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Abiertos al ingenio: Innovación en sistemas de techos corredizos

Abiertos al ingenio: Innovación en sistemas de techos corredizos

Mundoagro
Abiertos al ingenio: Innovación en sistemas de techos corredizos

Una empresa chilena desarrolló un sistema complementario para los techos corredizos, que facilita su apertura y cierre, disminuyendo los tiempos y costos de operación para un mejor uso. Con oficinas en Londres, el sistema ya generó gran interés en Europa.

A veces el nombre de una empresa o producto es una mera formalidad. A veces, en cambio, es todo una declaración de principios. Y ese es el caso de Wayki, que en mapugundun significa lanza. Esto no sólo describe al producto sino que también hace referencia a la intención de abrir un camino con su tecnología y a dejar en claro desde un inicio de que se trata de un concepto nacido en Chile, lo que cobra un especial valor si se considera que su mayor éxito hoy día está en el exterior.

Los diversos eventos climáticos, como lluvias inoportunas o granizos masificaron la tendencia del uso de techos corredizos para proteger los cultivos. Y si bien es cierto que en gran parte han logrado evitar ese problema, también lo es que han generado otros. Según explica Cristián Bustamante, socio fundador de Normatech, la consultora de I+D que desarrolló Wayki, cuando deja de llover y los techos están desplegados, aumenta la temperatura y la fruta se ablanda. En este escenario, se genera el problema de cómo abrir oportunamente los techos en plena temporada, cuando la mano de obra es escasa y costosa.

Así, la mejor tecnología, cuando no puede ser bien ejecutada, se convierte más en un problema que en una solución. “Realizar esta labor en una hectárea requiere de 10 jornales a tiempo completo. Es decir, 10 hectáreas, requieren 100 jornales. Para esta problemática es que nace Wayki, un sistema capaz de reducir el número de 100 a un solo jornal para abrir o cerrar techos de 10 hectáreas, con un mecanismo simple, limpio y altamente productivo”.

La innovación se compone de un circuito cerrado que se monta sobre la copa de los techos, y sobre el cual recorre un artefacto que los arrastra. Todo esto es traccionado por un ´winche´ que se acciona con la potencia de un taladro inalámbrico. De esta manera, el sistema se acopla a la estructura existente de los techos, sin necesidad de modificarla y permitiendo su uso manual en caso de ser necesario. Asimismo, no requiere de inversión en grandes motores.

De acuerdo a Bustamante, el gran aliado para esta tecnología son los asesores o las áreas técnicas. “Ellos le dicen al agricultor ´necesito que ocupes tu techo solo para cuando vaya a llover y que cuando termine de llover lo abras para que pueda salir la humedad y la fruta no se vea afectada´. Pero después es el administrador o el dueño el que dice ´quizás van a llover 2 mm y no tengo la capacidad humana para hacerlo tan rápido´ y, como tal vez hay un pronóstico de que la semana próxima va a volver a llover, deciden mejor dejar el techo estirado y el cultivo cubierto”. Entonces lo que esta innovación viene a solucionar es que la apertura y cierre de los techos responda a motivos técnicos y no en base a la disponibilidad de mano de obra.

Si bien cubrir los huertos supone una mayor seguridad ante los posibles problemas climáticos, esto no es gratuito: la pérdida de firmeza es el precio a pagar. “Durante todo su desarrollo, las cerezas bajo cubierta pierden hasta 10 puntos Durofell en comparación con la descubierta”, señala. De ahí que surge la necesidad imperiosa de un mayor dinamismo en la operación de esta tecnología.

Hace dos años las lluvias en Copiapó y Vicuña dejaron en claro la vulnerabilidad de ciertas estructuras cuando no cuentan con la opción de abrirse y cerrarse de inmediato. Según recuerda Bustamante, tras la caída de un aguacero y nieve, las mallas para sombreo no resistieron. “Los agricultores contaban ´yo me quedé mirando cómo mis techos y mis cubiertas empezaban a acumular y acumular granizo y no podía hacer nada´. Por eso creo que este sistema funciona también como un seguro. Hay que ver el negocio completo”.

