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¿Es posible evitar los conflictos de interés?

¿Es posible evitar los conflictos de interés?

Mundoagro
Que las palabras sean incómodas

Todas las profesiones requieren de un conjunto de reglas y normas de conducta que nos permitan actuar y ejercerlas libremente sin que implique un menoscabo o daño para otras personas o para la sociedad en su conjunto, pero también para regular eventuales conflictos de interés. La ética y la moral son los dos conceptos más importantes en que se basan estos llamados códigos de conducta que suelen tener los colegios profesionales, los partidos políticos, las empresas y las instituciones del Estado, por nombrar sólo algunos.

Una editorial como esta no nos permite profundizar sobre los aspectos filosóficos de la ética y la moral y sus implicancias en el ejercicio profesional; sin embargo, podemos plantear el tema, como muy bien lo hizo en LinkedIn una de nuestras columnistas más destacadas en temas de sanidad vegetal, que trabaja como asesora de empresas y productores frutícolas, y que generó un interesante intercambio con sus pares que dejó en claro la necesidad de discutir ciertos temas, no exentos de polémica.

El conflicto planteado es en realidad un noconflicto, y aborda la legítima aspiración del agricultor por contar con la mejor asesoría, objetiva y desinteresada, sobre el mejor producto a aplicar en cada caso. Los actores son muchos y van desde asesores de campo, vendedores de las empresas de agroinsumos, empresas comercializadoras y laboratorios, pero el protagonista al fin y al cabo es el agricultor. Todos tienen diferentes y legítimos intereses. ¿Cuándo es que se produce entonces el choque de intereses?

Hay una confusión de parte de diversos actores, incluyendo al agricultor. Sucede cuando un vendedor de determinada compañía, sea esta un laboratorio o una empresa distribuidora de agroinsumos, se presenta como un consultor experto o asesor de campo, genérico y desinteresado, mientras que en realidad es un vendedor que recibe comisión por recomendar, promocionar y vender un determinado producto. Si es obvio que hay mala fe en el vendedor que se presenta de esta manera, también es cierto que hay cierta ingenuidad de parte del agricultor, que ya debería saber que los llamados zonales (asesores en terreno) son en realidad vendedores y que por lo tanto son interesados en que se venda ese producto y no otro. Cuando vamos a comprar un televisor y le preguntamos al promotor de Samsung cuál es el mejor televisor, es nuestra responsabilidad saber que la respuesta no será Phillips ni LG. Estamos haciendo la pregunta incorrecta, a la persona equivocada.

No hay por qué demonizar el lucro, en el sentido de que todo lo vinculado a éste implica necesariamente decisiones y posturas no éticas. No es así. Los laboratorios, a través de sus distribuidores, deben obtener su legítima retribución. El problema surge por la falta de transparencia. Como agricultores debemos tener claro estas diferencias, y por su parte, los vendedores o asesores en terreno no deberían presentarse más como despojados de un interés determinado.

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Por otro lado, la experiencia y los resultados demuestran que hay, en sí, formulaciones más efectivas que otras en determinadas circunstancias, y es ahí cuando se hace importante para los agricultores tener un asesor o consultor en terreno independiente, objetivo, que sea empático con el agricultor y que ofrezca la mejor solución agronómica para la situación. Cuando los vendedores o asesores a comisión son profesionales ingenieros agrónomos, deben ceñirse al código de conducta y ética de su correspondiente colegio.

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