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Poda tardía: técnica para mitigar los efectos del cambio climático en viticultura

Poda tardía: técnica para mitigar los efectos del cambio climático en viticultura

Mundoagro
Poda tardía: técnica para mitigar los efectos del cambio climático en viticultura

Si bien la producción de uva en Chile se caracteriza por su diversidad geográfica, socioeconómica y agroclimática, no deja de sorprender el grado de vulnerabilidad que enfrentan los pequeños agricultores ante los impactos del cambio climático. Lo anterior, debido a que la calidad de su cultivo depende del clima y si esta variable no es bien controlada puede afectar incluso la sostenibilidad de la producción.

El cambio climático implica modificaciones en la temperatura media anual y en el esquema de precipitaciones, siendo especialmente alarmante el aumento de temperatura porque daña a varios mecanismos en la fisiología de la uva que determinan el rendimiento y la calidad. El acortamiento de las etapas fenológicas y los cambios en la maduración y el tiempo de cosecha son algunos de los efectos que pueden observarse en viñedos en Chile.

En las áreas de cultivo de vid, donde la tolerancia a la temperatura es máxima o donde predomina la agricultura de secano, los cambios en el clima pueden tener serias consecuencias, como, por ejemplo: disminución en la producción, incremento del grado alcohólico y reducción de la acidez del vino. Algunos de estos efectos del cambio climático ya se han producido en Chile, generando sequías prolongadas, altas temperaturas y eventos asociados con fenómenos climáticos extremos, como heladas primaverales o lluvias durante los períodos de cosecha. Estas alteraciones climáticas continúan modificando las condiciones agroecológicas y edáficas de las zonas vitivinícolas tradicionales y, por lo tanto, las respuestas de la vid ante ellas.

INTERROGANTES CLIMÁTICAS

Conscientes de esta situación, en INIA se comenzaron a buscar respuestas a las principales interrogantes climáticas planteadas a nivel de campo en la industria del vino, observando que la temperatura es uno de los factores determinantes para la vitivinicultura.

Así, se desarrollaron ensayos de incremento de temperatura en campo (condiciones comerciales), en las variedades Cabernet Sauvignon (CS) y Syrah (Sy), cuyos resultados han sido expuestos con anterioridad en esta revista. En estos estudios se observó que el aumento sostenido de temperatura elevó los niveles de azúcares y disminuyó el contenido de antocianinas, generando uvas de menor calidad y rendimiento y, por lo tanto, un vino de inferior calidad.

Poda tardía: técnica para mitigar los efectos del cambio climático en viticultura

Actualmente, a nivel de campo comienzan a evidenciarse los efectos del incremento de la temperatura en la fenología del cultivo, donde es posible que se produzcan cambios en las fechas de brotación y/o acortamiento de los periodos fenológicos. Asimismo, varios investigadores a nivel internacional han reportado una maduración anticipada y cosechas tempranas en otras zonas vitivinícolas, relacionando este efecto con temperaturas más cálidas.

Uno de los primeros cambios fenológicos reportados es la brotación temprana, lo que expone mayormente el brote a los efectos perjudiciales de las heladas primaverales, que podrían ocasionar pérdidas importantes en el rendimiento de la vid. En Chile, los mayores daños por bajas temperaturas se producen hacia fines del invierno e inicios de primavera, dado que los inviernos no son tan crudos como sucede en otros lugares de cultivo de las vides. Sin embargo, a medida que el invierno empieza a terminar, las vides van desaclimatándose y su tolerancia al frío empieza también a bajar.

La importancia del momento en que se produce la desaclimatización y el inicio del desarrollo radica en que los efectos de las bajas temperaturas serán más severos en aquellas vides que se encuentran con un estado de desarrollo más avanzado. Por lo tanto, en la medida que este se produce más tarde es menos probable que la variedad sufra los efectos de las heladas tardías o primaverales. Por esta razón, es importante buscar alternativas que permitan mitigar el efecto del incremento de la temperatura sobre la brotación, con el fin de proteger el cultivo de las heladas, asegurando una fecha de brotación más ajustada a las condiciones climáticas.

