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Por ahorro y calidad

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El kiwi es una de las especies frutales con una mayor aplicación de agua de riego en Chile. Esto se debe a la combinación de varios factores, dentro de los cuales está su origen, sus características anatómicas y fisiológicas, y las prácticas agronómicas asociadas a su cultivo.  Esta liana originaria del sudeste de China se encontraba en forma silvestre en un área geográfica caracterizada por un clima monzónico, con precipitaciones sobre los 1.000 mm y una alta humedad relativa del aire, lo cual le aseguraba un adecuado suministro hídrico y una demanda evaporativa relativamente moderada durante gran parte del año. Sin embargo, la producción comercial del kiwi en Chile se ha establecido en una zona con un clima mediterráneo, donde las precipitaciones entre brotación y cosecha son muy escasas y la evapotranspiración de cultivo suele estar sobre los 7 mm/día. Además, el único sistema de conducción empleado en los kiwales chilenos es el parronal, que se caracteriza no sólo por acomodar grandes volúmenes de fruta (sobre 40 ton/ha), sino también por una muy elevada demanda hídrica debido al importante cubrimiento del suelo que alcanza desde floración en adelante (sobre 85%).

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Medición del potencial hídrico mediante la cámara de presión tipo Scholander.

Por estas razones, es común encontrar huertos de kiwi sobre-regados, en especial si han sido establecidos en suelos con una baja velocidad de infiltración o limitantes de drenaje. Resultados del seguimiento de la cantidad de agua de riego aplicada en seis huertos de kiwi entre las regiones de O’Higgins y del Ñuble, mostraron una aplicación de agua de riego acumulada de aproximadamente 14.000 m3/ha por temporada. Esto representaría un sobre-riego de un 140% con relación a los valores usualmente indicados como adecuados para el kiwi en varios estudios científicos.

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La aplicación de agua por sobre la demanda máxima del cultivo tiene un impacto muy negativo en la producción de kiwi, pues aumenta la presión de enfermedades bacterianas y fungosas (tales como Psa y botrytis), genera condiciones de anegamiento que reducen la conductancia estomática de las hojas y la absorción de agua y nutrientes, junto con disminuir la eficiencia de las labores culturales.

EXPERIENCIAS EN RDC

Adicionalmente, la menor disponibilidad de agua de riego y la mayor evapotranspiración proyectada para los próximos años en gran parte del área productora de fruta en Chile imposibilitarán la práctica del sobre-riego como un manejo cultural más en la producción de kiwis.  En este escenario, una de las opciones de manejo agronómico más interesantes para enfrentar el cambio climático es el riego deficitario controlado (RDC), una técnica en que la aplicación de agua no alcanza a satisfacer la demanda máxima de los cultivos durante ciertos estados fenológicos.

La aplicación de prácticas culturales conservacionistas del recurso hídrico, tales como el RDC, puede contribuir no sólo a un ahorro importante de agua de riego en los huertos, sino también a mejorar la calidad de la fruta. Por ejemplo, el RDC ha sido exitosamente aplicado durante varias décadas en uva para vino, aumentando la concentración de compuestos fenólicos y aromáticos que determinan la calidad enológica de las bayas. De manera similar, científicos de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Concepción han logrado mejorar la uniformidad de madurez en uva de mesa y arándano con la aplicación de un RDC tardío.

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En kiwi, estudios neozelandeses han mostrado que la aplicación de RDC ha mejorado significativamente algunos parámetros de calidad, tales como la firmeza de la pulpa, el porcentaje de materia seca y la concentración de sólidos solubles. La aplicación exitosa de las experiencias con RDC en frutales en Chile y el extranjero se han basado en una precisa determinación del nivel de estrés hídrico fisiológico de las plantas, el cual se determina con la cámara de presión o bomba de tipo Scholander.

PROYECTO EN KIWI

En el marco del proyecto “Técnicas de riego deficitario controlado en kiwi”, ejecutado por el CER y la Facultad de Agronomía de la Universidad de Concepción, se establecieron cuatro tratamientos de riego, los cuales fueron aplicados por dos temporadas consecutivas (2016-2017 y 2017-2018) en cinco huertos de kiwi de la Región de O’Higgins (ver tabla 1). De estos, cuatro huertos correspondieron al cultivar de pulpa verde Hayward y uno al cultivar de pulpa amarilla Soreli.

