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Al rojo vivo

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El tomate es un fruto muy   importante   nutricionalmente,  debido  a  su  gran  contenido  de  vitaminas   y   antioxidantes.   Según   el   USDA,   100g   de   tomate   aportan vitaminas B1 (3%), B3 (4%), E (5%),  A  (6%),  B6  (8%)  y  K  (17%),  además  de  aportar  con  moléculas  carotenoides   antioxidantes   como   b-Caroteno,  luteina,  zeaxantina  y  licopeno.  La  producción  de  estos  metabolitos   puede   verse   alterada   debido a factores climáticos, lo cual está   indirectamente   relacionado   con el rendimiento.

Por ejemplo, el carotenoide licopeno le otorga la coloración roja al tomate,  pudiendo  disminuir  bajo  ciertas  temperaturas  provocando  un retraso significativo en la cosecha. Por otro lado, durante el verano el  exceso  de  temperatura  afecta  el  desarrollo y maduración del fruto y hacia finales de éste las bajas temperaturas impiden una maduración uniforme a cosecha. Por esta razón es que la producción de tomates tardíos en las regiones de Valparaíso, Metropolitana y O ́Higgins implica ciertas complejidades a cosecha que son importantes destacar.

Hay que empezar por entender por  qué  se  producen  estas  alteraciones de color a nivel celular para poder corregirlas a tiempo y para eso es importante recordar los requerimientos  térmicos  del  cultivo.  Los  tomates pueden ser cultivados por un mínimo de tres a cinco meses en un clima templado libre de heladas mientras  las  temperaturas  estén  sobre  los  16ºC,  donde  se  consideran  temperaturas  óptimas  de  crecimiento y desarrollo reproductivo entre los 25 a 30ºC durante el día y 16 a 20ºC durante la noche. Para la cuaja las temperaturas ideales están entre 18 y 24ºC. La cuaja tiende a ser significativamente mejor bajo temperaturas promedio de 15ºC y sobre los  30ºC.  Durante  el  verano,  temperaturas  sobre  los  32ºC  pueden  ser  perjudiciales  para  obtener  un  rendimiento  óptimo,  debido  a  que  las  altas  temperaturas  interfieren  con la viabilidad del polen y el óvulo.

Andres-1-570x570Finalmente,  con    temperaturas  sobre los 40ºC no se produce cuaja. En  términos  productivos,  las  temperaturas óptimas para maduración de fruto y desarrollo de color están entre los 20 y 24ºC. En caso de ser estas las temperaturas, la síntesis de licopeno puede ocurrir incluso de noche. Sin embargo, durante el verano,  estas  condiciones  óptimas  pueden no darse, por lo que en estos momentos  es  importante  tomar  decisiones  que  ayuden  al  cultivo  a  madurar correctamente.

Dentro de los  cromoplastos,  organelos  sub-celulares  donde  se  sintetizan  y  se  almacenan los pigmentos asociados a maduración del fruto, las temperaturas  sobre  los  32ºC  merman  la  síntesis de licopeno por una disminución en la actividad de las enzimas relacionadas con la producción de este antioxidante.

Bajo estas temperaturas los frutos tienden a presentar una coloración  amarillenta  o  anaranjada,  en  vez de un color rojo profundo. Otro proceso fisiológico importante que ocurre durante el verano, es que, a temperaturas  muy  altas  como  las  mencionadas, la degradación de la clorofila se desacelera por lo que los tomates tienden a permanecer verdes por un tiempo más prolongado.

Prácticas culturales

Una  de  las  prácticas  culturales  que pueden ayudar a colorear el fruto cuando las temperaturas del verano comienzan a descender sería el deshoje, ya que la luz acelera el desarrollo del color del fruto y aumenta su intensidad.

Para el caso de tomates en invernadero, cuando la temperatura ambiente es muy alta, se requiere ventilación adicional para regularla, por lo tanto, en los días de mucho calor, abrir el invernadero o poner en funcionamiento los sistemas de ventilación es de suma importancia.

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Ahora bien, para un buen funcionamiento de un invernadero y aprovechar al máximo el CO2 atmosférico, las variables de temperatura y luz no pueden ser limitantes, tanto en exceso como en deficiencia.

Buscar soluciones para ambos casos considera costos importantes, por lo que la elección de un mulch adecuado es determinante. Por ejemplo, utilizar aquel que nos ayude a reflejar la luz en casos de que esta no sea la óptima ocasionando que los tomates cercanos a cosecha  no  estén  coloreando  de  forma  adecuada,  como  para finales de verano. Esta podría ser una solución más accesible que invertir en un sistema de control de temperatura y luminosidad eléctrico.

Algunas alternativas para estimular una cosecha adecuada es acompañarla de una correcta fertilización  y  bioestimulación.  Durante  floración  a  cuaja  considerar aplicaciones de calcio, zinc, y boro, manteniéndolas durante el desarrollo del fruto, pensando en un correcto desarrollo del tubo polínico, de la mano con mejorar la elasticidad de membranas y teniendo un efecto positivo en la firmeza de los frutos a cosecha. Desde la aparición de los primeros frutos hasta cosecha, añadir aplicaciones de potasio y manganeso, con el fin de estimular el movimiento de azúcares y la turgencia de la planta. Por último, previo a cosecha la aplicación de productos bioestimulantes o formulaciones que contengan aminoácidos, microelementos, glutatión, glicin betaína y fosfitos, pueden estimular una correcta maduración del fruto con un calibre adecuado, además de lograr un efecto de mejorar la condición de post cosecha del tomate.

Considerar  las  opciones  mencionadas  podría  ayudar a los frutos de tomate a colorear de forma más uniforme y mantener la calidad nutricional del fruto, tomando en cuenta que los problemas arrastrados desde el verano con las altas temperaturas, pueden repercutir en cosecha si es que las plantas tuvieron que pasar por una significativa intensidad y duración de estrés abiótico dadas las condiciones ambientales del verano.