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Fertilización de praderas con aviones: alternativa para zonas de laderas y difícil acceso

Fertilización de praderas con aviones: alternativa para zonas de laderas y difícil acceso

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Fertilización de praderas con aviones: alternativa para zonas de laderas y difícil acceso

Una parte importante de suelos del sur de Chile y la Patagonia están cubiertos de praderas naturalizadas. Son praderas que originalmente fueron sembradas durante los procesos de colonización, una vez removidos los bosques. Se componen de especies que, no siendo nativas, se adaptaron muy bien a las condiciones ambientales de cada zona y son, hasta hoy, el sustento para el pastoreo del ganado, especialmente de ovinos y bovinos de carne.

Muchas de las praderas naturalizadas están en suelos no arables, es decir, aquellas zonas de uso preferentemente ganadero (clase VI), que tienen limitaciones de pendiente excesiva, escasa profundidad, presencia de pedregosidad y/o erosión, entre otros, y no permiten el laboreo y manejo intensivo. De esta forma, dichos suelos se destinan principalmente a fines ganaderos y/o forestales y las praderas naturalizadas se encuentran degradadas y son generalmente de baja productividad.

Según las zonas, las praderas naturalizadas se componen de gramíneas como chépica, poa, bromo, pasto miel, pasto ovillo e incluso ballicas, y leguminosas como trébol rosado, blanco y/o subterráneo. También predominan especies de hoja ancha (malezas), que presentarán mayor importancia en praderas más degradadas.

Uno de los factores más relevantes para el crecimiento de la masa ganadera nacional es la disponibilidad de recursos forrajeros en cantidad y calidad. En gran parte del país, la ampliación de las fronteras productivas ya no es posible en base a mayor superficie, por lo que debe hacerse en base a productividad. Asimismo, el crecimiento de rubros más rentables que han avanzado hacia el sur (frutales, viñas y otros) ha ido desplazando a la ganadería a los suelos más marginales de cada zona.

El aumento de la base forrajera en las praderas naturalizadas pasa también por una recuperación y mantención de la fertilidad de los suelos, aspecto que se ve limitado en zonas de difícil topografía, acceso y/o conecti vidad. Por ello, la aplicación de mezclas fertilizantes con el uso de aviones es una alternativa interesante de considerar en dichas situaciones.

EXPERIENCIA EN NUEVA ZELANDIA

Nueva Zelandia tiene entre ambas islas más de 3,5 millones de hectáreas de praderas que se encuentran en zonas de laderas de variable pendiente, donde no es posible aplicar tecnologías agronómicas tradicionales, como laboreo, siembra o fertilización. Para ello implementaron el uso de aviones para la aplicación de semillas forrajeras y fertilizantes, lo que comenzó hace más de 70 años (1948). Luego de la Segunda Guerra Mundial existía disponibilidad de aviones, que fueron adaptados con estos fines y la masividad con que trabajaron permitió que entre 1950 y 1970 se duplicara la capacidad productiva de los suelos en ese país.

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Aplicación de azufre

Junto a las urgencias productivas, de incorporar las zonas marginales a una ganadería más intensiva, también tenía como objetivo proteger de la erosión a las laderas con una pradera densa que asegurara una cobertura total del suelo. Si bien esta tecnología logró ampliar muy significativamente la superficie de praderas en zonas montañosas, hay que considerar otros aspectos, como el evitar el pastoreo en pendientes excesivas y la erosión generada por efecto animal. Además es necesario preocuparse de evitar la aplicación de fertilizantes en quebradas y cursos de agua, lo que puede causar contaminación y eutroficación.

En la actualidad, Nueva Zelandia tiene regulaciones para evitar dichos problemas y es algo que sin duda hay que considerar también en Chile. Si bien no existe actualmente una regulación específica a nivel nacional, las operaciones de este tipo se rigen por la norma de aplicación aérea de plaguicidas (reglamento N° 5/10 de 2010 del Ministerio de Salud), que considera restricciones y resguardos de seguridad, para evitar efectos potencialmente negativos (daños a la salud, contaminación cursos de agua, p.ej.). La fertilización aérea es una práctica vigente en Nueva Zelandia. Sólo con aviones, se utilizaron en ese país sobre 40.000 horas de vuelo/año entre los años 2000 y 2006 en labores de fertilización. A ello se agrega lo aplicado mediante helicópteros. Existen numerosas empresas que ofrecen el servicio en ese país.

EL CASO DE AYSÉN

La historia de colonización de Aysén no es tan diferente al resto del sur de Chile. Durante el siglo pasado, extensos incendios dejaron desprotegidos muchos valles de la Región de Aysén y se desencadenaron posteriormente procesos de erosión de suelos, que afectaron a una proporción importante de ella. Según CIREN, existe una superficie de 2,6 millones de hectáreas afectadas por la erosión (24% de la región, excluyendo aguas y hielos), siendo gran parte de ella de tipo severo o muy severo. Posteriormente, luego de la eliminación del bosque, los colonos realizaron siembras rústicas con especies forrajeras, que dieron origen a una pradera que perdura hasta la actualidad, aunque visiblemente deteriorada.

