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La raíz del problema

La raíz del problema

La raíz del problema

Hace diez años atrás y enmarcado en el proyecto FIA “Desarrollo de un modelo del crecimiento y una metodología de evaluación de las raíces de la vid, a nivel de campo, como base para el incremento sustentable de la productividad de los parronales de uva de mesa”, se acuñó la frase “la raíz del problema está en la raíz”.

Al final del proyecto, y de acuerdo a la experiencia adquirida, este planteamiento fue cambiado centrando la responsabilidad en las personas y no en la planta: la raíz del problema está en los técnicos y agricultores que implementan manejos equivocados y promueven bulbos húmedos con baja densidad de raíces e incluso, promueven la destrucción del sistema radical.

A través de otros proyectos de investigación en varias zonas productoras de Chile, hemos detectado que cuando se usa en mala forma el riego por goteo se promueve uno de los problemas más perjudiciales en los parrones: la pérdida de raíces en el bulbo húmedo (sobrehilera).

Con ello disminuye el potencial productivo debido a la generación de anoxia y/o hipoxia en plantaciones con suelos de texturas medias y finas (riegos largos y en alta frecuencia), principalmente en aquellos regados con una línea, 4 L/hr a 1 metro de distancia entre ellos.

En general son parrones que en los primeros años tienen un buen comportamiento productivo, pero prontamente (seis años en adelante) comienzan a mostrar una baja densidad de raíces en el bulbo húmedo.

Las plantas van perdiendo vigor y follaje, muestran entrenudos más cortos y hojas mas pequeñas y en algunos casos se observa fruta blanda o palo negro. En variedades rojas, puede producirse menor generación de color de cubrimiento. Además, las plantas quedan más propensas al ataque de hongos y nematodos.

Utilizando calicatas, se ven pocas raíces, más bien gruesas y algunas finas en superficie, muchas veces en respuesta a aplicaciones de guano o compost. Las pocas raíces tienden a ubicarse hacia la entrehilera, probablemente hacia zonas donde existe una mejor relación oxígeno y humedad en el suelo.

Además el sector de la sobre hilera es normalmente afectada por la compactación generada por el paso de la persona y lateralmentepor el tractor.

Frente a esta sitRodrigo Callejasuación, algunos agricultores piensan que el mejoramiento del parronal depende de las raíces ubicadas más allá de los dos metros de profundidad, con lo que aumentan los tiempos de riego y así agravan las condiciones de anoxia del sistema radical en el bulbo húmedo.

Frente a esto, no se considera que en estas zonas profundas existe una peor atmósfera para el desarrollo de raíces, con bajas concentraciones de O2, mayores de CO2 y acumulación de otras sustancias nocivas para el buen desarrollo de las plantas. Es por eso que está profusamente registrado en la literatura para frutales y vides, y así lo corroboran nuestros estudios y trabajos con sondas de capacitancia con óptimo manejo del riego, que la mayor actividad del sistema radical se ubica en los primeros 50 centímetros de profundidad y para la mayoría de los frutales y tipos de suelo.

El uso de nuevas tecnologías para el control del riego, como las sondas de capacitancia, ha permitido detectar esta grave problemática tomando conciencia que es fundamental cambiar los criterios de riego que se están utilizando, de manera de mejorar, o a lo menos mantener, el potencial productivo de los parronales. Es normal observar, cuando un productor con parrones de cierta edad invierte en este tipo de tecnología, que las sondas no muestran actividad o no se detecta dinámica de agua en el suelo.

Adicionalmente, se registra un bulbo húmedo en la sobrehilera permanentemente saturado Esta situación, que suele observarse desde inicio de brotación a cosecha, genera una limitada disponibilidad de oxígeno en la zona donde debieran crecer las raíces, dado que el aire es desplazado completamente por el agua de riego. De esta forma, se alteran los procesos metabólicos, hormonales y de desarrollo.

En las raíces se acumula dióxido de carbono y metabolitos fermentativos (etanol, etileno) y ácidos orgánicos. La energía se limita afectando la absorción y translocación de agua y nutrientes. Las raíces son más gruesas, más cortas, menos ramificadas y células más grandes. Se produce una menor o total detención del crecimiento de las raíces y parte aérea. La raíz de la planta queda más susceptible al ataque de patógenos.

En la práctica, aumenta el volumen de suelo inútil, con agua y fertilizantes que no serán utilizados por la planta, es decir, los recursos que son aportados por el productor para satisfacer las necesidades de la vid, no son utilizados por ella. Con el objetivo de graficar lo anterior, en la Foto 3 se observa en calicata y enmarcado en rojo, un volumen importante de suelo no ocupado por raíces donde permanentemente se vierte agua de riego y fertilizantes.

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Es acá donde comienza la controversia para el productor: se ha regado anualmente en forma abundante (> 10.000 m3/ha, dependiendo de la ubicación del parronal), sin embargo, se manifiestan muchos de los problemas descritos.

Equivocadamente se concluye que lo que se requiere es regar aún más, agravando así el problema.

Debido a que no hay consumo por parte de la planta (no tiene raíces en esos sectores), se incrementa y se hace permanente el ambiente saturado y con falta de oxígeno y, por otro lado, se aumenta el lavado de nutrientes por percolación profunda.

Si bajo estas condiciones se instala una sonda de capacitancia para el control del riego, no se observará claramente la interacción entre la succión de agua por parte de la planta en respuesta a la evapotranspiración (ETo) diaria o el déficit de presión de vapor (DPV) tal como en un parronal con buena densidad de raíces y actividad. (Figura 2)

En conclusión, el preocuparse de aplicar correctamente los principios básicos que sustentan el desarrollo de las plantas, el riego y su interacción con el clima y el suelo es una tarea central para mejorar el potencial productivo de los parronales de uva de mesa, independiente de los cambios que se pretenden implementar con tal objetivo, como el uso de cubiertas plásticas, nuevos sistemas de formación y conducción, variedades o portainjertos.

Es paradojal creer que mientras más agua se utilice en el riego, se promueva un cuadro de estrés hídrico por destrucción de las raíces en el bulbo húmedo. En otras palabras, la capacidad de restitución de agua desde el suelo por parte de las raíces es muy inferior a la demanda atmosférica a la que está sujeta la vid. Todo esto genera un uso ineficiente del agua de riego y los fertilizantes.

Se promueve una pérdida anticipada del potencial productivo y la calidad de la uva de exportación, lo que se agrava en presencia de suelos compactados sobre todo en la sobrehilera.