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El covid y la otra pandemia: la malnutrición

El covid y la otra pandemia: la malnutrición

Que las palabras sean incómodas

Seguramente al final de esta crisis sanitaria global, tendremos el tiempo y la energía para analizarla y desgranarla estadísticamente en todos sus aspectos y consecuencias. Sin embargo, un análisis a priori, deja en evidencia que el virus SARS-CoV-2 ha afectado proporcionalmente mucho más a personas que han tenido, ya sea por déficit o por exceso, trastornos de algún tipo relacionados con la alimentación y nutrición. Ha quedado en evidencia que personas con diabetes, sobrepeso o afecciones vinculadas a dietas de baja calidad han sufrido con mayor rigurosidad los efectos de este virus y sus complicaciones.

Si para algo sirven las estadísticas es para ordenar y ayudar a comprender la realidad. Según la FAO, de los 193 países existentes en el mundo, al menos 110 son importadores netos de alimentos. Esto significa que el balance de su comercio de productos agrícolas es deficitario y producen menos de lo que consumen, por lo que se ven obligados a suplir este déficit con alimentos básicos altos en energía y bajos en micronutrientes, que provoca una delicada situación del balance nutricional. Se calcula que el agravamiento de las condiciones socioeconómicas y de empleo en estos países generará al menos 15 millones de personas que entrarán en desnutrición y que este número podría llegar a 80 millones si se profundiza la crisis económica. Sin embargo, si a esta realidad le quitamos el efecto pandemia, se calcula que al menos 11 millones de personas mueren en el mundo al año como consecuencia de la mala alimentación o dietas poco sanas.

¿Podría la agricultura ayudar a solucionar esta situación? Mucho. De hecho, es la única que puede hacerlo junto a los investigadores relacionados al mundo de la nutrición y alimentación. La investigación agrícola se ha centrado principalmente en elevar la productividad más que la sostenibilidad alimentaria desde un punto de vista nutricional. Sin soslayar ni por un minuto la importancia de la productividad, debemos también nosotros, como agricultores y como industria, fomentar y exigir que formemos parte integral de un ecosistema que vea a la agricultura como el primer eslabón de una estructura compleja de alimentación que tienda a establecer incentivos claros y definidos para que pueda mejorar sustancialmente el balance nutricional de sus materias primas. Necesitamos más investigación sobre los llamados “cultivos huérfanos” como complemento de los tradicionales o comunes, una profundización de las investigaciones de los cultivos transgénicos con mayor énfasis en su potencial nutricional además de ser súper productivos, la biofortificación de cultivos y alimentos, y la investigación en alimentos tecnológicos.

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Este sistema es complejo debido a la diversidad de factores a considerar, y uno de los que se ha detectado como más importante es la disponibilidad de buena información por parte de los consumidores. Se sabe que el bajo nivel educacional y el escaso acceso a información de calidad, por ejemplo, para exigir y comprender el etiquetado de los productos alimenticios, son factores de riesgo directos para sufrir enfermedades relacionadas a la nutrición como la diabetes, obesidad, hipertensión y muchas otras. Como revista sentimos una enorme responsabilidad en aportar a la divulgación de estos temas y a una mejor información para provocar finalmente este cambio cultural de nuestra industria agrícola y alimentaria.

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