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Perder el miedo al cambio

Perder el miedo al cambio

Mundoagro
Que las palabras sean incómodas

Un buen análisis económico no es aquel que muestra la fotografía actual de lo que sucede sino el que entiende que lo que hoy se observa, es también un reflejo de las expectativas futuras. El último año de nuestro país, fue por decir lo menos, muy complejo y de gran incertidumbre.

Ningún análisis podría abarcarlo en su totalidad, dada la cantidad de factores que se conjugaron. Los externos, bajo la forma de una pandemia, y los internos, que se iniciaron con aquella protesta por el alza en el precio del metro y posteriores revueltas sociales que finalmente desembocaron en el plebiscito del 25 de octubre. Es difícil acertar con precisión qué es lo que va a ocurrir de ahora en más, pero un buen intento para despejar variables y fantasmas es tener en claro qué es lo que no sucederá ni queremos que suceda. Tanto de un lado de la campaña como del otro, se agitaron banderas que promocionaban slogans por demás optimistas en un caso, y en extremo apocalípticos del otro. Sin desatender las alertas ni pecar de ingenuos, creo que también es necesario ser fríos y darles el verdadero peso a las cosas.

Mucho se ha hablado de querer parecerse a algunos países o replicar sus modelos de desarrollo. En este sentido sería plausible pensar que, en el deseo de las mayorías, entre los cuales se elegirán los miembros de la convención constitucional que redactará nuestra nueva carta fundamental, primará la sensatez y sentido de la realidad, para no elegir como modelo a países como Venezuela o la Argentina de hoy. Más bien uno esperaría que pensáramos en parecernos a países que teniendo una escala similar a la de Chile, y habiendo tenido hace veinte o treinta años disyuntivas similares a las que enfrenta Chile hoy, pudiéramos elegir entonces como modelo a países como Nueva Zelandia, Dinamarca, Suecia o Australia.

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Asimismo, y en referencia directa a la agricultura, al igual que con los países, el éxito o fracaso es una cuestión de largo aliento y no podemos proyectar su futuro con la mirada puesta en el día a día. Debemos entender que no sólo los políticos construyen las reglas de juego sino también los civiles, ya sea como agricultores, asesores, empresas proveedoras, etc.: todos nosotros generamos un país previsible o no, todos nosotros somos artífices de las expectativas. El miedo es lo opuesto. Es la no acción.

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