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Aplicación de fertilizante granulado

Esta pradera naturalizada de Aysén, producto de décadas de pastoreo extensivo y extracción de nutrientes del suelo, se fue lentamente degradando. Empezaron a dominar diferentes especies de malezas, especialmente de hoja ancha, como diente de león (Taraxacum officinale), pasto del chancho (Hypochoeris radicata), chinilla (Leontodon nudicaulis), cerastio (Cerastium arvensis), milenrama (Acaena pinnatifida), entre otras. De esta forma, la pradera llegó en la actualidad a niveles muy bajos de producción (<1 t MS/ha) y valor nutritivo. Lo anterior ocurrió con mayor frecuencia en zonas de laderas y montes más abruptos, donde la topografía impedía o dificultaba manejos posteriores a la siembra al voleo.

Estudios recientes del INIA Tamel Aike indican que en los valles de Aysén hay alrededor de 598.000 ha de suelos de clase de capacidad de uso VI (suelos ganaderos, en escala FAO de I a VIII). En ellos, descontando los bosques y estepas, además de las zonas de matorral, quedan unas 125.000 ha de praderas naturalizadas de diferentes niveles productivos.

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Praderas en zonas de altura

Se estima que, de ellas, habría entre 55.000 a 60.000 ha de praderas naturalizadas de baja producción y donde es muy difícil acceder con tecnología convencional. También, como en otras regiones, hay sectores con suelos arables y praderas donde no puede accederse vía terrestre y por ello no es posible llevar insumos para el mejoramiento de las pasturas. Sobre ese universo de suelos de uso ganadero es que se podría utilizar la fertilización aérea para mejorar la fertilidad de los suelos y la producción forrajera, en cantidad y calidad (valor nutritivo). Asimismo, sería factible regenerar con semillas forrajeras al voleo (vía aérea) en aquellos casos que se justifique.

Es en estas zonas donde la aplicación de fertilizantes con aeroplanos y eventualmente helicópteros (fertilización aérea) presenta ventajas. También sería posible regenerar dichas praderas mediante la siembra de especies forrajeras desde el aire.

SUELOS Y RESPUESTAS PRODUCTIVAS

Estudios realizados por el INIA Tamel Aike en la Región de Aysén durante décadas, muestran el potencial de mejoramiento que tiene la pradera naturalizada. Estimaciones recientes indican que estas praderas en estado degradado pueden producir del orden de 1 t MS/ha o menos y sostener en promedio una carga de sólo 0,13 unidades animales (UA) por hectárea. Sin embargo, con una adecuada recuperación de la fertilidad de esos suelos, en tres a cuatro años podría llegarse a producciones de 5-7 t MS/ha (dependiendo del sector y condiciones particulares), es decir, llegar a sostener una carga de 0,8 UA/ha o más.

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Tobera, salida de fertilizante

Los suelos donde se concentran las praderas naturalizadas son originados de cenizas volcánicas (Andisoles: Udand), y se ubican principalmente en la Zona Intermedia de la región (vertiente oriental de la cordillera Patagónica), como también en ciertos sectores de la Zona Húmeda (vertiente occidental). Se trata de suelos de texturas generalmente franco arenosos a francos, poco estructurados y de drenaje rápido.

En la Zona intermedia, donde los suelos son ligeramente ácidos, los principales nutrientes deficitarios son el azufre y el fósforo. En esta zona, aplicaciones anuales de 50-70 unidades de fósforo y 25-35 unidades de azufre podrían mejorar la producción de las praderas naturalizadas en los montos señalados anteriormente. En la Zona Húmeda, el fósforo es el nutriente limitante y la condición de pH fuertemente ácido aconseja también el uso de encalado.

La relevancia del azufre en esta zona implica también definir el tipo de fertilizante que se usará. En este sentido, en aplicaciones terrestres se suele usar azufre en polvo (azufre ventilado) que tiene la ventaja de ser muy concentrado (en torno a 95% S o más), pero al ser muy fino, está expuesto a la deriva, lo que lo complicaría en presencia de viento. Por ello, probablemente sea más recomendable inclinarse por formas granuladas de azufre (azufre lenticulado, por ejemplo). Debe considerarse que estas formas contienen azufre “elemental”, por lo que su efecto será más lento, al requerirse su oxidación a sulfato para ser aprovechado por las plantas. Este proceso puede llevar bastante tiempo, aunque tiene efectos residuales mayores.

Otras formas de azufre pueden ser el sulfato de calcio granulado (yeso) o el sulfato de potasio, aunque tienen la desventaja de ser bastante menos concentrados y se requerirá una dosis equivalente más alta. Sin embargo, al estar en la forma de sulfato, el efecto sobre la respuesta de la pradera será más rápido y probablemente ya se verá en la primera temporada. Otra consideración es que el azufre elemental es un producto inflamable lo que limitaría su uso con helicópteros, no así con aviones.

