Por Mundoagro.cl el 4 diciembre, 2017

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El desarrollo del proyecto Chile Potencia Alimentaria requiere servicios sanitarios de alto estándar. Lo hemos planteado para el caso del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), el cual, a pesar de la enorme contribución que ha tenido para el país, requiere de ajustes importantes para enfrentar los nuevos desafíos que plantea la realidad nacional e internacional. Sin embargo, el aporte del Estado no es suficiente para enfrentar el presente y el futuro que requiere la gestión sanitaria nacional. Se necesita también un aporte sustantivo y decidido del sector privado, mayor al que ha hecho hasta ahora.

A lo largo de la historia reciente, los agentes privados de las cadenas silvo-agropecuarias y alimentarias, en forma individual o asociativa, han sido un activo de la construcción del desarrollo del sector en labores sanitarias propias y en labores coordinadas con el Estado, incluso realizando acciones más bien de responsabilidad pública.

Ejemplos notables han sido la participación del sector privado en las campañas de la erradicación de la mosca de la fruta, de la fiebre aftosa y de la peste porcina clásica. Más reciente ha sido el aporte en todo el proceso de la internacionalización, incluido los asuntos sanitarios de los Tratados de Libre Comercio, así como en la gestión de emergencias como la influenza aviar. Destaca la labor que ha realizado la Federación de Productores de Fruta de Chile y la Asociación de Productores de Cerdos y de Aves. También han sido valiosos los aportes de otros gremios menos visibles, vinculados a los rubros de hortalizas, nueces, vinos, lácteos, mieles y carnes bovinos, fabricantes de plaguicidas y medicamentos veterinarios, entre otros. Su labor en los asuntos sanitarios ha tenido externalidades que han orientado y acelerado el desarrollo del SAG y de otras instancias públicas.

A pesar de ser un ejemplo en la región y para varios países del mundo, esta labor privada puede ser mejor para enfrentar el futuro. Los mayores riegos sanitarios, la mayor complejidad y competencia del entorno nacional e internacional, la limitación de recursos del Estado, la necesidad de negociación con terceros países, la participación en organizaciones multilaterales, requieren respuestas no solo del Estado, sino también junto al sector privado. Es imposible que el sistema de gestión sanitaria lo haga solo el sector oficial. Hoy hay muchas áreas no cubiertas o abordadas con deficiencias, que el Estado solo no podrá hacerlo. La labor privada puede ser más profunda, sistemática y amplia de la que se ha hecho hasta ahora, aumentando su contribución a la competitividad sistémica del país. El Estado o la labor pública se puede hacer más eficiente y eficaz con este mayor aporte del sector privado, tanto en forma individual como organizada, con una adecuada facilitación y apoyo del sector oficial.

El rol de públicos y privados  

Los recursos públicos son finitos y son para generar bienes públicos y servicios, no bienes privados. En algunos casos es difícil saber qué es de uno u otro origen. Lo interesante es que existe un enorme espacio para la acción privada y muchas experiencias mundiales para ampliar las posibilidades en Chile. Países exportadores como Australia y Holanda tienen notables e innovadores ejemplos que van más allá de una visión clásica. En el mundo hay consenso de la importancia del sector privado en gestión sanitaria, tanto de interés público como privado propiamente tal.

Entendemos como sector privado los actores directos de las cadenas productivas, los generadores de materia prima, los productores, los transformadores, los comercializadores, exportadores e importadores. Lo son también los proveedores de insumos y servicios. Por otra parte, otro ámbito del sector privado, a veces combinado con lo público, es el sistema de investigación y desarrollo. Se trata de todo lo que genera o adapta el nuevo conocimiento. Institutos o empresas privadas, universidades son también parte del sector privado.

Los agentes privados establecen acciones para realizar o participar directa o indirectamente en su proceso productivo, de transformación y comercialización. El Estado genera y aplica regulaciones (y fiscaliza su aplicación) para que este proceso no genere externalidades negativas a terceros. Lo hace para resguardar la sanidad de vegetales y animales de otros productores, previniendo y controlando plagas y enfermedades respectivamente, así como la salud pública de la población.

Por otra parte, inspecciona y certifica una determinada condición sanitaria para dar garantías a los mercados de exportación. Finalmente, va a actuar en las negociaciones sanitarias con terceros países para establecer los acuerdos sanitarios para que se produzca la exportación e importación de productos de origen animal y vegetal.

En consecuencia, los servicios sanitarios, de esta forma, generan bienes públicos.Por su parte, los actores privados deben cumplir como mínimo lo que les indica la autoridad sanitaria expresada en su normativa, tanto para producir, transformar y comercializar productos. Su participación en la gestión sanitaria ocurre además y en forma más evidente y aceptable en aquellas plagas y enfermedades u otros atributos de valor, que sean considerados un bien privado más que un bien público. Por ejemplo, la vacunación para enfermedades endémicas, la desparasitación de los animales, incluso la organización e implementación de un programa de control de mastitis para vacas son actividades privadas que generan fundamentalmente bienes privados, pues esta enfermedad no significa riesgos para terceros ni la salud pública, sino que sobre todo para el producto afectado. Será natural que sea financiado mayoritariamente por los privados afectados.

