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Carmenère: cómo se convirtió en la mejor representante de Chile

Carmenère: cómo se convirtió en la mejor representante de Chile

Carmenère: cómo se convirtió en la mejor representante de Chile

El presente artículo busca entregar una visión histórica del contexto de cómo se fue desarrollando en el país la cepa Carmenère, a partir de su identificación en noviembre de 1994 en el marco del VI Congreso Latinoamericano de Viticultura y Enología organizado ese año por la Asociación Nacional de Ingenieros Agrónomos Enólogos de Chile, que presidía en aquella época Philippo Pszczólkowski. La posterior inserción comercial de la variedad no se entiende sin describir primero el contexto de la industria chilena del vino en los mercados internacionales, donde la oficina gubernamental de Prochile jugó un rol de suma relevancia.

ANTECEDENTES DEL COMERCIO DEL VINO CHILENO

En los años 80 se inicia la apertura internacional de nuestro país, se potencian las exportaciones y se eliminan las protecciones a la industria nacional, incluido el vino, lo cual lleva a la quiebra de muchas bodegas. En contraste, empresas vitivinícolas, como José Cánepa y Miguel Torres, ven en las exportaciones el futuro e invierten en Chile. Finaliza la década con la crisis del sorbitol en el Reino Unido, que produjo un fuerte impacto en las bodegas chilenas y el quiebre de las acciones de promoción internacional del vino que se habían iniciado con éxito en Estados Unidos por parte del sector privado y público chileno.

A principios de los años 90 la imagen de Chile a nivel mundial era poco conocida y las exportaciones de vino chileno eran bajas. La industria nacional se caracterizaba por una baja inversión, limitada infraestructura y pocos actores. Las medianas y pequeñas empresas de vino eran pocas y vendían sus productos principalmente a las empresas grandes en el mercado interno, y enfrentar el mercado externo era un desafío lejano e imposible.

Estábamos en la era predigital, las comunicaciones eran básicas, principalmente con telefonía fija de un alto costo. Comunicarse era lento y caro, ya sea dentro del país o con el mundo exterior. La información comercial disponible acerca de oportunidades en los mercados internacionales era limitada, acceder a ella tenía un alto costo y requería destinar tiempo. La gran disposición y apoyo de Douglas Murray, de Viña Montes, fue clave en este proceso, ya que con su amplia experiencia entregó información relevante para la industria y a quien lo necesitara.

Carmenère: cómo se convirtió en la mejor representante de Chile

Por otra parte, ProChile, la Dirección de Promoción de Exportaciones dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores, contaba ya en esta época con una red de Oficinas Comerciales a nivel mundial y con una red de Consulados y Embajadas de Chile en el exterior, herramientas muy importantes en esta etapa.

En el ámbito del comercio internacional, Chile inició acciones para formalizar su comercio con el mundo; así se firmaron un gran número de acuerdos y tratados comerciales, entre ellos con Canadá, México, Mercosur, Estados Unidos, resto de América y Europa. Destaca el Acuerdo de Asociación y Cooperación entre Chile y la Unión Europea firmado en 2002, como uno de los más importantes para los productos chilenos y sobre todo para el vino. Chile negoció con la zona productora más importante de vinos, a la que destinaba en esa etapa al menos el 50% de sus exportaciones de este producto, por lo que debió trabajar intensamente tanto el sector público como el privado. Las conversaciones de ProChile se iniciaron tempranamente en el año 1996: en el sector público destaca la Direcon, el SAG, con el enólogo Víctor Costa como contraparte, y en el sector privado, Douglas Murray y el equipo liderado por Federico Mekis.

La presidencia de la OIV, Organización Internacional de la Viña y el Vino, en esos años recayó en el enólogo chileno Alejandro Hernández, lo cual contribuyó positivamente en las acciones promocionales del vino, especialmente en Asia.

Carmenère: cómo se convirtió en la mejor representante de Chile
Primera etiqueta de vino Carmenère en Chile. Viña Carmen.