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El incremento de temperatura también se ha relacionado con un acortamiento de la maduración. Más específicamente, el acortamiento fenológico se produce entre envero (o pinta, momento en que las bayas comienzan a colorear) y madurez debido a la acelerada acumulación de azúcares en las bayas generado por el aumento de las temperaturas. Incluso, la temperatura aumentada podría producir, además, un desequilibrio en la acidez de la uva, modificando especialmente el contenido de ácido málico, por lo que se altera en conjunto el metabolismo del azúcar y ácidos orgánicos.

Es importante recalcar que estos efectos podrían producirse en zonas como el Valle Central, donde las temperaturas no son extremas, por lo que el incremento de temperatura produciría aumento del contenido de azúcar. Esto, debido a que frente a temperaturas superiores a 40 °C la acumulación de azúcares puede limitarse.

Uno de los efectos más documentados de la temperatura es la reducción de los compuestos fenólicos. Las temperaturas elevadas durante el proceso de maduración disminuyen la concentración de antocianinas en las bayas. Las antocianinas se encuentran en las vacuolas de la piel de las bayas y aumentan cuando comienza la maduración, en simultáneo con el aumento de azúcares.

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Yema en receso en cv. Cabernet Sauvignon, en el Valle del Maipo, agosto de 2020. Sitio de ensayo del Proyecto Poda Tardía como estrategia de adaptación frente al cambio climático. Fuente: Carolina Salazar.

Por lo tanto, el aumento de la temperatura puede afectar el contenido de azúcar, ácidos orgánicos y compuestos fenólicos, todos relacionados con el proceso de maduración de la uva y su calidad.

En consecuencia, si sumado al adelantamiento de la cosecha se considera que el desarrollo de la maduración se producirá principalmente durante los meses más calurosos de la temporada como son diciembre, enero y febrero (dependiendo de la variedad) el efecto sobre la concentración de los compuestos fenólicos (por consiguiente, el color de la uva) también podría transformarse cada vez más en un problema, afectando la calidad de la fruta cosechada.

Este efecto del incremento de temperatura en el desarrollo de la maduración ha sido denominado por varios investigadores a nivel internacional como un “desaoplamiento de la madurez”, es decir, pérdida de sincronía entre la acumulación de azúcar (que se produce más rápido) y antocianinas (que podrían disminuir su concentración). Debido a esto, puede suceder que, en el campo, por el aumento de la temperatura, el color se retrasa y los productores deciden «esperar» hasta obtener una madurez fenólica óptima de las bayas. Cuando esto sucede, las uvas aumentan su contenido de azúcar, generando este desacople.

Sin embargo, la mayo ría de estos desequilibrios podrían corregirse enológicamente. Es importante, al igual que para el caso del daño por heladas, encontrar soluciones agronómicas, fáciles de adaptar, con bajos costos y que no incrementen la mano de obra que permitan mitigar los efectos del cambio climático en la producción de vino.

REDUCCIÓN DEL IMPACTO DE LA TEMPERATURA

Una alternativa para reducir el impacto de la temperatura en el desarrollo de la vid es realizar una técnica agrícola conocida como «Poda tardía de invierno» (PTI), es decir, podar después de que la planta ha brotado.

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El uso de la PTI -como herramienta de mitigación que puede ser aplicada en viñedos comerciales en el corto plazo-se basa en contrarrestar los efectos de la temperatura intentando retrasar la fenología del cultivo, para desplazar las etapas fenológicas como la brotación, envero y/o la madurez, a un período con menor probabilidad de heladas o con temperaturas menos cálidas para el desarrollo de la madurez. Esta técnica ha sido probada a nivel internacional, tanto con el objetivo de prevención de heladas, como de reacoplar la maduración, con resultados generalmente positivos, dependiendo del momento fenológico en la que se implementa la técnica.