No obstante lo anterior, el sector privado también puede participar de una forma activa, de manera individual u organizada, en el diseño, implementación y financiamiento de acciones sanitarias de importancia pública. La experiencia internacional demuestra que existe un espacio práctico más que ideológico, y que depende de los países, de la innovación y hacia dónde éstas apuntan.

En la discusión de lo público y privado, es importante la distinción entre quién es responsable y quién lo implementa. Por ejemplo, el Estado es el responsable de la vigilancia epidemiológica de enfermedades exóticas, pero podría implementarla el sector privado. Evidentemente se debe resguardar la confianza púbica, la eficacia, eficiencia y la aceptación de los mercados internacionales, cuando corresponda.

Propuestas

Hay consenso sobre que la sanidad es responsabilidad del sector público y privado, sin embargo no siempre es claro cuáles son los límites. A nuestro juicio, es justamente el espacio de innovación a trabajar. Se puede sacar mejor provecho al avance de las tecnologías de la información y comunicación.

Esta propuesta mantiene y fortalece las responsabilidades y liderazgo del sector oficial, sin embargo se amplían las acciones del sector privado organizado y en forma individual con un carácter institucional y permanente. Se propone expandir, profundizar y perfeccionar la participación en el diseño, gestión y financiamiento, en base a un nuevo acuerdo de los principales gremios con el Estado en una estrategia de mediano y largo plazo. En definitiva se trata de hacer más corresponsable al sector privado mientras el Estado nunca pierde su responsabilidad, sino que se fortalece, se abre y adapta a trabajar de esta manera. De esta forma se permite que el Estado se focalice en las tareas que son esenciales.

Dentro de las acciones específicas se propone:

1.- Generar una institucionalidad de coordinación pública y privada que establezca la estrategia sanitaria país de mediano plazo y que determine las prioridades y responsabilidades de cada uno de los actores. Se identifica un plan de trabajo acordado en el cual participan los diferentes rubros, regiones y estratos. Esta debe ser permanente con instancias de seguimiento y evaluación, estableciendo indicadores de gestión también compartidos. Debe tener expresión regional, pues es necesario reconocer las particularidades territoriales, aplicables a la producción y sanidad.

2.- Promover una mayor participación privada (co-participación) en los siguientes ámbitos regulados:

Diseño:

• Estrategia sanitaria

•Monitoreo situación sanitaria internacional

• Estrategias de prevención y control de enfermedades y plagas

• Sistema de regulación de importaciones

• Sistema de vigilancia epidemiológica

• Sistema de bioseguridad interna

• Sistema de inspección

• Sistema de certificación de exportaciones

• Sistema de gestión de contingencias

• Estrategia de negociación internacional

Implementación:

• Evaluación de riesgos

• Vigilancia activa y pasiva

• Capacidad diagnóstica (laboratorios)

• Programas de prevención de enfermedades exóticas o plagas cuarentenarias

• Programas de control de enfermedades y plagas endémicas

• Seguimiento y evaluación de programas

• Certificación electrónica

• Capacitación especializada

Financiamiento:

• Sistema de pago de tarifas

• Co-financiamiento de programas sanitarios

• Co-financiamiento de emergencias sanitarias (gestión y compensación).

3.- Dar altísima prioridad a resolver en conjunto, sector oficial (SAG) con sector privado, los trámites críticos que traban o enlentecen los procesos productivos y de comercialización.

4.- Generar los incentivos para la participación activa del sector privado en asuntos sanitarios de interés público. Para ello se propone, la ampliación y rediseño del Fondo Sanitario del SAG.

5.- Incorporar masivamente los principios y buenas prácticas sanitarias basales en los productores agrícolas y pecuarios. Especialmente en los ámbitos de vigilancia y bioseguridad.

6.- Dar facilidades al sector privado para el desarrollo e implementación de programas de control de enfermedades endémicas y plagas no cuarentenarias por parte del sector privado.

7.- Establecer agendas de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i) en asuntos de sanidad, que sigan una estrategia nacional, a través de concursos específicos.

8.- Desarrollar guías de cofinanciamiento para los procesos sanitarios más importantes, que permitan evaluarlos integralmente con todo el aporte que hace tanto el sector oficial como privado.

9.-Fomentar la responsabilidad social de la participación de los colegios profesionales y universidades con carreas críticas, como por ejemplo Veterinaria, Agronomía y Tecnología de los alimentos para asegurar una formación y competencias basales para los asuntos sanitarios públicos.

10.- Ampliar mecanismos de participación privada en la gestión sanitaria de reconocimiento internacional, como por ejemplo la compartimentación sanitaria.

La participación del sector privado en un aspecto tan importante como la sanidad debe ser primordial. No puede depender de una administración o de un presidente o gerente de un gremio. No puede ser sólo para las coyunturas, sino que debe tener visión de mediano y largo plazo. Hemos planteado cambios en el SAG y en la institucionalidad pública de sanidad, incluyendo la inocuidad alimentaria, hacia el año 2030. Hay una oportunidad y necesidad de involucrar al sector privado en esta cruzada. Puede ser una oportunidad de innovación no solo para los que forman parte de la cadena productiva, sino también para los que prestan servicios.

Escrito por: Hernán Rojas, Director CERES BCA.

 

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