Por Mundoagro.cl el 20 abril, 2020

En busca de alternativas: tres cultivos de bajo requerimiento hídrico

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El año pasado nos dejó un escenario hídrico complejo para la agricultura nacional, con entre un 70 y 80% de déficit de lluvia en las zonas norte y centro del país, y a pesar de las diversas alternativas con las que se cuenta para aumentar la productividad del agua —como tecnificación de riego, creación de tranques intraprediales, uso de coberturas orgánicas e inorgánicas, e incluso tecnología para dar seguimiento al estado hídrico del suelo y regar con precisión—, “estas no serán suficientes para sostener la demanda hídrica actual en agricultura”.

Marco Garrido, director y académico del Centro de Estudios de Zonas Áridas (CEZA) de la Universidad de Chile

Así lo señala Marco Garrido, director y académico del Centro de Estudios de Zonas Áridas (CEZA) de la Universidad de Chile, quien explica que existen otras alternativas menos populares para tratar esta situación, como lo son la reducción de superficies o bien, la diversificación agrícola que implica la incorporación de especies de menor requerimiento hídrico.

A través del centro ubicado en la Región de Coquimbo, se han estudiado distintas alternativas de cultivos de bajo requerimiento hídrico con el objetivo de maximizar la productividad del agua. Según indica el académico, estas condiciones (de aridez) se extenderán a lo largo del país, por lo que “hay que dejar de pensar en toneladas producidas por hectárea, y más bien pensar en toneladas producidas por metro cúbico de agua utilizado”.

Entre las especies que destacan por su relativo bajo consumo de agua estacional y resistencia al estrés hídrico destacan el granado, higuera, tuna, pitahaya, tamarillo (tomate de árbol) y palma datilera. Además, los productos cosechados han mostrado una gran versatilidad en sus fines, siendo aptos para el consumo fresco local, exportación, agroindustria y mínimo proceso, entre otros. Sin embargo, actualmente las superficies plantadas son pequeñas e incluso tienden a la disminución, indica.

TRES CULTIVOS PROTAGONISTAS

Debido a sus lugares de origen, la higuera, el granado y la tuna han desarrollado una alta resistencia a la sequía. Son relativamente saludables desde el punto de vista fitosanitario, requieren suelos con una buena capacidad de aire, y tienen una tolerancia moderada a la salinidad y alcalinidad del suelo.

La higuera es una especie altamente resistente al estrés hídrico

Además, tienen la cualidad de ser altamente productivos en términos de uso de agua, poseen rendimientos competitivos y usos de agua de riego estacional relativamente bajos. Por ejemplo, el agua usada para riego durante la temporada en granado puede fluctuar entre 4.500 y 7.500 m3/ ha, en higuera entre 2.800 y 7.000 m3/ha, y en tuna entre 1.500 y 3.000 m3/ha. Bastante bajo comparado con un parronal que requiere entre 10.000 y 15.000 m3/ha al año. Por si fuera poco, son frutos especialmente atractivos por sus propiedades organolépticas y nutricionales, con altos contenidos de fibra, vitaminas, minerales y compuestos antioxidantes.

HIGO

El cultivo de este frutal mediterráneo se concentra en la III y IV Región, parte de la Metropolitana y también en algunas zonas de Valparaíso. Se da principalmente en los valles interiores, respondiendo muy bien a veranos calurosos y a zonas de alta acumulación térmica.

En Agrícola Doblevalle ubicada en Mallarauco, Melipilla, Martín Wielandt cuenta con alrededor de 6.500 higueras.

Debido a que es un árbol frondoso y con un coeficiente de cultivo importante, la higuera presenta un requerimiento hídrico entre 4.500 y 7.000 m3/ha al año, considerando un rendimiento de 10-30 ton/ha de higos (o 5-20 ton/ha de brevas), una cifra relativamente inferior a los frutales de hojas persistentes.

Si bien es una planta altamente resistente al estrés hídrico, para lograr una buena calidad de fruta, es necesario que cumpla con los requerimientos mínimos de agua, ya que el estrés hídrico puede afectar su tamaño y calidad.

Martín Wielandt, productor de higo de la zona central

“Los requerimientos de agua son necesarios para tener un buen calibre y una producción comercialmente aceptable. La resistencia a la falta de agua es efectiva, pero para sobrevivir, no como elemento de producción”, explica Martín Wielandt, productor de higo de la zona central, quien cuenta con 10 hectáreas plantadas en su campo Doble Valle.