En general, siempre será más eficiente utilizar fertilizantes concentrados, lo que repercutirá sobre el costo final, ya que influye sobre la cantidad de kilos que se van a aplicar por unidad de superficie. En Nueva Zelandia, el superfosfato normal es uno de los fertilizantes más utilizados en forma histórica, sobre todo cuando se requiere aplicar dosis de mantención de fósforo y azufre en praderas de zonas abruptas. Este producto no requiere mezclarse, ya que contiene P (22-23%) y S (11-12%) en una proporción adecuada y es de alta solubilidad, además de aportar calcio. Aplicaciones de 150-200 kg de este fertilizante podrían aportar los requerimientos de mantención de una pradera naturalizada en Aysén.

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Las técnicas de fertilización con P y S, además de potasio y nitrógeno, se están utilizando en muchas praderas naturalizadas y sembradas de Aysén. Ello ha sido potenciado con los programas anuales del SIRSD-S, que lleva adelante el Ministerio de Agricultura desde la década del 90. Sin embargo, la mayoría de los recursos para mejoramiento se han focalizado en suelos arables (clases capacidad de uso III y IV), donde se han realizado los establecimientos de praderas y cultivos forrajeros, como también el mejoramiento de praderas naturalizadas vía fertilización.

El potencial de crecimiento de la ganadería regional radica en gran parte en poder llevar instrumentos de mejoramiento también a las zonas marginales, con suelos ganaderos, no arables, pero que tengan las condiciones de sostener pastoreo con bovinos y/u ovinos. En el caso de Aysén, esta tecnología debería ir dirigida a suelos ganaderos de clase VI y no a suelos de condiciones más limitantes, de potencial forestal y/o de conservación

FACTORES A CONSIDERAR

Existen algunos factores muy determinantes a la hora de tomar decisiones para una fertilización con aviones:

Distancia del punto de aplicación respecto de la pista. Este factor es muy importante, ya que determina los “tiempos muertos” en que el avión debe regresar a la pista para ser recargado. Para disminuirlos pueden habilitarse pistas en potreros dentro del predio o en predios cercanos, e incluso caminos. Dependiendo del avión y la carga, las distancias de despegue y aterrizaje pueden situarse en general entre los 400-700 m. También incide la forma del polígono o área que se desea cubrir, que define la longitud de cada pasada del avión (y la cantidad de veces que deberá girar para hacer pasadas en franjas sucesivas).

Tiempo de recarga del avión una vez que ha aterrizado. La recarga debe hacerse con rapidez para que este tiempo en tierra sea el mínimo posible. Existe maquinaria desarrollada para un carguío eficiente y rápido. También influye la cantidad de fertilizante que puede cargar el avión en cada ciclo.

Tipo de fertilizante y dosis a utilizar. En Aysén se usarían generalmente mezclas que contengan azufre y fósforo, y en algunos casos nitrógeno. Se deberán preferir aquellos fertilizantes más concentrados, como formas de azufre granulado o lenticulado (90-99% S), superfosfato (46% P2O5) y urea (45% N). Las formas granuladas permitirán una aplicación más homogénea y habrá menor deriva por viento. Las mezclas tendrán que estar preparadas con antelación.

Condiciones imperantes a la hora de aplicación, como el viento, turbulencia y las lluvias. A pesar de que el fertilizante y la semilla pueden derivar en condiciones de viento cruzado moderado a alto, se puede lograr una adecuada uniformidad de aplicación siempre que se mantengan rutas (franjas) `paralelas de vuelo’. Por este motivo es deseable tener viento moderado y no una calma total. Durante la aplicación es muy importante mantener la constancia realizando franjas paralelas. El viento va favoreciendo traslapos sucesivos que mejoran la uniformidad de aplicación. Antiguamente, la aplicación dependía exclusivamente de las capacidades y experiencia del piloto. En la actualidad, mediante tecnología de posicionamiento global (GPS) se puede ajustar la entrega del contenedor según velocidad de avance del avión y se pueden controlar muy efectivamente las franjas de vuelo paralelas.

Combinando todos los factores anteriores, el rendimiento de la fertilización con avión puede variar bastante. Un rango podría estar entre 30-120 hectáreas por hora, dependiendo principalmente de si la pista está lejos o cerca del predio, y de la dosis por hectárea. La descarga de fertilizante es muy rápida, pudiendo llegar a unos 12-15 segundos/ha. A pesar de la rapidez de aplicación, la principal ventaja está en que dichas hectáreas de otra forma no podrían ser fertilizadas mediante medios tradicionales. El uso de helicópteros tiene la ventaja de que no requiere de una pista de aterrizaje, por lo que se mejoraría el rendimiento, al haber menos tiempos muertos.

Por: Christian Hepp K. Ing. Agr. Mphil Phd, Inia Tamel Aike

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