ProChile reinició las acciones promocionales del vino en el año 1992 con empresas pymes. En un año se habían captado más de 15 empresas pymes. Este rápido aumento del grupo obligó a organizarlos constituyéndose así Chile Vid, apoyado como un programa de Corfo, así como luego se creó la Corporación Chilena del Vino. Al crecimiento del número de bodegas participantes se sumó una gran cantidad de acciones promocionales a las ya habituales, como eran las ferias internacionales de vino: London Wine Trade Fair, Vinitaly, Mondial du Vin (Bruselas) y Vinexpo.

Así se iniciaron acciones del vino de Chile en Reino Unido, la generación de Wines of Chile UK. En Asia hubo actividades en Japón, Hong Kong, Taiwán, Singapur, Tailandia, Corea del Sur y China y la participación de Chile en la feria Vinexpo Hong Kong. En Europa se extendieron las acciones a Escandinavia: Suecia, Noruega, Finlandia y Dinamarca y, en paralelo, se iniciaron las acciones en Alemania, Bélgica, Holanda incluyendo la importante feria Prowein, más otras innumerables acciones. En 1998 ya se contabilizaban 45 empresas participando con acciones promocionales en todo el mundo, en el cual las Oficinas Comerciales de Chile tuvieron un rol fundamental.

Para inicios del siglo 21 comienzan las conversaciones para Tratado de Libre Comercio con Asia. En ese entonces el vino chileno ya estaba en gran parte de Asia. Las negociaciones del Tratado de Libre comercio con China se iniciaron tempranamente en el 2004 y finalizaron con su firma en el 2005.

EL DESPEGUE INTERNACIONAL

Integrarse al mundo en los años 90 requirió coordinar un enorme número de variables, de manera de presentar en forma armónica a un producto como el vino chileno. Lo requerido ya estaba realizado, sin embargo, siempre faltaba algo.

Asia era desconocido para muchos, un continente enorme, de gran complejidad, diferentes culturas, costumbres, idiomas y forma de hacer negocios, que exigía dedicar tiempo y esfuerzo. Las empresas de vino no consideraban de interés estos mercados, ya que el consumo per cápita de vinos era bajo y algunos de ellos, musulmanes, no consumen vinos. Para las empresas significaba invertir mucho tiempo y dinero para presentar los vinos chilenos. Una vez más ProChile fue significativo gracias a un equipo unido que trabajó con visión de largo plazo.

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Estudio de genoma de Carmenère, en Viña Casa Silva.

Los vinos de Chile comenzaron a llamar la atención por su calidad y bajo precio. Se mencionaban junto a los vinos del Nuevo Mundo como Estados Unidos, Australia, Nueva Zelandia y Sudáfrica. Pero con el tiempo se tuvo la impresión de que se requería de un factor diferenciador que permitiera destacar. Chile presentaba muchas cosas buenas (vino, paisajes, su gente) pero a pesar de todo el esfuerzo por transmitir sus ventajas, no tenía cómo distinguirse del resto de la competencia.

En el año 1994 la visita a Chile del ampelógrafo francés Jean Michel Boursiquot, en el marco del Congreso Latinoamericano ya mencionado, recorriendo las viñas chilenas descubrió que el famoso “Merlot chileno”, aquel que los expertos señalaban como único, diferente al resto, no era Merlot sino Carmenère. En la bibliografía, Carmenère se señalaba como una cepa desaparecida en Francia después de la plaga de la filoxera, que había sido utilizada antaño en las mezclas de grandes vinos del Médoc francés, otorgándoles elegancia y distinción. En la replantación del viñedo bordelés, sobre portainjertos de vides americanas, su uso no prosperó y fue reemplazada por Merlot.