En la misma línea, Bustamante destaca que con Wayki hoy se puede pensar en ocupar cubiertas con distintas funciones en un mismo huerto. “Teniendo una operación rápida y eficiente de las cubiertas, es posible proteger la fruta de la lluvia, pero también tener una malla sombreadora en la misma estructura para ciertas épocas del año y combinar efectos que, bajo la realidad actual, era imposible pensar”.

Uno de esas posibilidades es pensarla por sus beneficios como barrera física para las amenazas fitosanitarias, lo cual permite reducir en gran medida el uso de químicos. Entre otros, ese es uno de los argumentos que explican el éxito de Wayki en Europa, donde la producción orgánica está tan expandida.

ÉXITO EN EL EXTERIOR

Si bien la génesis de Wayki es por completo chilena, sus creadores fueron conscientes de que su principal rasgo, el de adaptarse a cualquier sistema, le permitiría también ser usado en otras realidades. Por eso, tan pronto como fue desarrollado, fue patentado para todo el mundo. En ese proceso recibieron llamadas desde distintos lugares del mundo, y en especial EE.UU. y Europa. En 2018 decidieron abrir en Londres una oficina de representación de la marca para explotar el mercado europeo.

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Los tres socios de Wayki son Cristián Bustamante Volpi, Ingeniero Agrónomo PUC, Jorge Prieto Domínguez, Diseñador Integral PUC, y Rodrigo Petric Araos, Ingeniero Comercial PUC, MBA U. de Chicago.

La conquista del viejo continente se inició en Noruega, donde existe producción de cerezos en los fiordos. El problema local son los vientos, que exigen una rápida apertura de los techos para no sufrir consecuencias en las estructuras. Sin embargo, la recepción fue menor a la esperada dado que los predios son muy pequeños, inferiores a una hectárea. Pero la empresa tendría su revancha en Alemania, Italia y España.

El segundo paso fue Alemania, donde llegaron por primera vez en 2018 a mostrar de qué trataba el sistema. Ya en 2019, en una segunda visita, este interés se concretó en pedidos de instalación, en especial en la zona de Stuttgart.

Algo similar ocurrió en Italia. Allí hubo pedidos de productores de manzanas y cerezas de Trentino, Milán y Padova, donde incluso la Universidad de la ciudad se interesó en ver el sistema como un método para protección de plagas, para evitar el uso de agroquímicos. “Al usar un método físico, necesitaban que pudiera abrirse y cerrarse rápido dado que si no les perjudicaba la calidad de producción”. Como consecuencia de esta buena recepción, en 2019 están por cerrar un acuerdo
con un distribuidor importante de cubiertas de Italia.

Abiertos al ingenio: Innovación en sistemas de techos corredizos
La innovación se compone de un circuito cerrado que se monta sobre la copa de los techos, y sobre el cual recorre un artefacto que los arrastra. Todo esto es traccionado por un “winche” que se acciona con potencia de un taladro inalámbrico.

También recibieron requerimientos de Canadá y EE.UU., y hace poco en la zona norte de México se iniciaron pruebas con manzanas. Así, la expansión de Wayki parece iniciar un camino que puede cambiar la forma en que se concibe el uso de las cubiertas para huertos. En Chile, sin embargo, el desarrollo comercial es menor.

“Al ser un producto desarrollado en Chile, por chilenos y para la realidad chilena, quizás muchos agricultores no creen el cuento sólo porque no viene de EEUU o Europa”, opina Bustamante. Con la fuerza del ingenio, Wayki se abre camino como una lanza en cada vez más huertos. Y con un mercado de techos más maduro que hace unos años, los agricultores chilenos quizás empiecen a tomar nota de este desarrollo que tanto llamó la atención en Europa.

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