Por Mundoagro.cl el 13 enero, 2017

La semilla del éxito

Cómo hizo Eduardo De la Sotta para que Curimapu quintuplicara la superficie destinada a multiplicación de semillas. Un camino que nace en la VIII Región e incluye maíz, maravilla, frijol, soya, canola y másde 25 especies de hortalizas.

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Buscando alternativas más rentables en la VIII región, durante la década del 90’ un grupo de agricultores se asoció para investigar distintas opciones de cultivo en una zona que solía apostar por la agricultura tradicional. Con la asociatividad como piedra angular fue que en enero de 1996 nació Curimapu. El nombre no es casualidad. Curimapu en mapudungun significa tierra negra, como los suelos trumaos típicos de la VIII región, donde ellos empezaron.

Eduardo De la Sotta, gerente general de la empresa, se remonta a los inicios y recuerda que un elemento clave fue el apoyo del Programa de Proyectos Asociativos de Fomento de la Corfo (Profo), que les entregó financiamiento para potenciar la asociatividad. “Queríamos dar un paso más allá, unirnos y comercializar; la ayuda de Corfo nos permitió realizar los estudios de mercado  y cosas relacionadas a la puesta en marcha del proyecto. Fue el puntapié inicial”.

Analizaron alternativas y después de tres meses de estudio se dieron cuenta que la mejor opción era la producción de semillas. “Siempre me gustó éste tema, desde cuando estaba en la universidad, y fue uno de los que decidimos concretar”.

Con la visión de futuro clara y definida la rentabilidad del negocio, Curimapu comenzó a nadar contra la corriente al cultivar semillas en una zona con alta probabilidad de heladas y lluvia. Así se convirtieron en la primera empresa en producir semillas en el Bío Bío.

“En los inicios éramos doce agricultores, ahora es más acotado y somos nueve; algunos de ellos se retiraron de la sociedad. Comenzamos produciendo semillas de porotos y girasol ya que había algo de experiencia entre los agricultores. Dijimos  ́es una alternativa, se puede hacer ́, sólo había que invertir, tecnificar; por eso decidimos dedicarnos a la multiplicación de semillas realizando las mejoras correspondientes”.

La industria semillera cosechaba con tractor, siendo intensiva en mano de obra. En ocasiones los productores se veían afectados por las lluvias, perdiendo toda la producción. El uso de maquinaria especializada en semillas era escasa. Eduardo recuerda que fue necesario tecnificar los cultivos, “trajimos máquinas desde Francia para poder hacer la cosecha de frijol, tecnología que no existía en Chile. Fuimos mejorando el cultivo en la mecanización, optimizando el rendimiento; por consecuencia la eficiencia y rentabilidad de los agricultores”.

Eduardo valora los beneficios de la asociatividad como forma de trabajo. “No es simple llegar a acuerdos cuando son varios socios. Creo que es fundamental que los agricultores busquen un mismo objetivo, que sean relativamente similares en cuanto a tamaño en los campos, que sean semejantes respecto a la parte económica, cosa que no haya uno más grande que otro”.

Desde aquella aquellas primeras semillas

Tras la certeza de que estaban partiendo por el camino correcto, lo que seguía era dar el segundo paso: salir a buscar los contratos de multiplicación en el extranjero. Eduardo comenta que participaron en congresos internacionales donde contactaron algunos clientes y obtuvieron los primeros pedidos de semillas, con alrededor de 150 hectáreas de frijol. “Tuvimos que construir una planta para seleccionar las semillas y exportarlas. El segundo año logramos conseguir más transacciones y tuvimos que salir a contratar agricultores que no eran socios de Curimapu”.

Eduardo explica que Curimapu firma un contrato de multiplicación con los agricultores. La metodología consiste en entregarles la semilla y la asesoría para que ellos la multipliquen con la ayuda de agrónomos que les hacen visitas semanales. Además, cuentan con la maquinaria especializada para cada una de las etapas del proceso desde la siembra hasta la selección de la semilla.

