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Que las palabras sean incómodas

Que las palabras sean incómodas

Mundoagro
Que las palabras sean incómodas

Sustentabilidad, sostenibilidad, biodiversidad, ecología y ecosistemas son solo algunos de los muchos conceptos y términos de un amplio glosario que describen nuestra relación como seres humanos con las actividades productivas que involucran a la naturaleza, los modos en que nos plantamos frente a ellas y sus diferentes alternativas de producción. Si bien todos estos conceptos nacieron a partir de una preocupación real y de un análisis científico técnico sobre cómo mejorar nuestra relación con el medioambiente, en los últimos años se han utilizado mucho para promover estrategias de marketing de grupos o empresas que necesitan mostrar una preocupación por temas ambientales en sus políticas de RSE para insertarse de mejor manera en sus comunidades. Es obvio que muchos de estos esfuerzos no representan un cambio en los valores de sus directivos, y por lo tanto en la cultura de la empresa, ni tampoco se incorporan en el ADN de los procesos productivos, sino que son vistos como una forma de compensar daños que efectivamente se provocan al llevar a cabo estos mismos procesos de producción.

Las preocupaciones de los consumidores de todo el mundo, los acontecimientos climáticos, la contaminación de los mares y las aguas dulces, la polución del aire, la degradación de los suelos entre otras, nos están marcando la pauta sobre qué camino debemos seguir en las próximas décadas si queremos vivir de una manera sana y verdaderamente sustentable. Algunos no lo perciben y quizás no lo harán nunca, pero seguramente a nivel general, el miedo a las desastrosas consecuencias superará la resistencia al cambio, que en este caso, tiene sus orígenes e implicancias en temas ideológicos e intereses comerciales que representan muchos miles de millones de dólares. Pero el sentido común dice que nuestro instinto de supervivencia finalmente nos hará abrir los ojos para convencernos de que el cambio debe venir desde dentro del ser humano y, que debemos incorporar a nuestro entorno como propio para transformar y reformular nuestra relación con los modelos productivos que involucran a la naturaleza. La agricultura, la ganadería y el sector forestal necesitan de una mirada integral y sistémica que nos lleven a cambiar esta inestable relación que tenemos con el medioambiente.

Esta semana hablé con tres connotadas y reconocidas expertas a nivel nacional en diferentes áreas del quehacer agrícola, por cierto, dos de ellas columnistas de MUNDOAGRO. Ninguna de las tres sabía de mi conversación con las demás; sin embargo, me llamó mucho la atención que se produjera una suerte de sincronía en estos temas.

La primera, muy preocupada de lo que está pasando en el mundo a nivel medioambiental, habló con mucha pasión y claridad sobre el futuro de la agricultura regenerativa, un paso bastante más allá de lo orgánico, con una mirada integral, yo diría que holística en la relación del hombre con la naturaleza y, en el caso de la agricultura, de su relación con los sistemas productivos agrícolas involucrando también a aspectos sociales como parte del sistema. Una tendencia que viene fuerte y que ya tiene algunas muy buenas iniciativas en Chile, como por ejemplo en el área ganadera carnes La Manada, con un sólido modelo de ganadería regenerativa.

Otra de ellas me llamó para contarme de la preocupación de la industria de alimentos por contar con aromatizantes y saborizantes no provenientes de la química sintética sino de procesos biológicos con bacterias y fermentación de levaduras que son infinitamente más sanos.

La tercera, una experta en sustentabilidad y economía circular, me habló de los avances en esta materia y de la preocupación de agentes del gobierno por implementar programas que promuevan su integración a la agricultura.

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La preocupación existe entre los profesionales del área y existe también una fuerte aspiración del público del mundo por consumir productos más saludables. Debemos superar la errada creencia de que estos temas son una tendencia ligada a lo “hippie orgánico”. Todos estos profesionales de primer nivel nos están diciendo que se pueden implementar estos modelos productivos a gran escala en todos los ámbitos productivos del mundo silvoagropecuario sin que esto signifique perder productividad. De hecho, está comprobado, que los modelos productivos tal cual están siendo implementados hasta ahora tendrían los días contados por una muy baja productividad futura mientras que, si implementamos estos cambios, la capacidad productiva podría duplicarse.

Entre el prejuicio de lo hippie orgánico y el uso de términos ´sustentables´ solo al servicio de la imagen de las empresas, crece la tentación de pensar en un mundo que ya no busca su propio equilibrio sino más bien un presente rentable y nada más. Pero al mismo tiempo hay otras fuerzas: las voces que se permiten, como las tres expertas que mencioné, salirse de su discurso aprendido para agregarle nuevos elementos.

Aun con toda la diversidad que tiene nuestra agricultura y sus mercados, hay un elemento en común que se repite sin falta y que todo analista o exportador repite (a veces con cierto fastidio): que los consumidores exigen y exigen, incluso hasta en poner en jaque ciertas producciones. Sin embargo, hay que diferenciar, en este aspecto, lo incómodo de lo perjudicial. La incomodidad es lo que nos lleva a movernos, a salir del statu quo para buscar nuevas posiciones y hasta formas de ver el mundo.

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