Por Mundoagro.cl el 7 junio, 2017

Sin cura, con prevención

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CER MAYO

Terminada la cosecha comienza un periodo clave en el control de enfermedades en los frutales de carozo, donde uno de los problemas fitopatológicos más graves que enfrentan los productores es el cáncer bacterial, cuyo control invernal define la carga de inóculo a la que nos veremos enfrentados en la siguiente brotación.

De la misma forma el llamado “plateado” o “mal del plomo” es una de las enfermedades que debemos tener en cuenta si hablamos de un manejo fitosanitario invernal. El siguiente artículo tiene por finalidad dar a conocer las principales consideraciones en el manejo fitosanitario invernal de manera de poder conducir nuestra producción a una buena salida del receso.

La enfermedad conocida como cáncer bacterial, cuyo agente causal es la bacteria Pseudomonas syringae pv. syringae, es uno de los problemas más frecuentes en la producción de frutales de carozo.

Esta bacteria vive de forma epífita, es decir, sobre los tejidos de la planta o en malezas presentes en el campo, por lo que siempre existe un riesgo latente de infección. Los principales medios de propagación de la enfermedad son la lluvia y el viento a través del salpicado de gotas. Por otro lado la principal forma de diseminación en plantas nuevas es a través de la comercialización de plantas infectadas desde el vivero.

La probabilidad de infección crece aún más con inviernos lluviosos y la presencia de heladas, que al dañar los tejidos de la planta generan heridas que pueden convertirse en la principal vía de entrada del patógeno.

Los síntomas de la enfermedad son muy claros: se observa una exudación de goma en la planta, presencia de cancros acompañados con un olor característico a fermentación y la muerte de yemas, ramas, ramillas y en casos severos, la muerte de la planta completa.

El cáncer a raya

No existe un control curativo para el cáncer, por lo que es necesario prevenir año a año su aumento una vez que ya lo tenemos presente en el campo. La clave está en la prevención y para ello el uso de productos en base a cobre es fundamental. La utilización de cobres metálicos y cobres pentahidratados (sales de cobre) aseguran mantener a raya el avance de la enfermedad, posicionando el uso de estos últimos en el periodo de yema hinchada en adelante dado que no presentan ninguna toxicidad sobre los tejidos verdes de la planta.

Se recomiendan aplicaciones en general en base a cobre, para frutales de carozo, aplicados en  20%, 50% y 100% de caída de hojas y cada 20 días hasta yema hinchada. Hay que considerar aplicaciones extras en caso de lluvias superiores a 40 mm o en caso de heladas bajo -3°C, dado que ambas condiciones afectan fuertemente el desarrollo de la enfermedad, al generar microheridas en las plantas y ocasionar condiciones óptimas para el ingreso de la bacteria.

Durante las aplicaciones invernales el uso alternado de sales de cobre, cobres metálicos e ingredientes activos como Dodina han mostrado un efecto positivo de control, lo que genera que la cantidad de cobre aplicado por hectárea/año disminuya considerablemente, abriendo la puerta a nuevos programas de control. Es necesario considerar que una delas principales falencias de Dodina es la persistencia en el tiempo, por lo que se recomienda su uso a inicio de receso y no cercano al estado de yema hinchada.

Otra opción de control es el uso de antibióticos, los cuales en general se aplican como tratamiento inicial en huertos con alta presión de la enfermedad, para luego continuar el programa de aplicación mediante la utilización de productos en base a cobre.

No se recomienda el uso prolongado de antibióticos con el fin de evitar la resistencia de la bacteria. El mercado ofrece también productos biológicos en base a Bacillusspp, que pueden utilizarse de manera complementaria en un programa convencional de aplicación. Sin embargo, se debe considerar que la efectividad de cualquier agente de control biológico no puede ser comparada con la utilización de cobres en este caso específico, por lo que se sugiere utilizar este tipo de productos dirigiendo su uso a salidas del receso, dado que el uso de esta alternativa no genera ningún tipo de toxicidad en la planta.

También hongos

Otro de los problemas a los que se ven enfrentados los productores de carozo es al denominado “plateado” o “mal del plomo”, esta enfermedad es producida por el hongo Chondrostereum purpureum, el cual se alimenta de la madera. Este hongo genera cuerpos fructíferos denominados basidiocarpos, los cuales liberan basidiosporas que ingresan a la planta a través de heridas.

Una vez dentro de la madera, el hongo genera toxinas que se traslocan a través del xilema hacia las hojas separando la epidermis del resto de la lámina. Este espacio de aire entre la epidermis y la parte interna de la hoja genera esta tonalidad metálica característica de la enfermedad.

Al igual que en el cáncer bacterial, no existe control curativo para esta enfermedad, es por ello que las medidas de control deben estar enfocadas a prevenir que ocurra la infección. Por eso es importante evitar heridas, haciendo hincapié en cubrir los cortes de poda con pasta fungicida.

Manejos culturales

Junto con la aplicación de agroquímicos, es importante adoptar medidas de manejo de huerto que favorezcan el adecuado desarrollo de las plantas. El manejo cultural radica principalmente en evitar heridas en la planta, mantener un buen control de malezas en el huerto y realizar podas tempranas una vez que caigan las hojas, evitando condiciones ambientales propicias para el desarrollo de enfermedades. Dentro de este último punto es necesario mencionar la aplicación foliar de urea más zinc, que ayuda a uniformizar la caída de hojas permitiendo realizar aplicaciones de cobres con resultados mucho más efectivos al cubrir de mejor manera las heridas que deja la abscisión de las hojas y que pueden ser la principal vía de ingreso del cáncer bacterial.

Otra práctica común es pintar los troncos con una mezcla de caldo bordelés más un adherente. Esta medida ha tenido buenos resultados en disminuir el avance de cáncer bacterial, sobre todo en plantaciones nuevas. Se debe pintar desde la base del árbol hasta 10 centímetros por sobre el punto donde inicia el crecimiento de los ejes principales (se recomienda realizar esta actividad una vez en los meses de abril o mayo).

En el caso de la poda de formación se recomienda siempre pintar los cortes con pinturas acrílicas (fungicidas) de manera de sellar una puerta de entrada a las enfermedades, aprovechando de extirpar ramas afectadas por el cáncer o el plateado, retirando este material infectado del huerto. En el caso de huertos con alta presión de cáncer bacterial posterior a la poda, se sugiere adelantar la aplicación de cobre de manera de cubrir cualquier corte de poda que no sea pintado con pasta fungicida.

Es importante considerar que todas las aplicaciones realizadas en invierno no sólo ayudan en el control de estas dos enfermedades, sino que también ayudan a disminuir la carga de inóculo de otros patógenos presentes en el campo que afectan la producción a salidas del receso.

Escrito por Héctor Tabilo, Departamento de Sanidad Vegetal Centro de Evaluación Rosario, CER.


 

 

 

 

 

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