“Entonces al productor le ofrecemos un contrato, donde le entregamos la semilla básica libre de costo y un precio al que le compramos su semilla una vez que la cosechemos y la procesamos; le pagamos en dólares o euros”. La labor de multiplicación de semillas no es fácil, por lo que se establecen ciertos parámetros de calidad que están previamente establecidos en el contrato.

Con el correr de los años se incorporó la multiplicación de maravilla, pepino y repollo, especies que no se producían en esa zona, acorde a esa mirada visionaria de la empresa. “Fuimos creciendo tan rápido que nos vimos en la necesidad de separar un poco las empresas y especializarnos.

Teníamos muchos cultivos como poroto, maravilla y maíz, que son semillas grandes. Conjuntamente empezamos a hacer muchas semillas de hortalizas, como zapallo, repollo, calabaza; la verdad que son mundos distintos y agricultores distintos”.

Por eso en el año 2007 crearon Curimapu Seed Growers, que es la empresa encargada de las semillas grandes, y Curimapu Vegetable

Seeds, que produce más de 25 especies de semillas de hortalizas como lechuga, sandía, melón y pimentón. Además ese mismo año crean la empresa Curimapu Semillas, a través de la cual venden semillas de maíz, trigo y raps en el mercado nacional.

Las claves del éxito  

No todos conocen el sabor del triunfo, y muchos menos saben sus motivos. Eduardo De La Sotta esgrime lo que para él fueron los pilares de estos logros: “Hemos hecho un buen trabajo desde el comienzo. Primero porque existía la necesidad y abrimos una zona productora de semillas que antes no existía en la VIII región (Chillán, San Carlos, Los Ángeles). Y estaba la necesidad quizás de las empresas transnacionales de hacer ese mismo tipo de semilla que en Chile no había dado buenos resultados”.

Otro elemento fundamental fue la tecnificación. “Logramos hacer que los agricultores se interesaran y aumentaran también los volúmenes de producción, como antiguamente se cosechaba a tractor no se podían hacer más de cinco hectáreas, y llegamos a agricultores que hacen más de 100 hectáreas de semilla de poroto”. Para los agricultores, un atractivo que tiene el rubro es la posibilidad de ver los resultados económicos al primer año.

Los modelos de multiplicación  

Desde hace más de trece años nuestro país se ha convertido en el quinto mayor exportador de semillas del mundo y el primero en el hemisferio sur. Frente a ese escenario Eduardo De la Sotta explica que el negocio de la semilla para Chile es básicamente de multiplicación.

La explicación de esto tiene que ver con la contraestación que otorga Chile. Las empresas multinacionales buscan desarrollar nuevas líneas de semillas, para lo que los genetistas se demoran diez generaciones de plantas. “Por lo tanto, si se hace todo en el hemisferio norte son diez años. Al utilizar el hemisferio Sur se pueden hacer dos temporadas en una, por lo tanto el ciclo se acorta a cinco años”.

Otro modelo del negocio es la multiplicación de semillas, en la que una vez que se tiene el híbrido y se lo quiere comercializar, es necesario aumentar la cantidad de semillas para vender. “Nosotros hacemos las semillas de fundación y también la multiplicación de las mismas para variedades o líneas comerciales que necesitan aumentar el volumen”.

Eduardo señala que algunas multinacionales se han instalado en Chile, integrándose al proceso de producción de forma directa con los agricultores.

También existe la figura de grandes empresas que están presentes en Chile y requieren de semillas híbridas de cosecha manual pero sus instalaciones no son adecuadas para ese tipo de proceso. “Por lo que nos contratan a nosotros para hacer ese tipo de semillas específicamente. El nuestro es un modelo bien flexible, está abierto a todas las opciones, a las necesidades de la multiplicación de semillas en todas sus variables”.

Chile bajo la crisis  

Hasta el 2013 Chile tenía una superficie de 35 mil hectáreas destinadas a la multiplicación de semillas, lo que equivalía a 651 millones de dólares en exportación. Se proyectaba un futuro próspero para la industria, pero el panorama cambió radicalmente: la última temporada bajó a 9.000 hectáreas y las exportaciones descendieron a 314 millones de dólares.

