Estás leyendo
Usar el futuro para innovar en el presente

Usar el futuro para innovar en el presente

Mundoagro
Usar el futuro para innovar en el presente

El año pasado fui a los Países Bajos en el marco de un proyecto Horizonte que FIA tenía con la Unión Europea. Específicamente fui a la Universidad de Wageningen a conocer cuáles eran sus lineamientos estratégicos en términos de agricultura y fomento de la innovación.

Mi intención explícita era comprender cómo, en tan poca superficie de terreno, los Países Bajos habían logrado conseguir tanta productividad. En específico quería saber cuál había sido el rol de la innovación en todo este proceso y cuáles eran los aprendizajes que me podía entregar la universidad más importante del mundo en términos de agricultura y alimentación.

En la visita a Wageningen me reuní con profesionales de distintos departamentos de la universidad, quienes me compartieron el detalle de sus vanguardistas líneas de investigación. Pero lo cierto es que recuerdo especialmente la conversación que tuve con el equipo del programa de investigación “Hacia una sociedad circular y climáticamente positiva”, que asesora en temas estratégicos a la ministra de Agricultura de los Países Bajos.

Este programa, que busca desarrollar nuevos sistemas de producción de productos alimenticios y no alimenticios, no sólo se orienta a que sean circulares y climáticamente neutrales, sino también a que tengan efectos favorables en el clima.

El sustento que hay detrás de este programa es reconocer que la mayoría de las materias primas utilizadas en nuestra sociedad se aplican en productos desechables. Entonces, debido a que existe un amplio consenso de que este sistema lineal ya no es sostenible, se necesita una transición hacia el uso circular de agua, nutrientes y carbono, en combinación con una pérdida mínima de recursos naturales. Solo entonces, plantea el equipo de investigadores, se recuperará nuestro clima y seremos capaces de seguir alimentando a la población mundial en constante crecimiento.

Para llevar a cabo lo anterior, el programa trabaja en tres líneas de investigación aplicada. En la primera de ellas (Gestión de las transiciones), se desarrollan instrumentos que facilitan la transición hacia una sociedad circular y climáticamente positiva. La segunda línea de investigación (Sistemas de producción primaria) se sustenta en el hecho de que la nueva sociedad circular y climáticamente positiva, exige nuevos sistemas de producción primaria. Finalmente, la tercera línea de trabajo (Materia prima de biomasa) comprende que la nueva economía de base biológica no deja lugar para los productos de origen fósil.

La meta de este programa es que la Universidad de Wageningen, en su rol de asesora del Ministerio de Agricultura de los Países Bajos, contribuya significativamente a lograr una sociedad circular y climáticamente positiva para el año 2030.

LA PREGUNTA INICIAL

Escuchar lo desafiante que son las metas del programa “Hacia una sociedad circular y climáticamente positiva”, me dejó un tanto desconcertada porque lo que estaba buscando eran otras respuestas. A mí me interesaba conocer cómo los Países Bajos habían armado su sistema de innovación y cómo éste los había llevado a convertirse en una nación que, pese a su pequeña superficie, produce una enorme cantidad de productos alimenticios y no alimenticios.

Si bien los investigadores a cargo del programa reconocieron que la innovación es un elemento importante en cualquier estrategia de desarrollo económico, también me indicaron que más importante que la innovación, es la pregunta inicial que hay que hacerse y que, finalmente, es la que guía las decisiones estratégicas.

Usar el futuro para innovar en el presente

Cuando les pedí que me explicaran un poco más a qué se referían con esto de la “pregunta inicial”, me comentaron un hecho puntual. Resulta que la ministra de Agricultura de ese país es hija de productores lecheros y toda su vida ha estado vinculada a ese rubro. Entonces, en primera persona, conoce cómo el cambio climático ha afectado a los sistemas productivos de su país y cómo estos se han visto tensionados a seguir produciendo, a pesar de las difíciles condiciones, sin perder rentabilidad.

En este contexto de complejidad creciente, el equipo de investigadores del programa me comentó que la ciencia, tecnología e innovación han estado, desde siempre, al servicio de la agricultura para, cada vez más, alcanzar mejoras significativas en la producción. La palabra exacta que utilizaron fue: optimización. Gracias al desarrollo de todo este conocimiento es que el país pudo convertirse en referente mundial en varios rubros. Sin embargo, hoy, de cara a los efectos que el cambio climático está teniendo en su agricultura, empezó a instalarse fuerte la pregunta sobre el sentido de mantener la capacidad de producción a costa de tener que hacer cada vez más y más esfuerzos técnicos y financieros.