Incluso la presencia de lluvia puede acelerar el proceso de pudrición cuando el fruto ya está en maduración. “Es mucho más adecuado que las condiciones de humedad del suelo sean controladas sólo por el riego a pesar de que una lluvia puede ser bienvenida, pero podría tener ciertas complicaciones si uno no hace algunos manejos de precaución para evitar enfermedades”, señala Francisco Alfaro, asesor técnico.

Considerado un fruto de consumo local, más bien arraigado a la identidad cultural, principalmente en las zonas del norte chico y norte grande, el cultivo del higo ha ido aumentando paulatinamente desde 2012 debido a su creciente demanda, ya sea seco o fresco para retail, o bien, para exportación en menor cantidad.

A nivel de campo, los precios son interesantes para este fruto. “El higo seco te lo pueden llegar a comprar hasta en $1.500 pesos el kilo, mientras el fresco tiene fluctuaciones dependiendo de la fecha, llegando a pagar hasta $2.000 pesos por un cajón al principio de la temporada”, indica Alfaro.

Una de las principales características del higo es su importante contenido en minerales y nutrientes, así como su alto valor calórico. “Es una especie que viene en desarrollo, hay un grado de incertidumbre, pero no le quita que se vaya a estabilizar”, dice Alfaro, quien señala al higo como uno de los productos naturales con mayor proyección. Es un producto que todavía tiene mucho que explotarse, ya sea resaltando sus propiedades organolépticas, nutritivas o con la gran variedad de subproductos que se pueden derivar.

TUNA

Hace poco más de diez años el cultivo de este fruto era mucho más popular debido principalmente a la producción de la cochinilla de carmín, insecto que se alimenta de la tuna y del cual luego se obtiene el colorante carmín. Sin embargo, poco a poco fue perdiendo rentabilidad debido a los altos costos y demanda de mano de obra, por lo que fueron arrancadas 300 hectáreas destinadas a la producción de este insecto.

Hoy Chile cuenta con 700 hectáreas plantadas, que se concentran la mayoría en la Región Metropolitana, en la zona de TilTil. David Arancibia, asesor técnico de tuna, indica que, aunque la tendencia de cultivo no va en aumento, permanece estable. “Hay algunos huertos jóvenes, pero la realidad es que no ha habido un aumento de la superficie plantada, los huertos que están productivos hoy en día tienen en promedio unos diez años”.

Cultivado principalmente en la zona central Región Metropolitana, Valparaíso y Coquimbo, este frutal se da muy bien en condiciones de valles interiores y requiere una temperatura en verano superior a los 25°C en el día y alrededor de 12° a 15° por la noche. Su requerimiento hídrico es uno de los más bajos pues necesita apenas 1.500 – 3.000 m3/ha al año; inclusive las plantas pueden sobrevivir en condiciones de secano, pese a que su productividad se vería afectada.

David Arancibia, asesor técnico de tuna.

La producción apunta 100% al mercado interno, debido principalmente a que la tuna tiene una corta vida de postcosecha, por lo que se dificulta su exportación. En el mercado mayorista, se pueden llegar a contar con un precio promedio de 400 pesos por kilo, 300 pesos por kilo en marzo y abril pero hasta 900 pesos por kilo entre julio y octubre. Además, la tuna tiene un precio bastante atractivo en supermercados, señala el asesor. “Existen productores que han logrado vender su fruta directo a los supermercados obteniendo un precio bastante mayor al promedio que vende su fruta a intermediarios”. La barrera de entrada para este mercado, explica, son los mayores requerimientos de calidad, que implica que los productores tengan que recurrir a inversiones como máquinas desespinadoras y calibradoras y también a transporte refrigerado, entre otros.

Como cultivo complementario también resulta bastante atractivo, ya que tener fruta durante todo el año permite al productor mantener al personal en el campo. En general, se estima que el 60% de los productores de tuna tienen otros cultivos. Por ejemplo, en la zona central o centro norte, muchas veces los productores tienen más superficie de la que pueden explotar porque tienen poca agua, y en ese tipo de condiciones, a los productores les sirve muy bien como un complemento en su actividad agrícola y generar ingresos extra.

Incorporando manejos agronómicos básicos el rendimiento de la tuna puede llegar hasta 20 ton/ha.

