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La gran oportunidad

Hoy, más que nunca, se sabe de varias investigaciones y desarrollos en las áreas de robótica, inteligencia artificial, aplicaciones para agricultura de precisión y maquinaria agrícola avanzada. Estas investigaciones tienen todas por objetivo crear sistemas que automaticen labores y tareas que utilizan intensivamente mano de obra o exigen de una mejoría sustancial en la eficiencia de uso de algunos recursos o insumos: desde la automatización y control inteligente de tareas tan complejas como poda y cosecha, impensadas de realizar hasta ahora sin un enorme contingente de mano de obra, hasta el control inteligente de malezas y aplicaciones de productos fitosanitarios.

Imagine realizar la poda de un huerto que antes requería de un promedio de entre 15 y 20 jornadas por hectárea, ahora en apenas una sola jornada hombre. El costo por hectárea podría reducirse desde $350.000 por hectárea a tan sólo $20.000 por hectárea. Una reducción de nada menos que un 571%: 17,5 veces menos. Ahora bien, si calculamos el ahorro que se produce en un huerto promedio de 30 hectáreas de manzanos durante diez años, tenemos la nada despreciable suma de 100 millones de pesos (US$200.000) ahorrados en una sola labor. Diez años es un periodo más que razonable para amortizar cualquier inversión en maquinaria.

Si bien es cierto que uno de los objetivos es disminuir el enorme costo que significan algunas de estas tareas, no es para nada despreciable el gran aumento en productividad y rendimiento que puede alcanzarse al mejorar sostenidamente la eficiencia de aplicación de algunos insumos. Se han hecho algunos cálculos específicos en fitosanitarios, fertilizantes y semillas. El aumento individual de cada una de estas variables está en un rango de entre cinco a un trece por ciento, lo cual indica que todas sumadas podrían llegar a aumentar la productividad general en casi un treinta por ciento.

Como se ve, las cifras son promisorias para invertir en automatización y control inteligente. Algunos de estos sistemas están por estrenarse en Europa para pequeños y medianos predios. Por un lado está la inversión de parte del agricultor para adquirir estas tecnologías, que dependerá en gran medida de que planifique una unidad económica que permita aprovechar las economías de escala para la amortización de estos activos. Por otra parte, existe una muy buena oportunidad para las empresas que deseen desarrollar sistemas para integrar estas tecnologías. Debido a la gran especialización de Chile en fruticultura, que es uno de los rubros en que se les puede sacar mayor rédito, no sería ilógico pensar en que empresas chilenas pudiesen aprovechar esta oportunidad.

directoreditorial @mundoagro.cl

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Robert Edition

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