Por Mundoagro.cl el 27 septiembre, 2018

El juguete de aventura

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DH septiembre 2018

Mi papá me enseñó a manejar a los 10 años y ya a mis 15, en 1985, compramos mi primer auto: un Jeep IKA de 1958 (Industrias Kaiser Argentina, IKA, era la empresa que tenía la licencia de fabricación de ese modelo para la Argentina). Desde ese tuve muy pocos autos pero muchos jeeps y camionetas. Con el IKA aprendí mecánica del momento, con carburadores y piezas que hoy ya no existen; lo pinté completo cinco veces e hice mis primeras rutas off road en la precordillera de mi ciudad natal, Mendoza.

Llegué a Chile en 1990 y estuve concentrado en mis estudios primero y en nuestra empresa agrícola después, pero siempre conectado de una u otra manera a esta pasión aunque sin vehículos propios. Pasaron esos lindos años y en 2010 compré mi primer ATV, en busca de combinar la ciclística y sensaciones de una moto con la seguridad y capacidad de un jeep. Fue un volver muy lindo a ese mundo, en el que se sucedieron siete motos, partiendo por una “chinita” de 200 cc y terminando con una americana top de línea, y que incluyó etapas de viajes que partieron en el 2012 con grupos de 8 a 10 vehículos y de largo recorrido, en que estuvimos en la Carretera Austral, el litoral e interior de Atacama, la Tierra del Fuego, y siguiendo al Dakar los años que estuvo en Argentina y Chile. Luego pasé por etapa de grupos más reducidos, con uno o dos amigos, e inclusive rutas en solitario (para mí siempre las mejores), abriendo rutas más cortas y haciendo circuitos por el día.

Un día me dije “llevo ocho años arriba de un ATV y nunca me caí ni estuve cerca de un accidente, ni yo ni mis compañeros de ruta. Es momento de bajarme y subirme a un UTV”. Los UTV, o buggy como también se conocen, perdonan más, como decimos en este mundo. Si vas fuerte y no ves un corte en una duna probablemente en el buggy no pase nada y en un ATV te puedes caer, y si caes en la moto te golpeas mientras que en el buggy con su jaula y cinturones de 4 o 5 puntas quedas muy protegido. Ahí le vendí mi moto a uno de mis amigos de ruta y compré el primer buggy, un 570 que me duró sólo cuatro meses y renové por el de la foto, un 1.000 full equipado con muy buenas prestaciones.

Con este buggy compartimos con amigos en las dunas de Ritoque, en Putú, y lo tengo con dos configuraciones, para jugar por el día y para viajes largos. Demoro un par de horas en cambiar y montar/desmontar las partes como parabrisas, escapes, bidones extras, equipo de audio, toldo, radio VHF y GPS, y neumáticos y repuestos según sea el plan de ruta.

Recomiendo este mundo, es toda gente muy sana que va en familia, con sus hijos, y se va conociendo en cada ruta a más gente que finalmente es la que le da la riqueza a la actividad. Los fierros importan pero de lo que se trata es de salir y llegar todos juntos. Como siempre digo a quienes quieren iniciarse en este mundo, hay cuatro cosas que deben estar alineadas: el juguete (en este caso un UTV), los accesorios (uno siempre encuentra algo más para instalarle y en eso nos entretenemos de lunes a viernes), el tiempo para salir a rodar y los amigos con quienes disfrutar.

Diego Matas es presidente del Comité de Hortalizas, Hortach, y gerente y fundador de la empresa De nuestra Tierra

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