Finalmente, hay otros factores del cultivo que mantienen a los productores satisfechos con este fruto a pesar de no contar con márgenes de ganancia muy altos. En primer lugar, hay un tema de seguridad. “Es una planta que a uno le da la garantía de que no se va a perder la inversión ante un fenómeno importante de sequía como el actual, sobre todo en lugares que tienen más riesgo asociado como la Región de Valparaíso y Coquimbo”, explica Arancibia.

Por otra parte, este es un cultivo relativamente barato, no tiene muchos costos y la inversión inicial es muy baja comparada con otros cultivos porque no se compran las plantas. Además, existe otro componente que es el de la seguridad: “este es un cultivo que no sufre muchos robos de fruta como ocurre con otros cultivos como el palto”, por lo mismo se puede prescindir de tener personas permanentemente en el campo, de cercos de protección, etc.”. Esto permite al productor una mayor flexibilidad en los tiempos de trabajo, ya que pueden permanecer los huertos solos, sin personal vigilando permanente el campo, y el riego no es tan demandante, ya que por lo general ocurre una vez por semana.

Cabe resaltar que la tuna tiene un potencial rendimiento de 30 ton/ha, aunque en Chile el promedio solo llega a 10 ton/ha. La causa principal de esta merma es que, en general, los huertos tienen un bajo nivel de tecnificación, principalmente en lo que refiere a riego. “Se le descuida bastante en este aspecto justamente por la fama de la planta de ser resistente a la sequía, lo que es verdad, pero para tener rendimientos comercialmente rentables es necesario regar de manera óptima como con cualquier otro cultivo”, indica Arancibia y señala que existen casos de productores chilenos que han logrado rendimientos sobre las 20 ton/ha solo a través de la incorporación de manejos agronómicos básicos.

GRANADA

Con presencia desde la Región de Arica hasta prácticamente Curicó y algunas zonas del sur de Santiago, el granado es un frutal con una evolución genética favorable para condiciones de aridez y de alta acumulación térmica, tanto que sus requerimientos hídricos son relativamente bajos, pues necesita entre 4.500 y 7.500 m3/ha al año para lograr un rendimiento de 20 a 30 ton/ha.

A pesar de su popularidad, la superficie plantada del granado ha sufrido una compresión en los últimos años producto de la competencia de mercados exteriores como Perú y algunos costos de oportunidad en términos de suelo, explica Alfaro. “Mucha gente se fue cambiando de cultivo, optando por aquellos que no requieren tanta mano de obra, lo que ocasionó que las hectáreas destinadas a granados fueran arrancadas y utilizadas para nueces o paltas”, pasando de aproximadamente 1.150 a 650ha., según datos catastrados entre 2017 y 2019 a nivel nacional.

Francisco Alfaro, asesor técnico de granado e higo.

Sin embargo, la granada lleva bastante tiempo exportándose. “Hay algunos mercados que han permanecido más estables, como el asiático, especialmente Japón”. En términos de retornos FOB a nivel de campo, el agricultor puede recibir hasta USD 2 por kilo, llegando a cifras superiores cuando hay fruta con un peso promedio de 450 – 500 grs.

El experto de la Universidad de Chile pronostica que la granada tendrá una expansión, ya sea ingresando a competitivamente a nichos de exportación con fruta de alto gramaje, o bien, optando por modelos de negocio más asociados al valor agregado, resaltando sus propiedades antioxidantes por ejemplo en jugo o pepa congelada, “la granada tiene buena proyección sobre todo porque es un producto alimenticio saludable”.

UNA NUEVA MIRADA

Estas especies se han ido incorporando bien al mercado en función de los precios, pero también sirven para optimizar la infraestructura de los huertos. En general ocupan lugares con labores que permiten complementarse con otras especies, en el caso de las empresas medianas o grandes, mientras que en el caso de los agricultores pequeños permiten seguir haciendo agricultura con escenarios de oscilaciones de agua y riego.

Si bien estas especies no se ven como alternativas a la producción de frutales de alta demanda y rentabilidad, es importante no mirarlos como cultivos de reemplazo, sino como complemento y diversificación.

La escasez hídrica continuará y se intensificará por lo que es importante que los productores cuenten con alternativas y complementos que les permitan adaptarse, apunta Garrido. “El aumento de la diversidad intra-predial en fruticultura es un paso importante para adaptarnos a la aridización, ya que cultivos de bajo requerimiento hídrico y resistentes a estrés hídrico, podrán sobrevivir y recuperarse de eventos extremos de sequía, permitiéndonos concentrar los recursos en especies de mayor consumo y menor resistencia, como paltos, cítricos y uva pisquera y de mesa”.

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