Por Mundoagro.cl el 26 febrero, 2018

En busca de conexión

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pesca

A los cuatro años de edad, con mi padre hacíamos inolvidables paseos a la cordillera, en la zona central, lugar con paisajes maravillosos y únicos, en donde uno no respira más que esa sensación de libertad. El solía sostenerme junto a una roca para que pudiera pescar y además estar quieto. Fueron esas inspiradoras vivencias y el pasar de los años los que me ayudaron a forjar mi carácter y, sobre todo, caer en cuenta de lo que quería para mi vida.

De un tiempo hasta ahora, el deporte ha evolucionado en mí y cada año hago rutas de trekking buscando combinarlas con la pesca de río. A propósito de esto, adquirí un Zodiac con el cual recorro algunos lagos y desembarco en orillas poco frecuentadas, desde donde hago mis recorridos previamente trazados, que luego traspaso a mi reloj y así lo hago más seguro y dinámico.

En ocasiones voy acompañado de mi familia, con quienes hemos hecho rutas a caballo y hemos logrado llegar a lagunas que limitan con la frontera con Argentina y, obvio, ¡acompañado con pesca de trucha muy buena! En estos paseos, que duran alrededor de 4 o 5 días, te conectas mucho más con las personas y sus emociones, sin celular, y absolutamente solos con la naturaleza. Es un tiempo para compartir, noches de carbón y un buen asado, con un cielo estrellado de maravilla y para pasar el frio un buen cabernet, para luego, por la mañana, explorar recorriendo rutas.

Durante cuatro años me dediqué a seguir los ríos donde desova el salmón, en el sur de Chile, y la verdad ya sea por falta de experiencia sumado al factor suerte, no podía pescar uno de estos ejemplares que son realmente hermosos. ¡Hay ejemplares que pueden pesar hasta 30 kilos! Son unas bestias indómitas que, si tienes la suerte de que muerdan tu señuelo la verdad, te cambia la vida. Es impresionante su fuerza. Pueden sacarte 50 metros de lienza de un tirón y la pelea que tienes que dar nunca dura menos de media hora. Cuando lo tienes en la punta del sedal, hay que cultivar la paciencia, contener la emoción y tratar de adivinar cuál será su próxima movida para poder anticiparte. Simplemente maravilloso cuando ya lo tienes bajo tu dominio.

Es aquí donde me doy cuenta de que somos parte de un todo y que cada aventura me deja alguna enseñanza. Por ejemplo, les puedo contar de un Chinook que lo tenía muy cerca de mí. Luego de 40 minutos de lucha, no se rendía. Cansado se viró y se puso de costado (signo de que está muy cansado y ya es prácticamente tuyo) me acerqué muy seguro de la victoria y… se dio vuelta e hizo su último esfuerzo enfilando a la corriente de agua que corría y zafó, se fue. Me quedé con mi caña vacía y luego de un rato de que pasara la adrenalina pensé: qué buena lección me dejó este bicho, ni por muy cansado que estuviera se rindió y, claro está, ganó la batalla. Al final del día es un problema de actitud.

Carlos Díaz Hernández es Ingeniero Agrónomo, Magister en Agronegocios y comercio internacional (IEDE España). Trabaja como Zonal Zona Sur de Bayer cropScience.

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