Entonces este grupo de investigadores, con una mirada más retrospectiva sobre la agricultura en su país y conociendo, en parte, el estado del agro en Chile, me dijeron algo que me sorprendió: “ustedes aún están a tiempo de decidir qué camino seguir, porque a diferencia de nosotros, aún no han llegado al final”.

En otras palabras, lo que me quería decir el equipo de investigadores tiene relación con el hecho de que, si como país queremos hacer intensiva nuestra agricultura, lo podemos hacer, pero pensando en qué va a pasar con ella en veinte años más.

Escucharlos decir esto me hizo constatar la urgencia de imaginar futuro y hacernos la pregunta de cuál es la agricultura que queremos para nuestro país.

ALFABETIZADOS EN FUTURO

Cuando fue mi turno de hablar les conté lo que estábamos haciendo en Chile y, en particular, en FIA. Les hablé del profundo proceso de transformación de nuestra Fundación, de la necesidad de avanzar a paso firme en la construcción de un ideario común de agricultura chilena y, más específicamente, de la urgencia de co-diseñar y cofinanciar la ejecución de aquellas acciones que efectivamente nos permitan alcanzar un objetivo mayor y común.

Lograr esto, por cierto, supone llevar a cabo una serie de acciones. La primera de ellas tiene que ver con poder imaginar, de manera colectiva, el futuro de nuestra agricultura. Para esto es clave alfabetizarnos en futuro.

Te podría interesar
Comisión Antidistorsiones rechaza aplicación de salvaguardias a leche y queso

Como plantea la UNESCO, usamos el futuro todos los días. Predecimos, tememos y esperamos. La anticipación es una fuerza poderosa que da forma a lo que vemos y hacemos, pero no pensamos muy a menudo en por qué o cómo usamos el futuro. La alfabetización en futuro es una capacidad que ofrece información sobre las razones y los métodos que los humanos despliegan cuando anticipan.

Ser “alfabetizados en futuro” les permite a las personas, juntas, apreciar el mundo más plenamente, usar el futuro para innovar en el presente. Cuando sólo usamos el pasado para darle sentido al futuro o sólo pensamos en el futuro como un tiempo/lugar para colonizar siendo inteligentes al imponer las ideas de hoy en el mañana, es más difícil percibir y dar sentido a las novedades. Expandir por qué y cómo usamos el futuro nos brinda más opciones al expandir lo que podemos ver y lo que podríamos hacer.

FIA, reconociendo el valor que para nuestra agricultura tiene imaginar futuro, desarrolló el año 2019, junto a CNID (Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo), una metodología de alfabetización en futuro basada en lo propuesto por UNESCO.

Si bien esta metodología es un aporte, porque nos obliga a salir de la coyuntura, de actuar sólo en lo inmediato, presenta desafíos operativos que son necesarios de abordar, ya que son claves para avanzar y concretar, en el presente, el futuro que imaginamos.

En el caso de los Países Bajos, ellos ya están trabajando para alcanzar la meta de convertir su agricultura en 100% circular. Para esto, reconocieron que avanzar hacia lo circular (su futuro imaginado), implica una transición sobre la que hoy se debe trabajar.

En el caso de Chile, tenemos buenas noticias. Con la creación del nuevo MinCiencia, no sólo podremos avanzar en un entendimiento común respecto de que la ciencia, tecnología, conocimiento e innovación son agentes transformadores claves para alcanzar un desarrollo integral y sostenible, sino también en que éstas contribuyen a trazar un camino propio para mejorar la calidad de vida de las personas y desarrollar los territorios.

Para trazar este camino, la Política Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, reconoce el valor de imaginar futuro como el segundo de sus cuatro ejes. Entonces, ahora todo está en nuestras manos. Lo está, porque tal como lo plantean los investigadores del programa “Hacia una sociedad circular y climáticamente positiva”, de la Universidad de Wageningen, aún estamos a tiempo de decidir qué camino seguir. Camino que, por cierto, deberíamos trazar sólo una vez que imaginemos la agricultura del futuro que queremos para nuestro país.

Ver comentarios (0)

Escribe un comentario

Tu dirección de email no será publicada.