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Renaciendo de las cenizas

Renaciendo de las cenizas

Renaciendo de las cenizas

Más de 500.000 hectáreas fueron arrasadas por las llamas, convirtiendo todo a su paso en cenizas; con el fuego extinguido es momento de buscar soluciones para la recuperación de la actividad agrícola. Por lo que el ministerio de Agricultura, encabezado por Carlos Furche, constituyó un equipo técnico de trabajo para evaluar el impacto de los incendios forestales sobre la productividad de los suelos agropecuarios, para luego implementar líneas de acción para asistir a los agricultores afectados.

En una primera etapa, se realizará una evaluación física, química, y biológica de los suelos de praderas naturales, de praderas en sectores plantados con espinos, vid, pino, y de plantaciones de eucaliptus, que han sido afectados por los incendios forestales. Además de lo anterior,  se está realizando una evaluación de la superficie quemada, en las regiones de O`Higgins, del Maule, y del Bío-Bío, a través de imágenes satelitales, utilizando para ello técnicas de teledetección.

El equipo técnico está dirigido por el asesor ministerial Hugo Martínez, el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y el Departamento de Gestión Integral de Riesgos (DGIR).

El primer paso

El Investigador de Inia Rayentué, especialista en conservación de suelos, Jorge Carrasco recomienda como una de las medidas para la recuperación de los terrenos agrícolas, los agricultores se acerquen a Indap y al SAG, para que a través del Programa de Recuperación de Suelos Degradados (SIRSD-S), planes de manejo que incorporen planes conservacionistas de suelo y agua, para enfrentar la problemática que se produjo por los incendios forestales. “El programa incorpora prácticas como el cierre perimetral de terrenos,siembra, regeneración de praderas, aplicaciones de guano al suelo, labores de subsolado o escarificado de terrenos para facilitar la infiltración de agua en el mismo perfil, entre otras”.

Uno de los principales problemas que indica Carrasco, es que producto de los incendios forestales, se perdió la cobertura vegetal del suelo, que permite controlar el proceso erosivo. “Hay que evitar que el agua de lluvias escurra superficialmente cuando comiencen las precipitaciones. Para ello es conveniente romper el suelo con los equipos necesarios y así el agua infiltra, reduciendo con ello su escurrimiento superficial y con ello la erosión, así no se generan procesos erosivos”.

Las consecuencias más preocupantes para el sector agrícola, es el suelo, ya que se ve afectado desde el punto de vista físico, químico y biológico; debido a la oxidación y perdida de la materia orgánica, volatilización de nitrógeno y fosforo orgánico, como otros elementos que se ven afectados por las altas temperaturas, provocando una reducción de estos nutrientes.

No obstante lo anterior, las cenizas originadas de la combustión del material originados de la quema de árboles, arbustos, y plantas herbáceas, significa una depositación importante en el suelo de nutrientes para las plantas, como calcio, magnesio, y potasio, entre otros. Estos se pueden perder, por procesos erosivos, por el cual el suelo se puede empobrecer aún más.

Carrasco indica que se pierde la materia orgánica por las altas temperaturas, la cual define la estructura del suelo; además de facilitar la acumulación de agua. “En el caso de los bosques de eucaliptus y pino, la quema del follaje además puede genera sustancia hidrofóbicas al agua que se generan por la quema, afectando la porosidad del suelo lo que significa menor infiltración del agua hacia las capas más profundas, perdiendo con ello capacidad de acumulación de ese elemento vital”. Esta condición es de gran importancia, si se trata de áreas de secano que se abastecen principalmente de agua, a través de las precipitaciones.

Recomendaciones

El especialista en la conservación de suelos comenta que los agricultores deben incorporar materia orgánica a los suelos dañados, “agregar guano es fundamental; y en forma paralela pueden establecer algún tipo de praderas sembrándolas, además  de laborar el suelo para sacar hacia la superficie, semillas de especies forrajeras existentes como ballica y tréboles, dejándolas en condición de germinación. Esto es una forma de ir recuperando la cobertura vegetal del secano, además de proveer de alimentación a la masa ganadera, constituida principalmente por ovinos”.

Otrá práctica que se puede recomendar, es rastrear superficialmente el suelo, para facilitar una incorporación de cenizas, y con ello de nutrientes originada de la quema, indicada anteriormente.

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Otra opción que plantea Carrasco, es que el agricultor realice algún tipo de siembra de ballita anuales, perenes en mezcla con tréboles adaptados a las condiciones de secano, que es una buena alternativa  para ir recuperando las praderas afectadas y de igual manera recuperar la materia orgánica del suelo. “Al aumentar la materia orgánica del suelo, y la cobertura vegetal, mejorarán las condiciones de acumulación de agua en los terrenos afectados por los incendios forestales”.

En el caso de los cultivos quemados, Jorge Carrasco comenta que ha podido observar plantas de olivos y vid quemadas en la Región de O’Higgins. “La recuperación de las plantas afectadas es complicada, por lo cual lo más recomendable es arrancarlas y establecer nuevas plantas injertadas con la misma especie establecida en el huerto”.

Reconstrucción en las viñas

Otras de las secuelas son las viñas, ya que los incendios forestales destruyeron una importante cantidad de hectáreas de parras en el centro-sur del país, especialmente en el Maule y sobre todo en Cauquenes, teniendo consecuencias en los vinos que se produzcan con las uvas que se salvaron de las llamas; por el sabor del humo.

Los expertos recomiendas para uvas tintas y blancas retirar las hojas en la vendimia, de esa manera mantendrán la uva a baja temperatura hasta la vinificación.

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