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El momento es ahora

Con un crecimiento sostenido del 10% anual durante casi treinta años es lógico que lo de China haya sido calificado como un milagro. Pero en el último también surgieron distintos síntomas de que aquel milagro puede haber sido, cuanto menos, pasajero, y que ahora entraría en declive. ¿Es acaso para alarmarse que un país que no ha hecho más que crecer ahora lo haga a “apenas” un 7%? Lo primero que habrá que decir es que algunos economistas que trabajan en China advierten que las estadísticas oficiales del PIB son confiables sólo como un indicador de dirección. Es decir, que más que los valores habría que considerar el hecho de que exista una desaceleración, la cual nadie es capaz de estimar con certeza.

Por otra parte, muchos de quienes recorren habitualmente China refieren imágenes –sobre todo fuera de las principales ciudades- más bien típicas de una burbuja inmobiliaria, como filas y filas de edificios casi vacíos o autopistas sin autos. A finales de los años 90, el Partido Comunista permitió que los residentes urbanos fuesen propietarios de sus viviendas y eso fue uno de los factores que impulsó el tan mentado milagro chino: los ciudadanos inyectaron los ahorros de sus vidas en el mercado inmobiliario. Industrias relacionadas como la del acero, el vidrio y los electrodomésticos se expandieron tanto que los bienes raíces pasaron a ser una cuarta parte del PIB de China.

Después, el auge inmobiliario se financió con deuda. Un artículo del The Wall Street Journal Americas, indica que según el Fondo Monetario Internacional, en los últimos 50 años apenas cuatro países acumularon deuda tan rápido como China lo hizo en los últimos cinco años. Los cuatro -Brasil, Irlanda, España y Suecia- sufrieron crisis bancarias dentro de los tres años que siguieron a su meteórico crecimiento crediticio.

Surgen algunas preguntas: ¿podrán las autoridades chinas volver a alentar la toma de riesgos, desmantelar los monopolios y la enquistada corrupción? ¿Podrán otorgar un rol más protagónico al sector privado y depender más del consumo interno? ¿Cuál será el plan ante este enfriamiento de la economía, en vistas de que, tras años de haberse negado, China viene firmar un compromiso para reducir su producción de gases de efecto invernadero? Y por sobre todas las cosas: ¿qué debe hacer Chile, y en especial el sector agrícola, ante estos síntomas?

Por lo pronto, y tal como se escuchó en la última edición del PMA Fruittrade, se espera para la fruticultura un 2015 histórico, con los mayores retornos de la historia, producto de un alza en la producción tras un 2013 con heladas pero también de un dólar muy por sobre el nivel de los últimos años. Otro factor que se ha desencadenado en el último tiempo es una importantísima baja en el precio del petróleo – US$ 63 por barril, el menor nivel de los últimos cinco años-, lo que augura una mayor fluidez en el comercio internacional.

Hasta hoy China ha sido un gran imán para nuestras exportaciones, el centro de infinidad de apuestas locales. ¿Qué puede ocurrir mañana? ¿Cuál será el nuevo centro del mundo? Cómo saber. Quizás pueda pensarse en utilizar parte de los US$ 4.800 millones que generarán las exportaciones para invertir en diversificar la matriz productiva, con huertos renovados, que puedan ser atractivos para distintos mercados, o incluso invertir en packings, maquinaria, o disintas formas de innovación. Tal vez la ocasión sea hoy: nadie puede saber qué ocurre después de que explota una burbuja.

directoreditorial @mundoagro.cl

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Robert Edition

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