Eduardo explica que las empresas necesitaban más semillas porque los agricultores del hemisferio norte querían producir más maíz. Pero mientras se auguraba un alza en la industria, se produjo una baja en el precio del petróleo y los biocombustibles dejaron de ser atractivos, por lo que el precio del maíz descendió y los agricultores no quisieron sembrar dicha semilla. Como consecuencia las empresas comercializadoras de maíz se quedaron con sobre stock, situación que se mantiene actualmente.

“Las empresas que hacían monocultivo de semilla de maíz están muy complicadas. La diferencia es que nosotros comenzamos en el año 96’ ya muy diversificados. Todavía hacemos semillas de maíz, nos golpeó la crisis entre un 75% a un 80%, pero la diversificación que tenemos nos permite crecer en otras semillas como la canola, frijol o maravilla, por lo que nuestros volúmenes de producción se han mantenido relativamente estables”.

El resultado de la diversificación es que actualmente cuentan con cerca de 200 agricultores multiplicadores de semillas, desde Melipilla hasta Renaico. Al partir, el modelo e negocio fue desde dentro hacia fuera. Es decir, comenzaron con un grupo de agricultores que quería semillas para sus campos y observaron que había una demanda mayor, por lo que se fueron extendiendo a nuevos agricultores con mayores alternativas de producción. En esa medida fueron buscando zonas adecuadas para desarrollar cada una de las alternativas de producción.

Pese al escenario actual de la industria de semillas en Chile, Eduardo reafirma las cualidades que tiene nuestro país para la multiplicación de semillas. “Tenemos barreras fitosanitarias que hacen muy atractivo el negocio y un nivel elevado de agricultores. Chile nunca va a ser un productor de commodities porque no tenemos la superficie agrícola, pero siempre vamos a ser productores de nichos y esa es una de las ventajas como país, tener los microclimas, las condiciones de suelo y agrícolas, además de la tecnificación de los agricultores”.

Si bien hoy Chile es el mayor exportador de la región, Eduardo advierte que debemos estar atentos a nuestros vecinos para no perder el liderazgo, ya que Perú viene desarrollando la industria semillera hace veinte años y ha crecido mucho en los últimos cinco, enfocados a los híbridos de cosecha manual, al tener una mano de obra más barata y condiciones climáticas muy adecuadas para la producción de algunas semillas.

Argentina, por su parte, es competencia directa en producción de semillas grandes, como maravilla, soya y maíz, con híbridos más precoces que en Chile. Pero uno de los atributos a favor de Chile son las condiciones de microclima de cada región, propicias para la producción de semillas de hortalizas.

Camino al futuro  

El terreno está un tanto complejo para la industria de multiplicación de semillas. Pese a aquello, Eduardo De la Sotta busca capear de buena manera la crisis con el escudo de la diversidad.

Continuará el negocio con la perseverancia que lo caracteriza. “Buscamos entregar una alternativa atractiva y rentable, para seguir creciendo en los negocios que estamos desarrollando. Lo más importante en nuestra empresa son los agricultores, nos debemos a ellos, porque son los que hacen la producción de semillas, creen en la empresa para sacar la producción adelante. Han confiado en la incorporación de nuevos cultivos. Nos debemos a los productores y a las multinacionales que son las que requieren de nuestro servicio”.

De cara a los próximos años, Eduardo dice que el desafío es reintentar el negocio en el extranjero, ya que hace algunos años incursionaron en Perú con semillas de pepino, en Argentina con cebolla y zanahoria, pero sin buenos resultados. “Por lo que volvimos a producir exclusivamente en nuestro país. La multiplicación de semillas en Chile es difícil, pero producir en otro país, con otra cultura tiene mayores dificultades todavía; hay que saber desarrollarlas. Preferimos volver porque nos queda mucho por hacer en Chile, mucho por crecer y desarrollarnos”.

Al fin de cuenta, la historia de Curimapu ha sido fértil, tal y como el agricultor que cultiva la semilla y hace germinar su negocio.

 

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