Los tratamientos de riego deficitario generaron disminuciones del potencial hídrico de la hoja (valores más negativos), reflejando un aumento en la severidad del estrés hídrico en plantas del cv. Soreli (Figura 1A) y Hayward (Figura 1B).

En ambos cultivares, el tratamiento D100_3 llegó a un máximo nivel de estrés hídrico de aproximadamente -1,2 MPa, lo cual es considerado como un estrés hídrico moderado-severo en kiwi. Si bien todos los tratamientos mostraron en ambos cultivares un mayor nivel de estrés que el Control por casi tres semanas, la fecha de corte de los tratamientos de RDC fue distinta para cada cultivar debido a las diferentes épocas de cosecha de Hayward y Soreli.

La aplicación de RDC tardío en kiwi no generó disminuciones consistentes y significativas en la conductancia estomática, lo cual quiere decir que las hojas no disminuyeron su capacidad para captar CO2 de la atmósfera y hacer fotosíntesis, ni tampoco la de evaporar agua hacia la atmósfera a través de la transpiración.

De igual modo, no se detectó un efecto de los tratamientos de RDC sobre el crecimiento vegetativo, pero si un leve impacto sobre la senescencia de las hojas, observándose en algunas plantas bajo RDC del cv. Soreli un aumento de un 2% en la penetración de luz a través del dosel. Sin embargo, esta mayor penetración de luz no afectó negativamente los parámetros de calidad de la fruta en cosecha, ni en post-cosecha. Por el contrario, la aplicación del RDC aumentó la concentración de sólidos solubles, en 0,6 y 1,4 °Brix para los cultivares Hayward y Soreli, respectivamente, durante las dos temporadas del estudio.

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El aumento de la concentración de sólidos solubles en cosecha permitiría recolectar la fruta anticipadamente, y con esto disminuir la probabilidad de precipitaciones durante la cosecha. En kiwi, las lluvias durante la cosecha se asocian a una mayor incidencia de botrytis y la aparición de manchas de agua que reducen la calidad cosmética de la fruta. El hecho que el aumento en la concentración de sólidos solubles no haya estado acompañado de disminuciones en la forma, peso o firmeza de fruta muestran claramente que el estrés hídrico aplicado no generó una mayor deshidratación de la fruta o aumentos en la tasa de respiración.

Los efectos de los tratamientos en la poscosecha de la fruta fueron inconsistentes, pero en la primera temporada, el tratamiento de estrés más severo (D100_3) logró mantener una mejor firmeza de pulpa y de columela en el cultivar Soreli después de 90 días de almacenamiento en frío. Estos resultados, en el peor de los casos, muestran que la aplicación de un RDC tardío no afectaría negativamente la condición de la fruta posterior a la guarda.

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Se pudo concluir que los tratamientos de riego deficitario, incluídos los más severos, no afectaron el número de yemas florales por cargador en ambos cultivares, mostrando que un estrés hídrico de -1,2 MPa durante la última estapa del cultivo no afectaría la inducción ni la diferenciación de yemas florales. Estos resultados se repitieron al evaluar el rendimiento de fruta en la cosecha, donde todos los tratamientos de riego mostraron valores similares de número de frutos y peso de fruta.

En resumen, el corte de agua de riego mediante la aplicación de riego deficitario controlado tardío previo a la cosecha durante la última etapa de crecimiento y desarrollo del cultivo no tiene un efecto en la productividad, pero sí en la calidad de fruta, aumentando de esta manera la eficiencia del uso de agua de riego. Estos resultados son muy relevantes para la fruticultura nacional, puesto que se comprueba que el RDC puede ser una opción comercialmente atractiva incluso en un cultivo frutal tan demandante como el kiwi y en un contexto futuro con menor disponibilidad de agua en el período de máxima demanda del cultivo.

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Por: Ing. Agr. Ph.D.  Arturo Calderón, Académico – Facultad de Agronomía, Universidad de Concepción, Ing. Agr Catalina Atenas, Investigadora – CER e Ing. Agr. Mauricio Calderón, Investigador – CER