En los programas de promoción del vino chileno, se incorporaba la visita de expertos extranjeros a Chile. En eventos organizados en las Viñas Torreón de Paredes y Viu Manent, en ese tiempo junto a sus dueños, Amado Paredes (QEDP) y Miguel Viu (QEDP), periodistas especializados tales como Joshua Greene, de Estados Unidos, y el famoso sommelier Sinya Tasaki, de Japón, entre muchos otros, insistían en señalar que el “Merlot chileno” era único, suave, elegante y distinguido, a diferencia del resto del Merlot que habían probado en otros países, que era más intenso y agresivo a la boca.

Carmenère: cómo se convirtió en la mejor representante de Chile

Comenzó así la oportunidad de difundir la variedad Carmenère: contar al mundo qué había ocurrido en Chile, su historia, y sus cualidades, partiendo con acciones promocionales en Asia en el año 97 y luego en Europa. La noticia se difundió rápido en los medios especializados, causando gran interés ya que por fin el famoso “Merlot chileno” ese vino especial, único, tenía una razón, una historia.

Fue muy importante el valioso aporte del enólogo Alejandro Hernández, en su categoría de presidente de la OIV, dándole gran valor al relato con su conocimiento técnico. También el apoyo del único máster sommelier chileno, Héctor Vergara, que fue fundamental en todas las acciones llevadas a cabo en Asia y en Europa.

LAS PRIMERAS ETIQUETAS DE CARMENÈRE

Por otro lado, la industria comenzó a responder frente a este nuevo escenario: primero apareció la etiqueta con la mezcla Grande Vidure – Cabernet Sauvignon cosecha 1994 de la Viña Carmen, creada por el enólogo Álvaro Espinoza, apelando a una sinonimia bordelesa de la variedad, dado que en esa época aún no estaban registradas las plantaciones bajo el nombre de Carmenère. Al año siguiente se etiquetó un Carmenère de la Viña De Martino creado por la enóloga Adriana Cerda. Hacia el año 1998 ya había varias viñas que etiquetaban esta cepa y en junio de 1999 el Concurso Catad’Or Hyatt otorgó la primera Gran medalla de Oro a una etiqueta Carmenère.

Gracias a ello, desde su redescubrimiento, la identidad de la Carmenère se ha ido consolidando como variedad emblemática de Chile, que no significa quitar protagonismo a otras variedades que se dan muy bien en Chile sino llamar la atención del mundo sobre algo único del país. En este sentido, uno de los eventos que ha puesto el mayor esfuerzo en mostrar lo orgullosos que estamos de este producto diferenciador ha sido el concurso “Carmenère al Mundo”, organizado desde el 2006 por la Asociación Nacional de Ingenieros Agrónomos Enólogos de Chile.

CARMENÈRE COMO VARIEDAD PURA

A partir de entonces, la industria comenzó a separar la Carmenère del Merlot en el viñedo, comenzaron las plantaciones y reconversiones de cepas en los principales valles: Maipo, Colchagua, Maule. ¿Qué hacer con la Carmenère? Inicialmente se produjeron vinos inferiores a 30 dólares FOB la caja, mientras algunos opinaban que debía ir siempre en mezcla había otros que decían que era mejor como variedad pura para convertirse en el emblema de la industria vitícola chilena. Los primeros vinos producidos 100% con la variedad acusaron notas vegetales, baja acidez, con perfiles aromáticos de pimentón verde y una fuerte tendencia a la producción de compuestos azufrados en su desarrollo en botella.

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Vendimia en Valle de Rapel

La industria, así como las universidades, comenzaron a investigarla desde todo punto de vista. Primeramente, se definió como variedad de ciclo largo con maduración tardía; posteriormente se estudiaron los tipos de suelo a los cuales era más apta. Según Mario Geisse, enólogo director técnico Viña Casa Silva, es una variedad muy exigente en suelos, más aún que el Cabernet Sauvignon. Su clave cualitativa es que pueda brotar en primavera con suelos bien drenados, sin exceso de humedad, de lo contrario producirá una tendencia a los aromas vegetales y mostrará un desequilibrio entre alcohol y acidez. Una de sus bondades más peculiares es la calidad de sus taninos que mayoritariamente se muestran maduros, de baja intensidad, originando un vino muy amable y agradable de beber así también como su intenso color.

