIII región fue determinada por varios factores. Uno de los principales fue el clima, que en invierno presentó una alta pluviometría y además hubo una elevada acumulación de frío (porciones), y en primavera se caracterizó por la ausencia de precipitaciones y de bajas temperaturas durante el período de floración. En suma, estos elementos promovieron una floración concentrada, homogénea, con flores de buena cali dad que, junto al buen vuelo de las abejas, dieron lugar a un período de polinización adecuado que favoreció la prolífera cuaja de las flores.

El elevado nivel de frutos cuajados exigió un buen trabajo de raleo, manejo de gran relevancia para tener árboles equilibrados y calibres de interés comercial. Sin embargo, esta temporada la retención final de fruta fue igualmente excesiva, resultando en producciones históricas en varios huertos de las regiones RM, VI y VII. La excesiva carga frutal generó una demanda importante de nutrientes y fotoasimilados que fueron suministrados por la planta, quedando, después de esto, con bajas reservas de nutrientes y energía. Esta es una situación que requiere de toda nuestra atención. Para asegurar un adecuado nivel de reservas es importante tener en consideración cinco puntos relevantes.

1.- La luz y su distribución

La disponibilidad de la luz que tenga la planta es muy importante en este período para la fotosíntesis y la subsecuente acumulación de los carbohidratos que, en parte, serán almacenados en los órganos de reserva. Es por este motivo que la distribución de la luz a través de la copa de los árboles debiese manejarse cuidadosamente en situaciones en que las plantas tienden a emboscarse después de la cosecha.

En este caso, para mejorar la distribución de la luz, se recomienda podar sin eliminar elementos productivos (dardos y ramillas). Por lo tanto se sugiere despuntar a 30 – 40 cm todo brote anual con un largo mayor a 40 cm. Por otra parte, existen máquinas podadoras que permiten disminuir el ancho de las plantas hacia la entre hilera y la altura; lo recomendable en este caso es mantener un ancho entre hileras de 1,5 a 1,7 m y bajar la altura de la poda gruesa anterior.

2.- Actividad fotosintética

Para prolongar la actividad fotosintética de las hojas, manteniendo el nivel de clorofila en un rango óptimo, se aconsejan aplicaciones foliares de nitrógeno y magnesio (urea y un corrector nutricional en base a magnesio, respectivamente) durante el mes de enero y febrero (cuatro aplicaciones cada quince días).

Adicionalmente, estas aplicaciones podrían ir acompañadas de un producto bioestimulante para asegurar el crecimiento y potenciar la actividad metabólica gatillada por hormonas exógenas, los cuales deberían continuar durante el mes de marzo. En este sentido, acompañar las aplicaciones anteriores con algún complejo hormonal en base a Ascophyllum nodosum, Ecklonia maxima, etc., ayudaría a mantener la actividad fotosintética en un nivel adecuado para asegurar una mayor cantidad de reservas para la planta.

3.- Protección del follaje ante las altas temperaturas

Este período se caracteriza por presentar una elevada radiación solar, la cual viene acompañada de las temperaturas máximas absolutas más altas que se registran anualmente. En el cerezo, esta situación climática coincide con el período de diferenciación floral, lo cual puede ocasionar alteraciones en su proceso, sobre todo en años como este, en que la alta carga frutal consumió parte de los carbohidratos destinados a proveer la energía para la diferenciación floral. Si esta resulta afectada por exceso de radiación y temperatura, aparecen los problemas de fertilidad de yemas, aumenta la incidencia de frutos dobles, de frutos con sutura extendida y otras malformaciones.

Es por esto que se recomienda el uso de productos que actúan como bloqueadores solares, cuya formulación permita disminuir la temperatura del follaje en 2 a 3°C a fin de controlar o evitar las alteraciones sobre la diferenciación floral. Estas aplicaciones debiesen efectuarse antes de las altas temperaturas (inicios de enero), acompañando las primeras aplicaciones de nitrógeno y magnesio, y repetirse cada quince días durante el período de altas temperaturas, para luego continuar con los foliares y bioestimulantes.

4.- Control de plagas (arañitas)

En este período, y con las condiciones mencionadas anteriormente, la incidencia de plagas, particularmente de arañitas, puede generar una defoliación parcial y prematura del árbol, favoreciendo el golpe de sol y el debilitamiento de la planta si no es controlado a tiempo. Se aconseja monitorear constantemente esta y otras plagas que generen alteraciones físicas al follaje, puesto que la masa foliar va a determinar, en gran medida, la cantidad de reservas que serán almacenadas durante el receso invernal.

5.- Riego

Finalmente, tener un control del riego después de la cosecha de las plantas es muy importante pues, una vez finalizada la cosecha, el consumo de agua por parte de la planta se reduce al no existir demanda de agua por parte de la fruta y, posteriormente, porque disminuye la demanda atmosférica. Es por este motivo que la cantidad de agua en esta etapa debiese reducirse acorde a la evapotranspiración del cultivo, teniendo en cuenta que un exceso de agua en esta etapa puede ocasionar un rebrote vegetativo, haciendo uso de las reservas nutricionales destinadas para la temporada siguiente. El riego debe mantenerse hasta la senescencia o antes de las primeras lluvias de otoño, con el fin de mantener una tasa transpiratoria que asegure también el proceso de fotosíntesis y un buen crecimiento radical donde acumular reservas.

Es importante mencionar la estrecha relación que existe entre el nivel de reservas, la expresión del crecimiento vegetativo y la productividad de la temporada siguiente. En cerezo, en estudios llevados a cabo por el Centro de Evaluación Rosario, se ha determinado que la tasa inicial de crecimiento de los brotes presenta una alta relación con el contenido de arginina en raíces, mientras que también se ha logrado identificar una relación directa entre el contenido de almidón en flores y el nivel de cuaja de estas, resultando, por consiguiente, en un aumento de la productividad de las plantas.

De acuerdo a lo anterior, debemos enfatizar que el manejo del cerezo en postcosecha, independiente del nivel de carga frutal, debe ser considerado como práctica fundamental dentro del proceso productivo, puesto que es en este momento en que se da inicio a la temporada, siendo el nivel de reservas nutricionales un factor determinante sobre la productividad del huerto, sobre todo cuando las condiciones de la temporada anterior resultaron muy demandantes en términos energéticos para la planta.

 

Escrito por: Jaime Otárola, Ingeniero Agrónomo, Magíster en Ciencias Agropecuarias, Investigador Depto de Producción CER.

Andrés Ureta, Ingeniero Agrónomo, Director CER.

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