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Apicultura 2.0

Apicultura 2.0

Mundoagro
Apicultura 2.0

Desde 2006 las abejas se han ganado un espacio en la agenda noticiosa, cuando en EE.UU. se identificó el trastorno del colapso de colonias (Colony Collapse Disorder o CCD en inglés), un fenómeno que ocurre cuando la mayoría de las abejas obreras en una colonia desaparecen y dejan a la reina con unas pocas abejas nodrizas para cuidar a las abejas inmaduras restantes.

Hay controversia sobre si el CCD continúa siendo una amenaza o no, pero lo que sí es seguro es que causó una baja de casi una cuarta parte de la población de abejas de Estados Unidos. Esta historia se convirtió en noticia mundial y cobró fuerza, en parte, gracias a la publicación en agosto de 2013 de una famosa portada de la revista Time acompañada del titular “Un mundo sin abejas”.

Sin duda, este fue un evento preocupante y útil a la vez. Preocupante porque puso mucha presión a los agricultores pues había que polinizar los cultivos con muchas menos abejas; y útil porque el nivel de conciencia y preocupación por el valor y cuidado de las abejas creció notablemente alrededor del mundo. Gracias a eso se dio un vuelco hacia el desarrollo apícola que movilizó a investigadores, emprendedores, inversionistas y científicos, entre los que me incluyo.

Mi interés por invertir y promover que otros inviertan en esta área nace de la constatación de que hay oportunidades interesantes para mejorar, con ciencia y tecnología, el desarrollo y generación de productos derivados de la colmena.

Como científico, creo que es preciso educar a otros sobre la apicultura, que involucra mucho más que la producción de miel. De hecho, hoy se comercializan miel, insectos vivos (reinas y colmenas), servicios de polinización, polen, propóleos, jalea real, cera y servicios de apiterapia. Ahora, si a eso se le suma ciencia y tecnología, las aplicaciones y productos pueden llegar mucho más lejos.

En Chile hay, con fortuna, empresas desarrolladoras de tecnología en esta área. Una de estas es el Consorcio de Desarrollo Tecnológico Apícola, donde se han propuesto hacer investigación para agregar valor a las colmenas chilenas, con miras a desarrollar productos del tipo nutracéutico y dermocosmético para el mercado global.

Para ello, junto a entidades de investigación de primer nivel, han analizado materias primas de todo el país para identificar aquellas mieles y propóleos con mayor actividad antibacteriana y antioxidante. Durante 2018, a partir de los resultados obtenidos contra las bacterias que causan el acné, lanzaron Alun, un tratamiento 100% natural para el acné que se deriva de investigaciones en miel. Es un ejemplo de la unión entre ciencia y naturaleza para la salud de la piel.

También han desarrollado Beefood, un complemento nutricional de las abejas que permite mejorar la supervivencia de las colmenas en invierno entregando las proteínas, energía, vitaminas y oligoelementos que necesitan.

Dentro de este mundo, he de destacar un par de cosas fascinantes: primero, Chile está liderando los esfuerzos en investigación y desarrollo tecnológico en apicultura en el continente. De hecho, desde Chile se dirige la red de salud apícola latinoamericana, una iniciativa que busca mejorar las prácticas apícolas y la salud de las poblaciones de abejas, para alcanzar producciones acordes a las exigencias de calidad, inocuidad y trazabilidad que requiere la agroindustria. Este esfuerzo cuenta con el apoyo del Bee Care Center de Bayer AG, Alemania.

Segundo, hay mujeres muy potentes involucradas en el desarrollo de esta industria. Tomando en cuenta que el 68% de los apicultores en Chile son hombres, me parece notable que varias posiciones clave en la industria las ocupen destacadas mujeres.

Solo por nombrar algunas, reconozco a la Dra. Pilar Parada, Directora Ejecutiva del Centro de Biotecnología de Sistemas de Fraunhofer Chile Research; a Paulina Cáceres, Gerente General Consorcio Desarrollo Tecnológico Apícola, y a la Dra. Mayda Verde, investigadora de amplia trayectoria hoy vinculada a Fraunhofer Chile Research.

En términos generales, la investigación en apicultura se está enfocando en la prevención y control de las enfermedades que afectan a las abejas, en particular se investiga cómo controlar al Varroa Destructor, un ácaro (pariente de las garrapatas) que ataca a las abejas generalmente en invierno y absorbe los nutrientes desde la hemolinfa de la abeja debilitándolas por completo.

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Sin duda, la salud apícola hay que verla desde una perspectiva multifactorial. Apis mellifera es una especie emblemática y su bienestar puede entenderse como un indicador del estado de salud del planeta. Si bien Chile, en términos absolutos, es un productor pequeño (en el país hay cerca de 5.000 apicultores y unas 800.000 colmenas) está muy bien posicionado para explotar un modelo de apicultura premium (como lo ha hecho con éxito Nueva Zelanda) y diferenciarse así de productores como China (el primer productor de miel en el mundo), que opera bajo un modelo indiferenciado con un gran volumen de producción a precio unitario bajo.

Solo con una inversión sostenida y estratégica en ciencia y tecnología aplicada a la apicultura podremos llegar a tener un modelo diferenciado. Ya hay señales interesantes en esa línea. La miel chilena es reconocida por su excelente calidad y características en los mercados más exigentes del mundo, como Europa, y dentro de ella Alemania, que compra el 70% de nuestra exportación de miel.

Al trabajar sobre bases científicas para mejorar la salud de las abejas, estamos haciendo una importante contribución a la producción de alimentos, tanto a través de la polinización como del desarrollo de nuevos productos a partir de las colmenas. Gracias a la crisis de CCD hoy las abejas son muy valoradas por la población mundial.

Por: Cristian Hernández-Cuevas, director de negocios de la Fundación Ciencia y Vida