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Ensayos de poda tardía establecidos en el Valle Central. Parte del ensayo en campo del proyecto Poda Tardía como estrategia de adaptación frente al cambio climático. Fuente: Carolina Salazar.

La poda tradicional ocurre entre la caída de las hojas y el brote (entre mayo y agosto en Chile). En cambio, la PTI se realiza luego de la brotación (septiembre – octubre) y antes de la floración, para evitar efectos importantes a nivel productivo. Lo que produciría esta técnica sería una eliminación de las reservas ya movilizadas, lo que debilitaría el crecimiento de la vid y retrasaría las etapas fenológicas.

El objetivo es desplazar el ciclo fenológico, permitiendo una brotación en periodos de menor exposición a heladas y que el período entre el envero y la madurez no ocurra, principalmente en las estaciones más calurosas del año. Para el Valle Central, enero es el mes más cálido y es cuando se produce generalmente la etapa fenológica del envero o pinta en las principales variedades tintas, lográndose la maduración alrededor de febrero o marzo (dependiendo de la variedad). Por lo tanto, si se desplaza días o semanas la cosecha, el proceso de maduración estaría menos expuesto a las temperaturas cálidas, y tendría mayor tiempo de desarrollo, pudiendo con esto contrarrestar los efectos del desacoplamiento de la maduración producido por una excesiva exposición a altas temperaturas.

RESULTADOS

La técnica de PTI ha generado favorables reportes a nivel internacional, tanto para retrasar la maduración como la brotación, siendo los resultados dependientes de la variedad, área de cultivo y momento de poda. Algunas experiencias hablan de 27 días de retraso en la brotación en Cabernet Sauvignon, al pasar de una poda en los primeros días de agosto a los primeros días de octubre. En Malbec también se ha observado que es posible desplazar la poda hasta el estado de brotación (Estado 4 de la escala de Coombe), sin observarse efectos sobre la longitud de los brotes, el rendimiento, nivel de azúcar, pH, ni composición química de la uva respecto a un viñedo podado previo a la brotación.

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Viñedo de Cabernet Sauvignon del Valle del Maipo durante el periodo de caída de hojas (junio 2020). Sitio de ensayo del Proyecto Poda Tardía como estrategia de adaptación frente al cambio climático. Fuente: Carolina Salazar.

En cuanto a la experiencia con la PTI para retrasar la maduración, esta ha mostrado resultados positivos sin afectar gravemente productividad y/o calidad en variedades tintas en España, Australia y otros países. Un estudio en la variedad Maturana realizado en La Rioja, España, reportó un retraso de la madurez de 16 días, sin alterar el número de bayas por racimos. En Australia, la evaluación de la PTI realizada con 2-3 hojas en Syrah, produjo un retraso de 12 días en la madurez sin afectar el rendimiento. Por otra parte, para Cabernet, la PTI en la primera etapa de hoja separada presentó un retraso de 10 días sin afectar el rendimiento.

Si bien en los estudios presentados la técnica cumple su objetivo, es importante destacar que varios de los resultados tienen efectos diferentes dependiendo de la zona y variedad utilizada, por lo que la aplicación de la técnica debe ser validada para determinar el momento óptimo de poda según variedad y condiciones agroclimáticas de la zona de producción.

En este sentido, INIA ha comenzado a evaluar la técnica de PTI en el Valle Central, incorporando el factor temperatura dentro de las evaluaciones, con el fin de evidenciar si esta técnica podrá ser utilizada efectivamente como una herramienta de mitigación frente al cambio climático, logrando desplazar las etapas fenológicas para una brotación con menor riesgo de heladas primaverales y permitiendo el desarrollo óptimo de la maduración.

Los ensayos que permitirán obtener respuestas sobre los efectos de la poda tardía en los viñedos chilenos se han comenzado a desarrollar durante esta temporada, y se espera tener resultados positivos para difundir esta técnica como un manejo agronómico simple y de bajo costo para apoyar la adaptación de viticultura frente a nuevas condiciones climáticas.

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