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Más diálogo y menos monólogo

Más diálogo y menos monólogo

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Más diálogo y menos monólogo

Además de la evidente crisis sanitaria que provocó el coronavirus, la otra crisis es la económica, como consecuencia del receso obligatorio que impone la cuarentena, y que se advierte, sobre todo, en el índice de empleo y la situación financiera de muchas empresas. Ante esto, me permito hacerles una pregunta:

¿Cómo hacer para que, una vez terminadas las restricciones, la productividad de cada uno de nosotros se multiplique por varias veces para que sea más corta la recuperación y menos traumáticas las consecuencias?

Hemos tenido suerte en cuanto al momento en que esta crisis nos golpea en Chile. Tenemos una sólida posición de reservas internacionales y también internas para compensar de mejor manera sus consecuencias negativas, lo que nos entrega un margen de acción que permite cierta tranquilidad y certeza, las dos condiciones más buscadas al momento del manejo de crisis.

Si existe algún momento en la historia de Chile para echar mano a todos los recursos que en diferentes fondos ahorramos durante años para momentos difíciles, es éste, no hay otro. Uno de estos fondos tiene el nombre más propicio posible para hacer referencia a lo que se vive: el FEES (Fondo de Estabilización Económica y Social), que cuenta a la fecha con más de US$12 mil millones. Adicionalmente a los US$203 mil millones del fondo de pensiones, que es dinero de todos los ahorrantes y que por ley no puede ser tocado ni siquiera en estas circunstancias, Chile cuenta con el FRP (Fondo de Reserva de Pensiones), que puede ser utilizado para pensiones en casos de crisis como ésta y que a la fecha cuenta con US$11 mil millones adicionales. El objetivo del FRP es apoyar el financiamiento de las obligaciones fiscales derivadas de la garantía estatal de las pensiones básicas solidarias de vejez y de invalidez.

Sin embargo, toda esta sólida situación financiera se desploma y pierde sentido al lado de la insensatez, la poca cordura y la falta de reflexión con que han actuado algunos grupos desde la llamada crisis social de octubre de 2019 en Chile. Jaime Mañalich, actual ministro de Salud, quien ha sido duramente criticado estos días mayormente, por la izquierda, fue entrevistado la semana pasada por el poeta, editor y profesor de literatura Cristián Warnken. En la oportunidad, dijo que estos son “tiempos de los filósofos”, aduciendo a la necesidad, más que nunca en la historia de la humanidad, de gente con actitud reflexiva y de pensamiento crítico.

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Hago aquí un nexo con las declaraciones de Carlos Peña, rector de la universidad Diego Portales, que al ser entrevistado esta semana por el mismo Cristián Warnken, sostuvo que en Chile habría una generación que tiene como única fuente de certeza o verdad, su propia subjetividad, lo que implica una poca  capacidad empática de escuchar los argumentos del otro, para encerrarse en sus ideas, ciegos. La imagen del niño que para no escuchar se tapa los oídos y grita, es la misma actitud que tendría gran parte de esta generación, lo que finalmente termina en una banalización e infantilización del debate público y sus espacios. Las declaraciones de Peña van más allá: “En vez de contar con una orientación ideológica, estas nuevas generaciones están convencidas de que su subjetividad, el fervor con que abrazan una causa, la intensidad de sus creencias acerca de la injusticia del mundo, valida cualquier conducta”.

Sin pretender hacernos eco de las declaraciones del rector Peña, sí nos hacemos parte del llamado que están haciendo varios intelectuales del país para profundizar el debate público y pensar el Chile del futuro. Por su parte, esta semana el presidente llamó a un nuevo gran acuerdo nacional post pandemia. Si así fuera, consideramos que un paso necesario para lograrlo es recuperar el diálogo directo, sin convertir al adversario en enemigo, con la obligación ética y moral de combatir cualquier tipo de violencia y rescatar la movilización reflexiva como herramienta para pensar ese Chile que queremos.