Álvaro Espinoza, enólogo de Viña Antiyal, coincide con Geisse complementando que se adapta muy bien a suelos manejados en forma orgánica, cuya base de fertilización es con compost, y que necesita una buena acumulación de días grados para su plena madurez.

De acuerdo con Sebastián Labbé, gerente técnico Viña Santa Rita, desde el año 2003-2004, la Carmenère tuvo un alza en las ventas y la superficie aún era limitada. Hoy se cuentan en Chile alrededor de 11.000 hectáreas. Él mismo señala que el aprendizaje de estos 25 años los ha llevado a plantar en el valle de Apalta, en Colchagua, con un manejo sin riego (dry farmed) con excelentes resultados para sus vinos de alta gama.

Uno de los actuales problemas de la variedad es su productividad. Al respecto hay avanzados trabajos en mejorarla, como los estudios realizados por Philippo Pszczólkowski sobre anillado de cargadores, así como también la combinación clon-portainjerto. Al respecto, las investigaciones realizadas por Viña Casa Silva han determinado la presencia de solo dos clones genéticamente diferentes, de un estudio sobre 42 selecciones masales.

INSERCIÓN EN EL ÁMBITO MUNDIAL

A lo largo del tiempo, la variedad Carmenère se ha convertido en la variedad que destaca a Chile. Asia, Europa y el resto del mundo la reconocen como un elemento diferenciador y nuestra más fiel bandera de presentación. Sylvia Cava, enóloga y jurado de concursos internacionales, ha podido verificar esto en terreno desde el año 2006. Trabajando junto al Concours Mondial de Bruxelles como jurado, pudo observar que la Carmenère es la variedad más destacada en los certámenes nacionales e internacionales.

Carmenère: cómo se convirtió en la mejor representante de Chile

Sylvia nos cuenta que, como jurado del Concours Mondial, “constaté un interesante proceso, al degustar los vinos de otros países, pude observar cómo muchos vinos iban adquiriendo un estilo tipo Carmenère, en cuanto a suavidad y elegancia”. Muchas veces jurados de mercados compradores señalaban “Carmenère, lo mejor del concurso o lo mejor del día” frente a vinos franceses e italianos.

No solo los jurados expertos son aficionados al vino de la variedad Carmenère, el consumidor en general tiene una gran aceptación por este vino, sus características lo hacen muy atractivo, suave, de buen color, elegancia y versatilidad gastronómica, ya que puede ser consumido con todo tipo de alimentos desde carnes rojas, blancas, pescados y salsas etc., factor importante a la hora de considerar el presupuesto del consumidor.

En la actualidad la cepa se ha comportado de forma muy plástica dentro del territorio nacional, originando distintos vinos según su terroir, se ha avanzado en su técnica de cultivo, su forma de vinificación y su crianza se ha ido haciendo más precisa en función del estilo de vino que se desee producir. En lo comercial, lentamente ha ido tomado mayores precios en los mercados internacionales y las viñas poco a poco la han ido incorporando en sus mezclas de vinos de alta gama, así como también de vinos íconos.

Chile tiene un amplio potencial para la producción de vinos de calidad. La Carmenère es la variedad más valiosa de Chile, ya que ha sido capaz de distinguirnos del resto de los países productores de vinos del mundo, y nuestra labor como enólogos es continuar haciéndola aún más grande y única, cultivarla y cuidarla para producir el gran vino que es.

Este artículo se ha construido en base a la valiosa cooperación de la enóloga Sylvia Cava y a los testimonios recogidos en el reciente Seminario organizado por WIP, de la periodista Mariana Martínez, donde estuvieron presentes entre otros invitados, Philippo Pszczólkowski, Álvaro Espinoza, Mario Geisse y Sebastian Labbé

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