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De la capacidad de prever a la de ser resilientes

De la capacidad de prever a la de ser resilientes

Que las palabras sean incómodas

El último fin de semana de enero, una vez más el sector se vio afectado por un intenso e inesperado frente de mal tiempo que perjudicó fuertemente a algunos rubros más que otros, teniendo en los más afectados el carácter de catástrofe agrícola. Como muchas veces pasa, y no sólo en la agricultura, el mayor o menor efecto tiene mucho que ver con el momento en que ocurre. En este caso, nos sorprendió a todos los agricultores en plenas labores de cosecha o en sus preparativos, con la mayor parte de la fruta ya desarrollada.

Sin embargo, hubo dos factores que agravaron aún más estos efectos. El primero fue la magnitud de agua caída y el poco tiempo en que cayó: en algunas localidades en apenas un día alcanzó a un tercio del agua que cae en un año normal. Entre 45mm y 100mm de agua caída en 24 horas. El otro factor agravante fue la amplitud del fenómeno climático, que se extendió desde la Región de Valparaíso hasta Ñuble en el sur. Es decir que abarcó una zona geográfica tan amplia que es donde en esta época del año se produce más del 80% de la producción frutícola y hortícola del país. Es por esto que reiteramos que el mayor agravante y perjuicio es atribuible a la oportunidad en que se produjo este evento. Si lo mismo hubiera ocurrido en pleno invierno hubiese pasado desapercibido, o incluso, al contrario, probablemente hubiera sido un motivo de celebración. Uno de los rubros más afectados, por la cuantía de la inversión involucrada, es el sector de frutales de exportación. Dentro de estos, en la uva de mesa se calculan pérdidas que van del 50% al 100% de la producción en los casos más dramáticos de algunos parronales, donde la cantidad de fruta que podría recuperarse, no lograría cubrir ni siquiera los costos de mano de obra de cosecharla y venderla, por lo que se presume que muchos agricultores se verán obligados a dejar la fruta perderse en el campo.

Creemos firmemente en nuestra agricultura y en la capacidad de resiliencia de nuestros agricultores, aunque sin dudas muchos de ellos, en especial los chicos deberán contar con ayuda del Estado. Si bien es cierto que la agricultura es cada vez más un rubro en que manejamos las variables climáticas a través de la incorporación de tecnología, software, sensores y automatización de labores para minimizar sus efectos adversos, eventos de esta magnitud nos recuerdan que la naturaleza es más poderosa que cualquier medida de mitigación que pudiéramos aplicar. A largo plazo debemos ser capaces de incorporar esta variable para que el modelo de negocio, y todos sus involucrados, la banca, las exportadoras, los consumidores y los mismos agricultores pueda internalizar y minimizar sus efectos en el tiempo.

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En este número Mundoagro presenta en tapa a Enrique Turri, un agricultor modelo que ha trabajado a pulso y con mucha dedicación e inteligencia el rubro de uva de mesa. Primero como ejecutivo de una de las compañías más grandes y especializadas en packing y exportación de fruta del mundo y durante los últimos quince años como uno de los referentes en producción de uva de mesa. Creemos que es un ejemplo de cómo las empresas agrícolas modernas, a través de un buen manejo técnico agronómico pueden obtener resultados extraordinarios y centrar su modelo de negocio en el desarrollo de la gente y las comunidades en que se insertan.

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